Tomo-da-chi: Episodio 5: ¡Especial San Valentín!

R-0
(Zero, zero, zero, password is zero)


Episodio Cinco: ¡Especial San Valentín! 

Eran las nueve y media del día doce de Febrero cuando las chicas de Berryz Koubou entraron en el Tomo-da-chi conversando sobre planes y alguna que otra tontería. Saludaron a Ai y pidieron los cafés de siempre, para después sentarse en el sofá y en sus sitios habituales.



- ¿Os habéis dado cuenta de que siempre hacemos lo mismo? – preguntó Miyabi.
- Sí, pero ¿qué más dará? – rió Maasa-. ¿Qué quieres, que entremos bailando?
- Eso no estaría mal – sonrió Miyabi. Todas se echaron a reír, menos Momoko, que parecía bastante seria.
- Pues yo, la siguiente vez que entremos, voy a entrar bailando – dijo-. Y luego, pediré el café a Maimi, no a Ai como hacemos siempre, y me sentaré boca-abajo.
Todas se rieron.
-Me parece que me va a encantar ver eso – rió Chinami.
- ¡Buenos días, chicas! – saludó Eri, risueña.
- ¡Hola, Eri! – saludaron todas.
- ¿Qué? ¿Listas para el especial San Valentin del Tomo-da-chi de cada año? – preguntó.
- Más o menos – contestó Miyabi, soltando una pequeña carcajada.

Cada año, las chicas celebraban San Valentín en el Tomo-da-chi con Ai, Eri y Maimi. Este año Eri se encargaba de organizarlo. Cada chica preparaba chocolate para alguien del grupo y se lo daba a la encargada para que se lo entregue a la chica correspondiente.

- Yo ya tengo preparados mis chocolates – informó Saki. Cada año, Saki, como buena captain del grupo, preparaba chocolates para todas, por eso el White Day, el día en el que se le daba chocolate a quien te había dado chocolate el 14 de Febrero, era prácticamente el día  de Saki, pues todas preparaban chocolates para ella y se los daban.
- ¡Tengo unas ganas de recibir chocolates…! – exclamó Risako, mirando de reojo a Miyabi, aunque ésta parecía no enterarse.
- Es el primer año que Maimi celebra San Valentín ¿verdad? – comentó Maasa justo cuando Maimi se acercaba a ellas con los cafés.
- No pienso celebrarlo – dijo, dejando la bandeja de los cafés sobre la mesa.
- ¿Qué? ¿Por qué no? – preguntó Maasa.
- Es que, no soy muy buena haciendo chocolates y además, no hay nadie a quien quiera mandar chocolates – se excusó Maimi.
- ¿Y qué más da? – preguntó Momoko-. Regálaselos a cualquiera. La cosa es que no te quedes fuera del círculo, Maimi, que es el primer año que pasas San Valentín con nosotras y todas queremos celebrar San Valentín contigo.
- Vale, ya prepararé algo – suspiró Maimi.
- Ey ¿le pasa algo a Ai? – preguntó Yurina, volviendo la vista a la jefa del establecimiento, que estaba apoyada contra la pared y mirando por la ventana.
- Cada año hace lo mismo – suspiró Eri-. Lleva dos años enamorada de la chica que trabaja en la bombonería de enfrente. Lleva unos días pensando en si debía declararse o no, pero no ha llegado a ninguna conclusión.
- Vaya – soltó Miyabi, llevando una mano a su barbilla-. Tal vez lo que necesite es un pequeño empujoncito.
- ¿A las vías del tren? – preguntó Momoko, que no había escuchado mucho la conversación y había cogido sólo la última frase.
- ¡No! – exclamó Miyabi, sacudiendo sus manos-. Me refiero a que debemos animarla a que se confiese, que deberíamos jugar a ser cupido.
- Pues creo que la única a la que le quedaría bien un pañal y un arco es a Risako – rió Yurina.
- ¿Qué quieres decir con eso, ha? – preguntó Risako, alzando la ceja y soltando una carcajada.
- ¡Dejad de quedaros con lo anecdótico! – ordenó Miyabi-. Tenemos que ayudar a Ai a conseguir el corazón de la bombonera.
- ¿Y cómo, si se puede saber? – preguntó Maasa.
- ¡Ya se nos ocurrirá algo! – contestó Miyabi.
- El corazón de una bombonera debe ser de chocolate con chocolate fundido por dentro… yo también lo querría – dijo Eri, en un tono soñador. Todas se echaron a reír ante el comentario.
- Bueno ¿qué planes hay para hoy? – preguntó Momoko, que tomaba apresuradamente lo que quedaba en su taza.
- Maasa y yo tenemos que preparar los chocolates – contestó Chinami.
- Y yo tengo que ir con ellas para controlar que no quemen la cocina – sonrió Saki.
- Nosotras vamos al supermercado – dijo Risako, señalando a Miyabi-. A cierta personita se le olvidó hacer la compra ayer.
- ¡No es mi culpa! – se quejó Miyabi-. Bueno, sí lo es pero ¡no me acordaba!
- ¿Y tú, Yurina? – preguntó Momoko.
- No tengo planes por ahora – sonrió ella-. ¿Qué vas a hacer tú?
- Bueno, tenía pensado hacer los chocolates mientras escribía, pero ahora que lo pienso podrías ayudarme tú – contestó Momoko.
- Podría ser divertido – asintió Yurina.
- ¿Qué vas a hacer tú, Eri? – preguntó Maasa, que había olvidado por completo que la camarera seguía allí.
- ¿Yo? ¡Prepararme para organizar la mejor fiesta de San Valentin de la historia! – sonrió Eri, alzando su puño-. Bueno, en realidad tenía pensado ver películas americanas para coger algunas ideas.
- ¡Suerte con eso! – sonrió Chinami.
- La necesitaré – rió Eri, volviendo a la barra, dado que Maimi le estaba dedicando una mirada asesina mientras llevaba los cafés a una mesa.
- En fin, ¡me voy a comprar los ingredientes! – exclamó Momoko, levantándose del sofá y dirigiéndose a la puerta.
- ¡Recuerda lo que tienes que hacer la siguiente vez que entres aquí, Momo! – le recordó Miyabi antes de reír.
- ¡Tranquila, no lo olvidaré! – sonrió Momoko, saliendo de la cafetería.

- - -
- ¡Esto quema! – exclamó Chinami, tratando de sacar la bandeja de chocolates del horno.
- Déjamelo a mí. El hombre de la casa siempre tiene que hacer estas cosas ¿no? – rió Maasa, cogiendo un trapo para sacar la bandeja del horno-. Oh, vaya. Chinami, tus chocolates han explotado y han caído sobre los míos.
- ¿Qué dices? Son los tuyos los que han explotado.
- Imposible. Los míos eran negros, y ahora están espolvoreados por tus chocolates rosas.
- Chinami, te dije que estabas cocinándolos mal – sonrió Saki, que estaba leyendo una revista en la mesa de la cocina.
- ¡Qué mal! Ahora tendré que empezar otra vez – se quejó Chinami.
- Haz un favor a nuestro horno y compra unos en lugar de cocinarlos – le pidió Maasa, quitando los trozos rosas de sus chocolates.
- Estoy con Maasa. A partir de ahora, tienes prohibida la entrada a la cocina si tienes malas intenciones – dijo Saki, cerrando la revista y yendo a donde Maasa para ayudarla con sus chocolates.
- De acuerdo, los compraré. Pero sigue pareciéndome muy impersonal – se sentó en una silla de la cocina y echó un vistazo a la revista que estaba leyendo Saki-. ¿Y bien? ¿A quién vais a dar los chocolates?
- Chinami, ya sabes que eso se mantiene en secreto – le dijo Maasa.
- ¡Vamos! El año pasado me lo dijisteis ¿por qué este año no?
- No te lo dijimos porque quisiéramos. Te lanzaste a nuestras piernas lloriqueando y no paraste hasta que te lo dijimos – dijo Saki, rememorando aquel extraño momento.
- Bueno, este año no pienso hacer eso. ¿Por qué no me lo contáis y nos ahorramos el numerito? – sonrió Chinami.
- Cuéntanos a quién le darás chocolates tú y tal vez te lo contemos – dijo Maasa.
- ¿Y a vosotras qué os importa a quién vaya a darle mis chocolates? ¡Sois unas cotillas! – se quejó Chinami, hinchando las mejillas.
- Mira quién fue a hablar – rió Maasa.
- Vamos, Chinami, si nos lo cuentas, nosotras te diremos a quién le daremos nosotras – sonrió Saki, poniendo una mano sobre el hombro de su amiga.
- ¿Seguro? ¿No me lo decís por fastidiar? – preguntó Chinami-. No saldréis corriendo una vez os lo haya contado para evitar decírmelo ¿verdad?
- No, en absoluto.
- Yo pensaba hacer eso – rió Maasa. Las dos se volvieron a mirarla y ella avergonzada siguió quitando trozos de chocolates rosas de sus chocolates.
- ¿Y bien? ¿Quién es la afortunada? – preguntó Saki, levantando una ceja.
- Está bien…- murmuró Chinami-. Es Miyabi. ¿Contentas?
- ¿Miyabi? ¿Nuestra Miyabi? ¿O el cantante Miyavi? – preguntó Maasa.
- Natsuyaki Miyabi – contestó ella-. No sé si os lo he contado alguna vez, pero Miyabi y yo íbamos al mismo instituto. Yo iba a un curso más que ella, y Miyabi era una chica muy popular en el instituto. Todas las chicas de mi entorno, incluso de mi curso, estaban locas por ella. Todos los años por San Valentin Miyabi recibía toneladas de chocolates, y tengo que admitir que… yo también quería darle chocolates. Así que este año voy a satisfacer a la estudiante de instituto que llevo dentro y voy a darle esos chocolates que siempre he qurido darle.
- Vaya, Chinami, ésa es una historia muy bonita – sonrió Saki.
- Es demasiado profundo para venir de ti – dijo Maasa, levantando una ceja.
- ¿Sabe Miyabi que ibais al mismo instituto? Nunca lo habíais comentado.
- Creo que no lo sabe, pero se lo haré saber en San Valentin – sonrió Chinami-. Bueno ¿y vosotras qué?
- Yo he recordado que tenía algo que hacer muy lejos de aquí – dijo Maasa, tratando de salir de la cocina, pero Chinami le bloqueó el paso.
- Ni hablar. Tú no sales de aquí sin decirme a quién le vas a dar tus chocolates – dijo Chinami, tomando a Maasa por ambas muñecas.
- ¡Pero es que no quiero!
- Maasa, se lo hemos prometido. Ella nos lo ha contado, ahora nos toca a nosotras – dijo Saki.
- ¡Pues cuéntaselo tú!
- Maasa, no digas tonterías. Yo os regalo chocolates a todas todos los años, así que no tengo nada que ocultar – rió Saki.
- ¡Maldita seas! No había pensado en eso – murmuró Maasa.
- ¿Crees que no me he dado cuenta de una cosa, Saki? – sonrió Chinami diabólicamente-. Cada año, metes un chocolate con forma de corazón en una de las bolsas. Sólo un chocolate, y sólo en una de las bolsas. Así esa persona sabe que te gusta.
- ¡Cállate! – dijo Saki, sonrojándose a más no poder-. ¿Cómo sabes eso? ¡No se lo dije nunca a nadie!
- Son cosas de las que una se da cuenta observando – rió Chinami-. Así que dime, ¿para quién es el chocolate especial este año?
- … Lo he olvidado – dijo Saki, girando su cabeza y sonrojándose aún más.
- Me niego a creerme eso – sonrió Chinami, y se volvió a Maasa-. Bueno, pues te toca a ti entonces.
- ¿Eh? ¡Déjame en paz! – exclamó Maasa-. ¿Quieres que llame a S/mileage y que te tire tartas? ¡Nos hemos hecho buenas amigas y ahora tengo su número de teléfono!
- No tengo miedo a las tartas – rió Chinami diabólicamente-. Dímelo.
- ¡No quiero! – se quejó, hinchando sus mejillas-. Os vais a reír de mí y me vais a decir que no tengo ni una sola posibilidad.
- Vamos, Maasa, nosotras nunca haríamos algo así – dijo Saki, poniendo su mano sobre el hombro de su amiga.
- ¿Seguro? – ambas chicas asintieron en respuesta-. Vale, en ese caso… Maimi. Voy a darle mis chocolates a Maimi.
- … - Las dos chicas trataron de contenerse la risa.
- ¿Maimi… Yajima? ¿La de la cafetería?
- Sí, la misma.
- … - Chinami estaba encontrando muy difícil contenerse mucho más tiempo, así que estalló a carcajadas. Segundos después Saki hizo lo mismo.
- ¿Veis? Lo sabía. Me largo de aquí – dijo, soltándose de las manos de Chinami y yendo a su cuarto.
- ¡Maasa, no te enfades! – exclamó Chinami, siguiendo a su amiga hacia la habitación, todavía sin parar de reír.
- Dejadme en paz – dijo, cerrando la puerta en las narices de su compañera de piso.
- ¡Maa-chan! – exclamó Saki, secándose las lágrimas que habían salido al reírse-. ¡Lo siento, pero es que nos has tomado por sorpresa!
- ¡Iros a besaros los pies!

- - -

- Vale, ¿has cogido la leche? – preguntó Risako, repasando la lista de la compra una vez más.
- Por última vez, sí, la he cogido – suspiró Miyabi, ya cansada de dar vueltas con el carro de la compra-. ¿Podemos irnos ya?
- ¡Siempre nos olvidamos de algo, Miya! Y después, cuando estamos en casa, nos acordamos y nos da pereza ir de nuevo al supermercado. ¿Y qué es lo que hacemos entonces? – preguntó Risako, alzando una ceja. Miyabi resopló antes de responder.
- Llamamos a Saki lloriqueando para que nos lo traiga – contestó-. Vale, repasémosla una vez más.
- ¿Tomates?
- Están aquí, pero asegurémonos de que Yurina no los vea – rió Miyabi, recordando la vez que Yurina lloró al ver unos tomates.
- De acuerdo. ¿Detergente?
- Deter… ¡detergente! Eso es lo que nos falta. Vamos.
- ¿Ves? ¡Te dije que nos faltaba algo! – sonrió Risako, arrastrando el carro hacia la sección de detergentes. Estuvieron un rato comparando marcas, hasta que escogieron el que, según Risako, mejor olía.
- Ey, esa chica de allí… ¿no es la bombonera? – preguntó Risako, alzando una ceja-. No me hagas mucho caso, yo no la he visto de cerca.
- ¡Sí, es ella! – exclamó Miyabi-. ¿Qué podríamos hacer?
- ¿Pretendes que hagamos algo? – preguntó, sorprendida.
- Tenemos que hacer algo. Ai siempre está haciendo cosas por nosotras y nosotras no hacemos nada por ella – dijo. Risako se encogió de hombros y luego asintió.
- Cuando tienes razón, tienes razón. ¿Vamos a hablar con ella?
- Vale, pero deja que hable yo – contestó Miyabi.
- No, si ve tu barbilla se echará a reír. Hablo yo – dijo Risako. Miyabi estaba demasiado mosqueada como para contraatacar a ese argumento, así que dejó que Risako fuera quien hablara con la bombonera. Se acercaron a ella y Risako, con una amplia sonrisa, le dijo: - ¡Hola! Sé que no me conoces, pero nosotras a ti sí. Bueno, no personalmente, pero sí sabemos algo de ti… Bueno, tampoco sabemos mucho de ti, salvo que eres bombonera. Aunque no sabemos si eres tú la que hace los bombones o simplemente la que los vende. Bueno, sea como sea, trabajas en una bombonería, y eso te hace bombonera ¿no? Que es un trabajo como otro cualquiera, y te pasas el día rodeada de chocolate, lo cual es genial, y…
- Rii-chan, ya pasó, ya pasó – le dijo Miyabi, dándole palmadas en la espalda.
- ¿Qué le pasa? – le preguntó la bombonera a Miyabi.
- Perdónala, está un tanto nerviosa. Soy Miyabi, y ella es Risako. Frecuentamos el bar irlandés que hay frente a tu bombonería, el Tomo-da-chi.
- Oh, ya veo – sonrió la bombonera-. Por eso me conocéis ¿verdad?
- Bueno, sí, sólo de vista, pero no sabemos tu nombre – contestó Risako.
- Me llamo Niigaki Risa, y sí, soy la que hace los bombones, además de la que los vende – sonrió.
- Entonces debes de ser pura dulzura – rió Risako. Risa frunció el ceño, sin entender bien lo que había dicho. Miyabi sacudió la cabeza.
- ¿Tienes algún plan para San Valentín? – preguntó Miyabi. Risa se llevó un dedo a los labios, pensativa.
- Normalmente, el día de San Valentín es el día que más clientela tengo, así que no creo que tenga hueco para hacer planes – dijo Risa, encogiéndose de hombros-. ¿Por qué lo preguntáis?
- ¿Conoces a Ai Takahashi? – preguntó Risako. Miyabi la miró mal, por hacerle tal pregunta.
- ¿Takahashi? Me suena. ¿Es la idol de AKB48? – preguntó.
- No. Ésa es Minami Takahashi – la corrigió Miyabi.
- Entonces ¿el director de cine?
- No. Ése es Takeshi Kitano, nada que ver – suspiró Miyabi.
- Entonces ¿es la señora viejecita que tiene una serpiente y vive entre cartones al lado del To-mo-da-chi?
- No. Ésa no es Ai Takahashi – contestó Miyabi, ya cansándose de eso-. Ai Takahashi es la dueña del To-mo-da-chi.
- Oh… ¿ésa chica tan mona, de pelo largo? – el rostro de Risa se iluminó de pronto.
- Exactamente.
- ¿La que lleva dos días mirándome por el ventanal?
- E-e-exactamente – dijo Miyabi, ya no tan segura.
- ¿Te gustaría conocerla? – le propuso Risako.
- ¿Habláis en serio? – preguntó Risa, con una amplia sonrisa en su rostro-. ¿La conocéis personalmente?
- ¡Claro! Ella nos ha sacado de millones de apuros. La conocemos desde hace unos años – sonrió Risako-. ¿Estás interesada?
- Bueno… la verdad, llevo mucho tiempo queriendo conocerla pero, no me he atrevido.
- ¡Pues tenemos la oportunidad perfecta! – exclamó Risako, mostrando gran emoción-. En San Valentín, cada año, en el Tomo-da-chi preparamos una pequeña fiesta privada. Estaremos nosotras dos, unas cinco amigas nuestras, y las tres camareras del Tomo-da-chi. ¿Te apetecería unirte?
- ¿A qué hora sería eso? – preguntó Risa.
- No sé, Eri todavía no nos ha dicho nada – contestó Miyabi.
- Bueno… creo que igualmente no podré ir – suspiró Risa-. Tengo que trabajar duro hasta muy tarde. Me será imposible.
- Pero ¡tienes que conocer a Ai! ¡Estáis destinadas a vivir felices el resto de vuestras vidas! – exclamó Risako, frustrada.
- Esto… - murmuró Risa, sorprendida por la reacción de Risako.
- Discúlpela. Ha estado oliendo demasiado detergente – se disculpó Miyabi, mirando de reojo a Risako.
- Lo siento mucho, pero no podré ir – volvió a suspirar Risa-. Espero que lo paséis bien.
- Gracias – murmuró Risako, desilusionada.
- Que tenga un buen día – le deseó Miyabi, caminando hacia otro sitio. Risako tomó el carro y lo arrastró, siguiendo a su compañera de piso.
- Una lástima… - suspiró Risako, cabizbaja.

Risa las observó mientras se alejaban con una sonrisa divertida.

- - -

- ¿Estás segura de que los chocolates saldrán bien? - preguntó por enésima vez Yurina, no muy segura de que la fórmula secreta de los chocolates de Momoko fuera a funcionar.
- ¡Claro que funcionará! ¿No ves que soy una experta en chocolates y patatas fritas? Si me lo planteara, podría vivir en Bélgica – presumió. Yurina se encogió de hombros, sin entender del todo ese argumento.
- Si tú lo dices, cierto será – dijo Yurina, mirando con preocupación cómo Momoko introducía la bandeja con los chocolates en el horno.
- ¡Claro que sí! ¡Confía en mí! - exclamó, cerrando la puerta del horno con una orgullosa sonrisa-. ¿Echamos un vistazo a Buono-man? Seguro que está haciendo de las suyas en su jaula.
- El día que explique a mis hijos que su tía Momochi es una escritora sobre teorías de patatas fritas que tiene un mapache como mascota no creo que me tomen en serio – murmuró mientras Momoko tiraba de su brazo hacia el salón, donde se encontraba la jaula del animal. Ésta volvió su cabeza, preguntándose qué había dicho pues no la había escuchado bien, pero Yurina respondió encogiéndose de hombros.
- A todo esto, Kumai-chan – comenzó Momoko, mandándole cariñitos a su mapache para después volverse a su amiga-, ¿a quién le regalarás los chocolates?
- Luego permíteme que te explique el significado de “regalos secretos”, Momoko – rió Yurina, haciendo caso omiso a su petición.
- ¡Vamos, soy yo! ¿No me lo vas a contar?
- Hmmm, veamos... No.
- ¡Kumai-chaaaan! - se quejó Momoko, mirando a los ojos a su amiga mientras hacía un puchero.
- ¡Momochiiii! - la imitó.
- ¡Buono-man, dile algo! - se quejó de nuevo, mirando a su mascota, que mordía el trozo de madera que Yurina le había traído para que jugara.
- No uses a tu mapache contra mí – le advirtió Yurina, retrocediendo un paso. Sabía que Momoko no lo haría, pero igualmente sintió la necesidad de hacerlo. Momoko rió y sacudió la cabeza.
- Al menos dame una pista, para que sepa quién podría ser – le pidió, poniendo los ojos de gatito abandonado. Yurina suspiró, siendo consciente de que Momoko era un horror para guardar secretos, pero sabía que no iba a ser capaz de aguantar la mirada durante mucho más tiempo.
- Bueno, ¡pero sólo una! - se rindió. Momoko bailó con felicidad durante unos segundos, para después volcar toda su atención en Yurina-. Vale, la chica a la que mandaré chocolates... es una chica.
- ¡Kumai-chaaaaaaan! - volvió a quejarse Momoko.
- Vale, vale, vale – rió ante la reacción de su amiga, comenzando de nuevo-. La chica a la que mandaré chocolates es una chica que me hizo un favor tremendo recientemente. Y ya no digo más.
- Favor tremendo... - repitió Momoko, llevando su mano a su barbilla para tomar una pose de reflexión-. Ahora mismo no sabría decirte, pero ¡lo investigaré!
- ¿No huele a quemado?
- ¡AH! ¡MIS MOMOCHOCOLATES!

- - -

Unas dos horas después las chicas volvían a estar reunidas en el To-mo-da-chi, un ritual de los jueves antes de ir a cenar fuera. Sin embargo, era notable la falta de dos de las chicas.
- ¿Y Maasa? - preguntó Maimi, acercándose a servirles sus cafés. Chinami miró hacia otro lado y trató de aguantar la risa, mientras que Saki se volvió a Maimi para sonreírle.
- Creo que tardará en llegar, se encontraba un poco mal - respondió, y Maimi asintió en respuesta antes de volverse a sus otras mesas.
- ¿Y Momoko? - preguntó Risako, dándose cuenta de la ausencia de su coletuda amiga.
- Se estará preparando para lo que tiene que hacer para entrar... - rió Miyabi, imaginándose la escena. Yurina alzó ligeramente la mano.
- Momo quemó sus chocolates, así que está preparando una nueva hornada. Me dijo que me adelantara, que tal vez estaría lista para la hora de cenar - explicó. Todas asintieron en respuesta.
- Le mandaremos un mensaje luego para decirle a dónde vamos - dijo Saki, quien estaba sintiéndose culpable por lo mal que se habían comportado con Maasa. Tomó su teléfono por si había algún mensaje de ella, pero no lo había. Se levantó, provocando que todas se volvieran a mirarla-. Voy a llamar a Maasa para ver cómo va, ¿vale? Ahora vuelvo.
- ¡Mándala saludos de mi parte! - exclamó Maimi, volviéndose a Saki, pues había escuchado de pasada lo que había dicho. Chinami se volvió a mirar a Maimi y después miró como Saki se alejaba llevando su teléfono a su oreja. Chinami podía sentirlo: algo estaba pasando.
- ¡Hola chicas! - saludó Eri animadamente-. ¡Tengo noticias, noticias frescas!
- ¡Cuéntanos! - dijo Yurina con emoción.
- Ya sé cuándo haremos la fiesta, ¡será el 14 de Febrero a las 21:00! Habrá comida, diferentes tipos de bubbleteas... y dado que me he confundido de película y he visto una de Navidad, pondremos los regalos debajo del árbol de la esquina y cada uno recogerá el que sea para ella.
- Me parece una buena idea - la alentó Risako, aunque sabía que en comparación a la fiesta que había preparado Aichan el año pasado la de Eri sonaba un tanto más sosa.
- ¡Yay! Entonces nos vemos pasado mañana a las nueve. ¡No me falléis!

- - -

- Maasa... - dijo entrando en casa, pues hacía rato que no le había cogido el teléfono y había decidido volver a casa, no sin antes mandarle un mensaje a Chinami para que avisara al resto-. ¡Maasa!
- ¡Vete por ahí! - gritó de la misma cuando ésta la llamó.
- Maasa, lo siento por haberme reído antes. No ha sido justo, sólo que me ha sorprendido mucho que tú... que te gustara Maimi, vaya.
- ¿Por qué? ¿Porque es demasiado perfecta para mí? - preguntó, asomando su cabeza por la puerta por primera vez desde que se había encerrado.
- No, ¡nada de eso! Lo decía porque me ha sorprendido que, no sé, te gustara una chica como ella. Tampoco he sabido que chicas te han gustado antes, así que no sé... siempre pensé que te gustarían las chicas tímidas, como tu exnovia, cómo se llamaba...
- Mano-chan. Pero tranquila, ya sé que con Maimi no tengo ninguna oportunidad, paso de regalarle chocolates. De hecho, paso de ir a la fiesta de San Valentín.
- ¡No puedes rendirte, Maasa! - exclamó, avalanzándose sobre la puerta de Maasa antes de que esta volviera a cerrarla-. ¿Te acuerdas de lo que ha dicho Chinami sobre el chocolate en forma de corazón?
- . . . Algo recuerdo - dijo, tras una pausa.
- Ese chocolate... se lo he estado entregando a la misma persona, año tras año. He estado secretamente enamorada de la misma persona desde que nos conocemos. Sé lo que es el tener miedo, pero no sé qué es el rechazo porque ella nunca lo ha sabido. Por favor... Maasa, por todas las personas que, como yo, no se atreven a ir a por el amor de su vida, tienes que ir a por ello. El no ya lo tienes, pero tal vez puedas conseguir un sí.
- Saki-chan... - murmuró, sorprendida por las palabras de su amiga.
- Por favor, Maasa... - le pidió, mirándola profundamente a los ojos. Ésta se detuvo unos segundos a pensarlo antes de suspirar y asentir.
- Está bien. Lo haré - dijo, dedicándole una sonrisa a su amiga-. Pero si me rechaza, te quiero conmigo para darme ánimos.
- Eso dalo por hecho, Maasa - contestó, abriendo los brazos para recibir un abrazo de su amiga-. Ahora, ¿vamos al Tomo-da-chi? Maimi había preguntado por ti.
- ¿Me tomas el pelo?
- No, de verdad lo ha hecho.
- Entonces vayamos ¿no? - sonrió Maasa, tomando la mano de Saki para irse.

- - -

- ¡Bienvenido! ¿En qué puedo atenderle? - preguntó educadamente Risa mientras sonreía. Pese a su sonrisa, se notaba mucho cansancio en su gesto. Abrió los ojos para mirar a sus nuevas clientas y vio a las chicas que vio ayer-. Anda, sois vosotras.
- ¿Podemos hablar un momento? - pidió Miyabi.
- Claro, esperad un poco - dijo, volviéndose a lo que parecía la despensa. Al de un momento apareció por ella Mitsui-san, la ex-novia de Yurina. Risako ni siquiera le dirigió una mirada. Risa salió por la otra puerta de la despensa y se puso al lado de las chicas-. ¿En qué puedo ayudaros?
- Tienes que venir a la fiesta de San Valentín - dijo Risako, mirándola con decisión.
- Chicas, ya os he dicho que...
- ¡Por favor, deje que nos expliquemos! - le pidió Miyabi, juntando sus manos a modo de plegaria. Ésta guardó silencio-. Tenemos un plan. Mire, aquí traemos los chocolates que hemos preparado para San Valentín. Queremos que los pruebes y... que nos dejes trabajar a nosotras aquí durante el día de San Valentín.
- ¿Qué? - preguntaron tanto Risa como Mitsui.
- ¡Tienes que conocer a Aichan! Por favor, ella lo está deseando, y sé que tú también - insistió Risako, tomándola del brazo-. Deja que te ayudemos en San Valentín.
- No sé, chicas, es mi negocio y... - dudaba Risa, mirando de un lado a otro.
- ¿Hace cuánto que no disfrutas de San Valentín? ¡Seguro que ya ni lo recuerdas de todo el tiempo que ha pasado! - dijo Risako, frunciendo el ceño-. Por favor, tienes que hacerme caso.
- Al menos, prueba nuestros chocolates. Somos verdaderamente buenas para ser unas amateurs - dijo Miyabi, ofreciéndole su bolsa de chocolates. Risa dudó unos segundos antes de meter su mano en la bolsa y tomar uno, que llevó a sus labios. Lo olió y después le dio un pequeño mordisco. Alzó la mirada hacia las chicas.
- Está muy bueno.
- Entonces, ¿qué le parece? ¿Hay trato?
Risa se quedó mirando a las chicas unos instantes con una sonrisa dubitativa en sus labios.

- - -

Por fin era el día. El 14 de Febrero por la mañana, Eri recogió los chocolates de todas las chicas en sus casas, con las indicaciones pertinentes de a quién iba dirigido. Ella los guardó en la nevera y deseó con todas sus fuerzas que la fiesta fuera bien. Poco después de eso las chicas pasaron como cada mañana a por sus cafés. Tal y como prometió, Momoko hizo una entrada triunfal bailando, le pidió el café a Maimi y se sentó boca abajo en el sofá. Las chicas no podían controlar la risa mientras veían la manera de actuar de su amiga.
- De verdad Momo, no cambies nunca - se rió Yurina.
- Bueno, sí, cambia de posición en cuanto la sangre se te suba a la cabeza - puntualizó Risako.
- ¡Yo soy inmune a eso! - aseguró Momoko, manteniendo su posición.
- Chicas, Risako y yo tenemos algo que deciros - dijo Miyabi-. Llegaremos algo tarde a la fiesta de San Valentín, ¡lo sentimos!
- ¿Y eso? - preguntó Saki, alzando sus cejas.
- Tenemos un trabajo pendiente. Pero es un secreto. Ya os enteraréis esta noche - explicó Risako, juntando sus manos a modo de disculpa.
- Bueno, mientras lleguéis, aunque sea tarde, podréis recibir vuestros chocolates - dijo felizmente Chinami, pensando en lo bien que se sentirá cuando Miyabi reciba sus chocolates.
- Alguien que le hizo un tremendo favor... - murmuró para sí misma Momoko, comenzando a pensar de nuevo en la misteriosa persona a la que Yurina le mandaría chocolates.

Mientras tanto, en la cocina, Aichan pasaba hacia la cámara frigorífica. Llevaba unos días sin poder dormir debido a sus sentimientos escondidos hacia la bombonera, pero aún así, y pese a que Eri le dijera repetidas veces que no lo hiciera, se había presentado aquel día para trabajar una vez más en su cafetería. Sin embargo, al entrar en la cámara frigorífica, en aquel gélido lugar, notó que su sueño aumentaba. Tal vez podía tener una ascendencia esquimal, pues sentía una infinita tranquilidad cuando se encontraba en un clima frío. De camino a coger las bolsas de hielo sintió que se tambaleaba y cayó hacia un lado, justo donde estaban los chocolates. Al apoyarse en ellos, algunos se rompieron, otros se emborronaron sus nombres de destinatarios y otros sufrieron ambas pérdidas. Aichan, sin darse cuenta de lo que había hecho, cogió las bolsas de hielo y volvió al interior de la cafetería.

- - -

- ¡Natsuyaki Miyabi y Sugaya Risako presentes y listas para la misión! - exclamó Miyabi nada más entrar en la bombonería. Risa les dedicó una emocionada carcajada.
- Muchas gracias por animaros a esto, chicas. He cerrado diez minutos para que os acomodéis rápidamente. Hoy hemos tenido muchos pedidos, pero sólo quedan por entregar, que están en la despensa. Le he dado el día libre a Aika, así que sólo tendréis que encargaros de los que vengan a recoger sus pedidos, y preocuparos por los nuevos que vengan.
- Tranquila, tranquila, ya nos lo has explicado unas cuantas veces - rió Miyabi, trantando de calmarla.
- Tú ve a prepararte, ¡que hoy vas a conocer a Aichan! - sonrió Risako, dándole un leve codazo en el costado a Risa.
- Confío en vosotras... desconocidas - dijo, dándose cuenta una vez más de que lo que estaba haciendo era una locura.
- ¡Dejas el negocio en las mejores manos! - dijo Risako, alzando su brazo e intentando sacar músculo, pero no lográndolo pues hacía mucho que no se ejercitaba. Miyabi se rió ante eso.
- Bueno, voy a irme. Abrid dentro de cinco minutos - se despidió Risa, moviendo su mano a modo de despedida.
- ¡Que todo vaya bien! - se despidió Miyabi, para después ir a través de la despensa para colocarse tras el mostrador. Se puso el delantal que había allí y lanzó el suyo a Risako, que se encontraba mirando cómo Risa salía por la puerta trasera. Le pilló tan desprevenida el lanzamiento del delantal que al notarlo golpear su cara soltó un gritito y cayó hacia atrás. Risa se volvió ante el ruido y vio a Risako en el suelo con el delantal encima de su cuerpo.
- ¡Cu-c-cuídate! - se despidió Risako desde el suelo.

Definitivamente, Niigaki Risa tenía serias dudas sobre a quiénes estaba dejando su negocio.

Pero tenía que conocer a Takahashi Ai.

- - -

Mientras tanto, en el piso de Saki, Chinami y Maasa, las dos primeras se estaban ocupando de mantener motivada a esta última, pues cada vez tenía más dudas sobre confesarse a Maimi. La solución de Saki fue ver un montón de películas Disney que potenciaban el sentimiento de valor.
- ¿Ves? ¡Tienes que hacerlo como Mulan! ¡Tienes que ir con valor! - la alentó Chinami en cuanto esta película terminó.
- ¿Y unirme a una guerra? - rió Maasa.
- No creo que es lo que Chinami quería decir - dijo Saki, sacudiendo la cabeza en forma de negación-. Tienes que tener valor para ir a por lo que quieres.
- ¡Y proteger tu honor! - exclamó Chinami, sacando un abanico de quién sabe dónde para cubrir su rostro con elegancia. Saki y Maasa rieron con su forma de pestañear repetidamente.
- Vale, ahora veremos Brave y ya nos iremos a vestir y prepararnos para irnos.
- ¡Chinamiiiii! - gritó una recién llegada.
- ¿Qué pasa Momo? - preguntó Maasa, pues las otras dos se habían pegado tal susto que casi se caían del sofá.
- ¡Tienes que ayudarme con tus dotes de detective a adivinar a quién dara chocolates Yurina! - le pidió.
- ¿Podrías bajar el volumen? - pidió Saki mientras iba hacia el DVD para poner la nueva película.
- ¿Por qué iba a ayudarte? - preguntó Chinami, aún jugando con su abanico.
- Me muero de ganas de saberlo, ¡tengo que saberlo! - se quejó Momoko.
- Pero si en cuatro horas lo vas a saber - razonó Chinami, cerrando el abanico.
- ¡No puedo esperar tanto! ¡Ayúdame! - le pidió, poniéndose de rodillas.
- Momoko, por el honor de mi familia, no puedo ayudarte en tu tarea - dijo Chinami, abriendo de nuevo su abanico.
- ¿Soy yo o las películas de Disney le afectan mucho? - dijo Maasa a Saki con una sonrisa de medio lado.
- ¿A Chinami? ¿Que colecciona personajes de Toy Story? ¡No, exageras! - bromeó Saki.

Y viendo Brave mientras Momochi imploraba a Chinami que le ayudara, pasaron el rato hasta las siete. Faltaban sólo dos horas hasta la fiesta de San Valentín.

- - -

- ¡Esto de trabajar en una bombonería el día de San Valentín es más complicado de lo que pensaba! - se quejaba Risako mientras metía los moldes de silicona llenos de chocolate fundido al congelador.
- ¡Y tanto, qué de gente! - le respondió Miyabi, entregando unos chocolates a una de las últimas clientas que quedaban.
- Oye, ¿puedo cambiar mi pedido por unos chocolates con base de coco y frambuesa? - preguntó ésta al recibir los chocolates. Miyabi la miró con cansancio, pero asintió y cambió sus chocolates por los que había pedido y se los dio.
- ¡Sólo quedan cuatro clientes más, ánimo! - le dijo Risako, terminando con la otra receta que Risa les había dejado escrita por si acaso algunos de los chocolates se terminaban.
- Gracias por venir, ¡siguiente! - dijo Miyabi. Risako la miraba con preocupación mientras entregaba lo que los últimos cuatro clientes les iban pidiendo. Algunos también cambiaron de pedido sobre la marcha, pero finalmente, acabó y las dos se quedaron solas en el establecimiento durante unos momentos.
- Otsukare-sama - le dijo Risako, acercándose a Miyabi, que por el agotamiento, se sentó en el suelo.
- Esto es... agotador - se quejó Miyabi secando su sudor, pues estaba sudando a mares-. Recuérdame, ¿por qué estábamos haciendo esto?
- Por Aichan.
- Ah, ya... - susurró con mucho cansancio. Risako tomó uno de los chocolates que había hecho de prueba y se arrodilló frente a Miyabi.
- Ten, pruébalo - le ofreció. Era una galleta crujiente rellena de crema de limón y cubierta de chocolate negro. Sabía que era el favorito de Miyabi, y eso le subiría el ánimo.
- Gracias... - murmuró, tomando el chocolate y mordiéndolo, de manera que lo cortaba por la mitad. La crema de limón cayó por sus labios. Iba a limpiárselos cuando algo hizo su tarea por ella.

Los labios de Risako sobre los suyos.

- - -

- ¡Bienvenidas a la fiesta, chicas! - saludó Eri con mucha emoción. A su lado se encontraba Aichan, que soltó un bostezo y alzó su mano vagamente para saludar a las chicas. Por la puerta habían entrado todas las chicas a falta de Risako y Miyabi, y se encontraban informalmente pero elegantemente vestigas para la ocasión.
Maimi no pudo evitar clavar su mirada en Maasa, quien vestía una camisa blanca con una corbata y un chaleco negros a juego, que llevaban una serie de cadenas. Tampoco podía ignorar el hecho de que Maasa se había cortado el pelo, y que ahora llevaba un peinado masculino que le favorecía mucho.
- ¿Habéis encontrado fácilmente el sitio? - bromeó Eri, riéndose con su propio chiste. Saki rió y sacudió la cabeza.
- Sin ningún problema, Eri - contestó Saki.
- Bueno, empecemos que cuanto antes empecemos, antes acabaremos -  dijo Aichan en un murmuro. De camino a la barra de donde iba a sacar algunas bebidas más, escuchó que la puerta se abría.
- Disculpen... ¿Takahashi Ai, por favor? - preguntó la voz recién llegada. Aichan, que no veía de quién se trataba, salió de la barra hacia donde se encontraban las chicas con las bebidas en las manos. Eri tuvo que salvarlas de que cayeran al suelo, pues Aichan se quedó paralizada al ver quién se encontraba en la puerta.
- So... soy yo - contestó tímidamente, mirando a Eri de reojo al ver que ésta sonreía ampliamente.
- Soy... soy Niigaki Risa. Esto... es complicado de decir. Conocí a dos amigas tuyas, Miyabi y Risako, que se han encargado de mi bombonería hoy - dijo, señalando hacia atrás con su pulgar- para que pudiera venir a vuestra fiesta de San Valentín y bueno... conocerte.
- P-pues... hola - fue lo único que pudo decir antes de sonreír ampliamente y extender su mano para que Risa la estrechara-. Me llamo Takahashi Ai. Ay, no, espera, eso ya lo sabes... Encantada de conocerte.
- Yo también me alegro de conocerte... por fin - sonrió y estrechó su mano. Aichan se quedó un rato mirándola, sonrojándose cada vez más. Al darse cuenta de que estaban siendo el centro de la atención, Eri decidió intervenir.
- Bueno, ¿qué es esto? ¡Que empiece la fiesta!

- - -

Risako había tenido que apartarse rápidamente pues una nueva clienta había entrado y Miyabi tenía que seguir trabajando. Aunque ambas se encontraban algo confusas, siguieron hasta cumplir el horario laboral establecido con Risa, hasta las once y media de la noche. Al llegar esa hora y entregarle los últimos chocolates a una anciana, hicieron lo que Risa les había indicado sobre guardar los chocolates en la nevera y demás indicaciones de cierre.
Mientras realizaban las últimas tareas en silencio, Risako comenzaba a sentir ganas de pedirle perdón. Tal vez lo que había hecho había molestado a Miyabi, y tenía que disculparse. Se acercó a ella, que estaba guardando las últimas cosas en la despensa y con un gesto tímido se dispuso a disculparse.
- Oye, Miya... - comenzó.
- No - dijo tajantemente, dándole la espalda para colocar una de las cosas que tenía entre manos. Risako se quedó confusa y notó lágrimas al borde de salir.
- ... ¿Miya?
- No pienso dejar que te disculpes porque llevaba esperando esto demasiado tiempo.

El silencio se hizo entre ellas. Al terminar lo que estaba haciendo, Miyabi se dio media vuelta y abrió sus brazos. Risako no dudó ni un segundo antes de ir hacia ellos y abrazarla con fuerza.
- Es sólo que... estoy confundida. Pensé que yo nunca te iba a volver a gustar. Con esta barbilla tan larga...
- He aprendido a superar mis problemas con tu barbilla - rió suavemente antes de dejar un pequeño beso en su barbilla. Ésta se sonrojó y bajó la mirada.
- Risako... Mis chocolates de hoy iban a ser para ti - murmuró suavemente.
- Y los míos iban a ser para ti. Por eso te pedía tanto tu opinión al hacerlos - admitió.
- ... Por alguna razón pensaba que iban a ser para Yurina - sonrió de medio lado, todavía sorprendida por todos los acontecimientos.
- ¿Kumai-chan?
- Sí, no sé... Lo que hiciste por ella, con Aika... - comentó, sonrojada.
- Por ti haría mil cosas más.

La contundencia de sus palabras sorprendieron a Miyabi. Risako tendía a usar sarcasmos, a bromear, a decir cosas en serio cuando se trataban de tonterías en las que firmemente creía. Pero nunca decía nada con tanta seriedas como lo había hecho en ese momento.
Miyabi sólo tuvo una respuesta posible.

Besar sus labios.

- - -

- Oi, me lo estoy pasando genial pero... ¿cuándo llega el momento de abrir los chocolates? - preguntó Momoko tras haber bailado con Maasa y Yurina su canción preferida: Yurushite nyan taisou.
- Veo que alguien está deseando comer sus chocolates... - rió Eri, divertida-. ¿A qué hora terminaban Miyabi y Risako?
- A las once y media - respondió Risa, mirando su reloj-. Intuyo que a menos cuarto estarán aquí.
- ¡Perfecto! Abriremos los chocolates a las doce, ¡voy a ir sacándolos! - exclamó Eri emocionada, dejando que Risa prosiguiera su conversación con Ai. Llevaban un buen rato hablando en una mesa alejada de donde el resto estaban bailando. Maasa se acercó a Saki, temblando un poco.
- ¿Estás segura de que irá bien? - preguntó por duodécima vez.
- 100%. Sólo hay que ver cómo te ha mirado al llegar... - sonrió la mayor. Maasa se encogió los hombros.
- Tengo que pedirle a Chinami que me corte el pelo más amenudo - comentó, acariciando su propio cabello.
- No se lo digas mucho, tal vez se confíe y acabes con media cabeza rapada - bromeó Saki.

Unas canciones más tarde, llegaron Miyabi y Risako. Parecían muy cansadas, pero había algo que llamó la atención de los presentes.
- ¿Cómo así están dadas de la mano? - preguntó Yurina con curiosidad en un susurro a Saki, quien casualmente estaba a su lado.
- No... lo sé - murmuró ella como respuesta. Yurina observó a Saki unos segundos antes de volver su mirada a la situación y ver cómo Eri llegaba para saludarlas.
- ¡Ey, chicas!  ¡Bienvenidas a la fiesta! - las saludó-. Vaya, pero qué ven mis ojos... ¿No será que...?
Miyabi se sonrojó por lo que Risako fue la que asintió en respuesta. Aichan se levantó inmediatamente y fue hacia las dos y las abrazó con fuerza.
- ¡Enhorabuena, chicas! ¡Ya era hora! - las felicitó, soltando una carcajada. Las dos estaban algo sonrojadas, pero fueron agradeciendo a cada una de las que las iba felicitando. Las dos miraron a Saki, quien era la única que faltaba para felicitarlas, pero antes de que pudiera acercarse para hacerlo, Eri interrumpió.
- ¡Ya casi son las doce, y no puedo esperar más! ¡Abramos los chocolates! - exclamó, corriendo hacia el árbol de San Valentín. Saki se disculpó con una leve reverencia y les hizo un leve movimiento de cabeza para indicarles que las felicitaba. Miyabi alzó la mano, agradecida, aún sorprendida por los giros de la situación.
- Eri, no es por nada pero ¿por qué están algunos paquetes emborronados? - preguntó Maimi, que se había agachado a mirar si alguno era para ella.
- ¡¿Y por qué los que yo había com- digo, hecho, están rotos?! - se quejó.
- ¿Eh? ¿Cómo ha podido pasar? - dijo Eri, mirando confusa los paquetes-. ¡No...! ¡NO! ¡Nononononono! ¿Cómo?
- Oh... - se dio cuenta Aichan-. Creo que ha sido cosa mía. Cuando entré al congelador, me resbalé y coloqué mi brazo en donde fuera. No me dí cuenta de que sería sobre los chocolates...
- Mooou... ¿y ahora qué hacemos? - preguntó Eri.
- Yo tengo una idea - dijo Risa, alzando tímidamente su mano. Todas se volvieron a mirarla-. ¿Por qué no le entregáis personalmente a cada una los chocolates que habéis preparado?
- ¡Buena idea! - apuntó Eri-. ¡Niigaki Risa, cada vez me caes mejor!

Algunas carcajadas cayeron ante ese comentario y Saki fue la primera que se adelantó y entregó sus chocolates a las personas correspondientes. Todas ellas reaccionaron agradecidas. Después Chinami, valientemente, le entregó los suyos a Miyabi, explicándole que fueron al mismo instituto y que siempre había querido darle chocolates pero no lo hizo.
- ¡Debiste haber hablado conmigo en aquella época, mou!
- ¡Lo siento! - rió Chinami, recibiendo un golpe en su cabeza por parte de Miyabi. Risako, que estaba agarrada al brazo de su ahora novia, observó la escena con una sonrisa en su rostro.
Yurina se acercó al suyo y se dirigió con él a Momoko.
- Ten - dijo, dejando a Momoko atónita.
- ¿Yo? ¿Yo era la que te hizo ese tremendo favor? - preguntó Momoko, sin salir de su asombro.
- ¡Pues claro! Tú has sido quien más me ha animado desde que lo dejé con Aika. Siempre has hecho planes conmigo y no has dudado en decirme las cosas cara a cara. Por eso te estoy muy agradecida, y por eso, quería darte los chocolates en este día.
- ¡Kumai-chaaaaan! - exclamó Momoko antes de lanzarse a los brazos de la más alta. Se oyeron risas a su alrededor-. ¡El mío también era para ti!
Maasa aclaró su garganta, y aunque sus mejillas estuvieran sonrojadas, se acercó con decisión a Maimi, sosteniendo sus algo aplastados chocolates.
- No son como los que me habría gustado presentarte pero... estos son para ti - dijo, entregándoselos. Maimi los tomó con gusto-. Maimi... no sé desde cuándo, tal vez desde que fuimos a ver la película de los Pandas Asesinos, que por cierto no es ningún asco de película - dijo, volviéndose a Yurina y Momoko-. El caso es que... me gustas.
Se hizo el silencio en la sala, mientras Maimi miraba a Maasa con los labios entreabiertos. Se acercó a ella y la abrazó, para que solamente ella pudiera oir lo que le decía en un susurro al oído.
- Te lo agradezco mucho pero déjame pensármelo - le susurró, para después separarse, llevar su mano a la mejilla de Maasa y acariciarla suavemente.

El silencio incómodo pronto fue sustituído por la continuación de la celebración. Risako le dio sus chocolates a Miyabi, y Miyabi se los dio a Risako. Momoko les dio los suyos a Chinami, pues era el miembro perfecto para el club que iba a crear de detectives. Maimi le dio los suyos a Momoko, pues no había pensado mucho a quién dárselos, y mientras lo hacía, le mandó una mirada de disculpa a Maasa, que estaba junto a Saki en una esquina.
- Esto, Takahashi-san... - murmuró Risa tímidamente.
- Puedes llamarme Aichan.
- Aichan... - volvió a llamarla, sacando una bolsa tras de sí-. Te había preparado esto. Son de mi bombonería... Son una edición especial.
- Oh... - murmuró, abriendo la bolsa para descubrir la caja de chocolates más bonita que había visto jamás. Una caja negra, elegante, en la que ponía "Happy Valentine's Day". Al abrirla encontró algo que la sorprendió aún más: el logotipo de Tomo-da-chi hecho enteramente con chocolate-. Esto... esto es perfecto, Gaki-san...
- ¿Gaki-san? - repitió, divertida-. Me gusta ese sobrenombre.
- Me siento mal por no tener nada que entregarte, no pensé que vendrías por lo que no tengo chocolates... - hinchó sus mejillas, mirando hacia el suelo.
- Bueno, entonces... ¿qué te parece si tenemos una cita? - preguntó Risa, y Aichan alzó su mirada inmediatamente. Abrió su boca para contestar, atónita, y pronto apareció en sus labios una sonrisa de infinita felicidad.
- Nada me haría más feliz que eso.

La fiesta continuó para todas. Para todas, menos dos personas que se encontraban en la esquina, sentadas en el banco que se encontraba junto al gran ventanal del Tomo-da-chi.
- Me siento estúpida, Saki... - murmuró Maasa, apoyando su cabeza en el hombro de su amiga.
- Te dijo que lo pensaría ¿no? Eso es una buena señal.
- Es una señal de que me dirá que no, pero que no quería hacerlo delante de todo el mundo... - contestó, no muy emocionada.
- No digas eso... Al menos lo has intentado - la alentó, acariciando su cabeza.
En ese momento, Saki volvió su mirada a donde se encontraba el resto. Yurina, Momoko y Chinami conversaban animadamente sobre su futuro club de detectives, y parecía interesante, pues Momoko contaba las miles de aventuras que podrían vivir de esa manera. Aichan y Risa se habían puesto a hablar de sus anécdotas laborales, y Risa comenzó a reírse al oír la historia de aquella vez que Aichan salvó a Maasa, Chinami y Maimi de ser atacadas con tartas. Maimi y Eri estaban sentadas frente a una mesa con cuatro sillas, junto a Miyabi y Risako, que estaban sentadas cerca. Miyabi tenía su brazo alrededor de los hombros de Risako y estaba a punto de llevarse un chocolate a la boca.

Saki observó en silencio cómo Miyabi llevaba el único trozo de chocolate con forma de corazón a su boca, notando cómo en su pecho, su propio corazón se partía. Lo único que pudo hacer fue abrazar con fuerza a Maasa y ocultar su rostro en su cuello. Lástima que ésta se hubiera cortado el pelo, pues ahora podía notar cómo las lágrimas de su capitana mojaban su cuello.
Tendría mucho que explicarle más tarde.

- - -

Un mes después, en el White Day...

- ¡Maasa, ven, corre! - exclamó Saki emocionada, con una sonrisa bien amplia.
- ¿Qué ocurre? - dijo la chica, saliendo del baño con su pijama y su pelo corto algo despeinado.
- ¡Mira lo que acabo de encontrar en el celpudo! - le dijo con mucha emoción, entregándole un paquete. Maasa lo tomó con pocas ganas, pero al ver la letra del sobre que estaba pegado al paquete, que había visto muchas veces en la pizarra del Tomo-da-chi, se emocionó. Abrió la carta sin mucha demora y leyó la carta con suma atención.
"Me lo he pensado bien, y creo que podríamos darle una oportunidad.
Mañana estrenan Pandas Asesinos 2... ¿Te vienes conmigo al cine? Te dejo la entrada en el sobre.
Cuidate mucho,

Yajima Maimi".
- Maimi me ha pedido una cita... ¡Maimi y yo vamos a tener una cita! - exclamó Maasa, tomando a Saki en sus brazos y alzándola.
- ¡Wao, Maasa! - rió Saki, mientras Maasa le daba vueltas con felicidad. Una vez la dejó en el suelo-. ¿Y te ha mandado chocolates?
- ¡Sí, eso creo! - abrió el paquete y allí estaban, unos doce chocolates perfectos-. Huelen de maravilla...
- Son mejores que los que le dio a Momoko, se ve que en ellos ha puesto mucho más empeño - señaló Chinami, que había estado viendo la escena en silencio hasta ahora.
- ¡Voy a tener una cita con Maimi! - exclamó Maasa, corriendo a donde Chinami para darle un abrazo.
- ¡Lo he oído, lo he oído! - rió Chinami, viendo que Maasa también la levantaba a ella.

Y con esta buena noticia, Maasa fue con otra cara a trabajar.

Maki: ¡Y hasta aquí el especial de San Valentín! Sabemos que ha tenido momentos duros, pero ¡estad atentos! Porque muchas tramas se desarrollarán a partir de aquí.
Risa: Como el club de detectives de Momoko...
Maki: O los altibajos de tus citas con Aichan, pillina.
Risa (sonrojada): ¡Calla!
Maki: Pero en definitiva, ¡gracias por leer este episodio!
Risa: Y sentimos profundamente que nuestra autora sea tan lenta para escribir.

1 comentarios:

Mia Cantante dijo...

Buen blog ;)

Publicar un comentario

¿que te parecio el capitulo?