Free - Capítulo Cinco: Mitsui Aika y la venta de perritos ambulantes

Capitulo Cinco: Mitsui Aika y la venta de perritos ambulantes
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- Así que ¿te sientes identificada con las tortugas? - le preguntó Reina, un tanto atónita, a su recientemente compañera.
- Así es - sonrió Eri-. Las tortugas no son animales lentos, son animales relajados, y yo me considero una persona muy relajada.
- Ayer no lo parecías tanto cuando gritabas como una loca cada vez que aparecían las S/mileage - rió la estrella del rock coreana.
- Bueno, las tortugas también tendrán sus momentos de emoción ¿no? 

Reina no supo que responder a esa pregunta, por lo que se encogió de hombros y asintió levemente. La verdad es que la convivencia con Eri estaba resultando muy interesante para las tres, e incluso G-Dragon se había encariñado con ella. En ese momento iban camino a la casa de Yoshizawa Hitomi. La habían llamado por la mañana, y por las dificultades que acarreaba una autocaravana del tamaño de aquella en la ciudad, le preguntaron por un camping cercano, pero al oír eso, Hitomi insistió en que aparcaran la caravana en su jardín.

- ¿Nerviosa por conocer a Yoshizawa Hitomi, Eri? - preguntó Ai, mirando por el retrovisor. Risa estaba a su lado, consultando el mapa de carreteras para darle indicaciones.
- Un poco. Un poco bastante, más bien.
- No te preocupes tanto, Eri - le dijo Reina, poniendo su mano en su hombro, ya que ambas estaban sentadas en el sofá-. Yossie es una persona guay, de verdad. A mí cuando me recogió haciendo autostop me pareció una persona muy normal y muy agradable.
- Pero igualmente no deja de ser alguien famoso ¿no? Siempre da miedo causarles una mala impresión - puso un gesto de preocupación y Reina sacudió la cabeza a modo de negación.
- Habló la que rompió el cerco de seguridad para ver a las S/mileage -rió Reina, y Eri se sonrojó ligeramente.
- No te preocupes, Eri, les caerás bien - dijo Risa, alzando su pulgar para enfatizar su punto. Eri llevó su mano a su nuca y la frotó, no muy segura de eso.
- Bueno, supongo que irá bien.



Al llegar a la periferia de la ciudad, se iban viendo más casas con jardín. Risa no dejaba de consultar su mapa para a segurarse de que estaban yendo por el buen camino, mientras que Ai esperaba y escuchaba con atención sus indicaciones. Primero a la izquierda, luego a la derecha, seguir recto, de nuevo a la derecha.

- ¡Heeeeeeeeee! - exclamó Reina, llevando sus manos a su boca-. ¡Es una casa muy grande esa!
- ¡Es verdad! Todas las casas de esta zona son grandes y lujosas - describió Eri, mirando por todas las ventanas que le era posible. Ai sonrió ante la sorpresa de sus compañeras y le dijo con la mirada a Risa que siga guiándola, pero ésta le respondió con un gesto con la mano que era momento de detener el coche.
- Es esa casa de allí.

Al oír eso, Reina y Eri se pegaron al cristal para ver la casa que Risa estaba señalando. Era una casa grande, con un enorme jardín. Dos plantas, perfectamente decorado. En su puerta pone "Residencia Yoshizawa-Ishikawa".
- ¿Residencia? - preguntó Risa mientras se quitaba el cinturón y ayudaba a Ai a levantarse.
- Sí, ¿no lo sabías? Yoshizawa-san es tan buena que su casa es un refugio de paso para desamparados - explicó Eri-. La planta de abajo es para los necesitados, y la de arriba su casa.
- ¿Suele venir mucha gente aquí? - preguntó Ai, preocupada por el posible duro trabajo que Hitomi pudiera tener al mantener esa casa. Eri negó con la cabeza.
- Muchos prefieren vivir en la indigencia que recurrir a alguien a quien le ayude. 

Ai no llegó a comprender por qué harían eso, pero guardó silencio mientras las cuatro salían. Llamaron al timbre y faltaron segundos para que, sin tiempo de que alguien descolgara el telefonillo, se abriera la gran puerta.
- ¡Osu! - saludó Hitomi por lo lejos, alzando su mano. Eri se llevó las manos a sus mejillas, sonrojada porque Hitomi las estuviera saludando. Risa alzó la mano y devolvió el saludo, dirigiéndose luego a Ai para indicarle que debía entrar en la caravana para meterla en el jardín. Ai asintió y entró de nuevo para hacerlo.
- ¡Hola, Hitomi! - saludó animadamente Reina, corriendo hacia ella.
- ¡Oh, Reina! ¿Qué tal va la gira?
- ¡Emocionante! ¡Qué ganas tengo de llegar a Corea! - exclamó, haciendo como que tocara una guitarra en el aire.
- Acuérdate de que tienes que invitarme a tu primer concierto ¿eh? - rió Hitomi, guiñándole un ojo. Se dio cuenta de que había alguien escondiéndose tras la espalda de Reina-. Oi, ¿ella quién es? ¿Es tu novia?
- ¡Ah! ¡No, no, no! - exclamó Reina, extremadamente sonrojada por la confusión. La tortuga salió de su caparazón y sonrojada se presentó.
- Me llamo Eri Kamei. Soy una gran fan de tus libros, encantada de conocerte - dijo, haciendo una leve reverencia. Hitomi sacudió su mano.
- Anda, no seas tan formal. Aquí todos somos como una gran familia - dicho esto, se volvió hacia la casa y llamó a alguien-. ¡Rika-chan! ¿Tienes ya el cable para conectar la casa de Ai a la nuestra?
- Hai, hai~! -exclamó Rika, saliendo de la puerta principal con un largo cable que al parecer ya estaba conectado en el otro extremo. Ai, que ya había aparcado, salió de la autocaravana y junto a Risa ayudó a Rika a colocar el cable de la luz, la conexión al agua y colocar las patas. Eri y Reina estaban observando lo que hacían cuando la voz de Hitomi y los pasos de una cuarta persona llamaron su atención.
- Oh, Mittsi, ¿ya te marchas?
- Um, he de empezar el servicio - dijo la pequeña chica. Sus mejillas estaban manchadas de algo que parecía aceite de vehículo, una grasa asquerosa y de aspecto grisaceo.
- Oi, ¿has estado poniéndole aceite a las ruedas tu carro? - preguntó, señalando el puesto ambulante en forma de pequeño carro que tenía en sus manos. Ella sólo asintió en respuesta-. Espero que ya no chirrien tanto las ruedas al moverse.

Hitomi le sonrió ampliamente al decir eso. Si no fuera por las capas de grasa que cubrían sus mejillas, Reina habría dicho que claramente estaba sonrojada. Eri se apresuró a sacar unas toallitas de su bolso.

- Ey, déjame ayudarte - dijo Eri, acercándose a ella con una toallita en su mano. La llamada "Mittsi" bajó la mirada con timidez mientras Eri limpiaba sus mejillas, llegando a utilizar cinco toallitas en el intento. 
- G-gracias - murmuró, y tras una reverencia, salió prácticamente corriendo con su carrito. Una vez se hubo alejado, Hitomi suspiró.
- Es duro ver cómo una chica tan joven tiene que vivir en esas condiciones.
- Tienes razón, parecía muy joven - dijo Reina, aún impactada-. ¿Qué edad tenía?
- Ni ella lo sabe... - sacudió la cabeza-. Lleva viviendo en la calle desde que tiene memoria. Me costó hacer que viniera aquí, no se fiaba de mí.
- Qué triste... - murmuró Eri. Entonces Ai, Risa y Rika se acercaron.
- Nosotras por aquí ya estamos - anunció triunfante Rika, secando el sudor que había aparecido en su frente tras realizar su tarea-. Ah, qué calor...
- Será mejor que vayamos a darnos una ducha antes de salir a comer con los editores - aconsejó Hitomi, para después dirigirse a las cuatro chicas-. Podéis acomodaros tanto como queráis. Luego para ir a la presentación podéis tomar un taxi, corre de mi cuenta.
- Tampoco queremos abusar... -empezó Ai, sintiendo que se estaban aprovechando mucho de la bondad de Hitomi.
- ¡Ey, no digas eso! Es lo menos, sois mis invitadas al fin y al cabo.
- Qué bien, tener invitadas de vez en cuando~ -dijo animadamente Rika, llevando sus manos a sus mejillas-. Bueno, mejor vayamos a prepararnos. ¡Nos vemos, chicas!
- ¡Mucha suerte! Nos vemos en la presentación - se despidió Risa mientras el resto sólo movían sus manos para despedirse hasta que ambas entraron de vuelta a la casa-. Bueno, ¿qué os parece si llevamos a G-Dragon a pasear por los alrededores?
- ¡Oh! Cierto, el pobre lleva tiempo sin poder estirar las patas - dijo Ai con preocupación, corriendo hacia la caravana. Reina se quedó mirando los alrededores. Al fondo había una piscina, y casi automáticamente, se imaginó su futura vida como estrella del rock en Corea. Cuando Ai abrió la puerta para dejar salir a su amigo, G-Dragon no tardó ni tres segundos en salir disparado de la caravana para revolcarse en la hierba. Ai miró al animal con una enorme sonrisa en su rostro.
- Hasta G-Dragon se siente como en casa - comentó Risa, pasando su brazo por la cintura de su novia. Ésta respondió al contacto dejando un beso en su mejilla. Reina y Eri se acercaron a ellas.
- ¿Qué tal si vamos pensando qué comer hoy? - preguntó Reina, llevando sus manos a sus caderas.
- ¡Me parece una idea estupenda! - contestó con entusiasmo Ai. Risa dejó ir a su chica hacia el interior de la caravana, y se sorprendió cuando ésta volvió con una mesa plegable-. ¡Comamos aquí fuera! Espero que a Hitomi no le importe...
- La verdad es imposible resistirse al buen tiempo que hace hoy - asintió Eri, apoyando la idea de comer fuera.
- ¡Vamos a por ello! - exclamó Reina, acercándose a Ai para ayudarla a abrir la mesa.

Aquel día quien cocinó fue Eri, en agradecimiento por la experiencia vivida hasta el momento. Fue una comida simple: una ensalada algo desaliñada, una sopa de verduras y unos filetes a la plancha. No era la mejor comida del mundo, pero disfrutaron de ella por la compañía y por el relajado ambiente que se respiraba en el jardín de Hitomi. Vieron salir a Hitomi y Rika mientras estaban aún cocinando, y se despidieron de ellas con la mano. Las chicas se encontraban impacientes por la presentación del libro de Hitomi. No era un gran acontecimiento, pero les hacía ilusión ver a una de las personas que más rápidamente había ofrecido su amabilidad hacia ellas en acción, hablando de lo que más le gustaba hacer en el mundo: escribir.
Entre conversaciones aleatorias que las ayudó a conocerse mejor, les llegó la hora de marchar a la presentación. Risa entró en la casa para utilizar el teléfono y se quedó sorprendida por la calidad de la planta baja. La decoración de la casa la hacía sentir como un verdadero hogar. 
- ¿Y aún con estas calidades hay gente que no quiere venir? - se preguntó Risa a sí misma en voz alta.
- Supongo que Eri tenía razón, y la gente prefiere vivir en la indigencia - le respondió Ai, lo cual asustó a la más joven, pues pensaba que había entrado sola a la casa. Risa se dio la vuelta para mirar a su chica, aún con la mano en su pecho-. ¿Te asusté? Perdona, pensé que habías notado que estaba aquí.
- No, no... No podrías asustarme. Sólo sorprenderme, tal vez - murmuró, con una tímida sonrisa en su rostro.
- Pues para tu información, soy toda una caja de sorpresas - contestó, riendo suavemente. Se quedaron mirando entre sí unos instantes, antes de que Ai decidiera dar un paso hacia adelante y dejar menos espacio entre ellas. Risa se puso nerviosa, sin saber exactamente por qué, pues se había acostumbrado a que no hubiera espacio vital entre ambas, pero por alguna razón, este contacto se sentía distinto. Igual era el efecto de las anteriores palabras de Ai, "¿y si de verdad era una caja de sorpresas?" pensó, poco antes de que Ai rompiera del todo la distancia para besarla. Ella correspondió al beso sin dudarlo, dejando esa pregunta en la parte de atrás de su cabeza. Si había misterios que resolver, se resolverían con el tiempo.
- ¿Habéis llamado ya al taxi? - preguntó Reina, entrando a la casa-. ¡Mooo, meteos en una habitación! 
- Perdona, perdona - rió Ai, acariciando levemente la cara de Risa antes de volver a la mesa, donde Hitomi había dejado una tarjeta con el número de servicio de taxis y un sobre con dinero.

- - - 

- ¡No me puedo creer que estemos en la presentación! - exclamó Eri, ya sentada en una silla cercana al atril donde pronto estaría Hitomi para la presentación y lectura de su libro. Se encontraban unas filas más atrás de donde se situaba la prensa y los grandes ejecutivos.
- ¿Verdad? Esto sí que es vida. Me tendré que acostumbrar a este tipo de lujos para cuando sea estrella del rock - dijo, estirándose en su asiento. A su lado se encontraba Ai y junto a ella, Risa. 
- Aún no hemos podido leer mucho de su libro, ¿crees que se molestará? - preguntó Ai, con algo de miedo en sus ojos. Risa dejó un beso en su sién para tranquilizarla.
- Claro que no, Hitomi no tiene sitio en su corazón para enfados - sonrió Risa, intentando tranquilizarla.
- Eso es verdad, el corazón de Hitomi es pura bondad - colaboró Eri, asintiendo ferozmente. Reina se encogió de hombros para toda respuesta y miró al frente. 
- Tenéis razón, chicas, no sé por qué me ha dado miedo pensar en ello - dijo Ai, sintiéndose más tranquila, con ambas manos cruzadas en su pecho.
- La presentación de Hitomi Yoshizawa está a punto de comenzar. Les recordamos que deben apagar sus teléfonos móviles y que está prohibido comer y beber en el recinto. Muchas gracias por su atención - anunció una voz megafónica. Las luces se apagaron y se ajustaron a una luz más agradable. En cuestión de un minuto, Hitomi apareció y se situó frente al atril. La sala irrumpió en aplausos ante su presencia. 
- Muchas gracias - dijo, acercándose al micrófono. Su rostro mostraba lo verdaderamente agradecida que se sentía. Risa se encontraba sumergida en el sonido de los aplausos que no notó a alguien sentarse a su lado.
- No me he perdido mucho, ¿no? - preguntó ese alguien. Risa se volvió y se sintió profundamente feliz al ver a esta persona a su lado.
- ¡Mako-chin! - exclamó, no lo suficientemente alto como para ser escuchada. Abrazó a su amiga y, dado que no podían hablar, simplemente puso su brazo alrededor de los hombros de su amiga mientras escuchaban el inicio de la presentación del libro de Hitomi.
Durante la siguiente hora las chicas escucharon atentamente a Hitomi hablar sobre sus experiencias alrededor del mundo a partir de haber escrito ese y otra serie de libros y sobre el libro que presentaba. Tras una lectura de una serie de fragmentos, que sacaron alguna que otra carcajada, o mantenían la emoción del público en tensión, empezó la rueda de prensa. Algunos periodistas hicieron preguntas típicas, alguna que otra dirigida a la orientación sexual de Hitomi.
- A riesgo de sonar típica, yo sólo me enamoré de la dulzura de esa persona. Del amor que procesaba, de la sencillez de sus gestos. Me enamoré de Ishikawa Rika, mucho antes de escribir libros, y ella fue la tinta de mi pluma. Que sea una mujer, es lo de menos.
En el momento en el que dio esa respuesta, el público se puso a aplaudir. Risa fue de las primeras personas en levantarse para darle toda una ovación, a lo que Ai respondió mirándola con admiración, antes de levantarse ella también, junto a sus acompañantes, para aplaudirla.
- ¡¿Pero cómo pueden apoyar semejante averración! - gritó alguien entre el público que estaba frente a ellas. Ai se estremeció y se sentó de la misma, asustada por el hecho de que había reconocido aquella voz. Risa también lo había hecho, pero no podía creerlo, prefería no creerlo. Se sentó junto a Ai y ambas bajaron sus cabezas.
- ¡Hable con más respeto! - gritó Reina, haciendo que la cabeza de aquel hombre diera la vuelta para mirarla-. ¡Que sepa que conozco a Hitomi y a Rika, y que son unas grandes personas! ¡Al igual que mis amigas Aichan y Risa! - exclamó, tomando la muñeca de Aichan y levantándola, forzándola a levantarse.
- No, Reina... - murmuró Ai, bajando su cabeza al máximo.
- ¡Y no pienso dejar que nadie, y repito, nadie, falte el respeto a la gente que quiero! ¡Nadie! - gritó Reina, pareciendo verdaderamente enfadada. Risa se levantó, e hizo que Reina y Aichan volvieran a sentarse situándose entre ellas y poniendo sus dos manos en el hombro de cada una.
- No puedo creer que esté aquí... - murmuró Ai en el oído de Risa-. Debí suponer que por su trabajo estaría aquí, pero...
- Tenemos que salir de aquí y volver a la caravana. Tenemos que huir ya - dijo Risa, escuchando cómo la rueda de prensa volvía a la normalidad-. Mientras esté trabajando, no puede salir de aquí, ¿verdad?
- Supongo que no - murmuró Ai, no muy segura de nada, sintiéndose temblorosa. Ante eso, Risa reaccionó tomando su mejilla con su mano, haciéndola que la mirara.
- Estoy aquí, ¿vale? No dejaré que nada malo te pase.
- ¿Qué ocurre? - preguntó Reina, y en este punto, también Makoto estaba dándose cuenta de que algo sucedía, por lo que asomó su cabeza.
- Reina, Makoto, tenéis que encontrar a Rika. Tenéis que hacer que la presentación dure lo máximo posible. Aichan y yo volveremos a casa de Hitomi a por la autocaravana. Luego subiré a avisaros para que nos vayamos, ¿de acuerdo? 
- Todo claro - respondió Makoto.
- Ey, no, ¿por qué nos vamos? - preguntó Reina.
- Ese hombre al que has gritado y al que le has anunciado que estamos aquí es el marido de Aichan - pronunció Risa, en un tono que reproche, al que Reina reaccionó abriendo sus ojos con horror. Bajó su mirada mientras Aichan y Risa se levantaban sigilosamente para salir de allí. También se levantó Makoto, al igual que Reina, para salir en la otra dirección y buscara a Rika. Makoto fue la primera en encontrar a Rika, que estaba sentada, cómo no, en un lateral de la primera fila. 
- ¡Hola! Lo siento, no me conoces de nada - le dijo, susurrando. Reina, desde donde estaba, pudo ver que Makoto ya la había localizado, y ambas compartieron una mirada.
La estrella del rock levantó su pulgar y Makoto siguió hablando con Rika. Hitomi las miró a ambas atentamente mientras respondía a una de las preguntas, viendo cómo Rika asentía. Reina se acercó por el otro lado y también se puso a su lado. Hitomi parecía confusa, pero al recibir la sonrisa tranquilizadora de su esposa, se sintió de nuevo en calma, y siguió respondiendo. Cuando ambas volvieron a sus asientos, Rika sacó su cuaderno y comenzó a escribir algo con el bolígrafo. Al terminar arrancó la hoja, la dobló tres veces y se la dio a su acompañante, la manager de Hitomi. Ésta se levantó y se acercó a Hitomi, para darle la nota mientras ésta tomaba un sorbo de agua. Hitomi recogió el papel y lo abrió con curiosidad. En ella se leía "Habla mucho en cada respuesta. Es para salvar a Aichan. Luego te lo explico. Por favor, hazlo. Ah, y te quiero. Mucho mucho mucho". 
Compartió una mirada con su esposa y le sonrió. Subió su pulgar y guardó la nota en su bolsillo.

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- ¡¿Es que no hay ningún taxi libre hoy?! - gritó Ai, cansada de correr en la dirección opuesta en la que les había traído el taxi en la ida.
- Parece que no - le contestó Risa, intentando encontrar su respiración. Ambas corrían, dadas de la mano para no perderse entre la multitud. 
Para su colmo, estaba lloviendo, y ninguna de las dos llevaba paraguas. Ai de vez en cuando miraba hacia atrás, pues tenía la sensación de que las perseguían. Risa notaba que hasta su alma se había mojado en aquella lluvia tan sonora y pesada, pero no dejó de correr mientras sus piernas aguantaban. No fue así cuando, cerca de un semáforo en rojo, Risa notó un chasquido en su tobillo. Ahogó un grito cuando vio que se caía y su mano se soltaba de la de Aichan. Ai se detuvo al instante, volviéndose a su chica. Pero al volverse no sólo vio a su chica, si no a los dos hombres trajeados que más acostumbrada estaba a ver cada día: los guardaespaldas de su marido. Aún se encontraban a una distancia considerable, pero no tenían tiempo que perder. Aichan sacó fuerza de donde no la había y alzó a Risa en sus brazos, como si fuera una princesa, y siguió corriendo.
- Lo siento, Aichan, es mejor que me dejes... - susurró Risa, sintiéndose débil.
- ¡Jamás! ¡No pienso dejarte! - gritó Aichan, pese a que sus brazos empezaban a notar lo contrario. Fue entonces cuando vio, al otro lado del paso de zebra, a una chica con un carro de perritos calientes. Tomando la ventaja de que tras ellas, el semáforo estaba en rojo, aprovechó el momento para acercarse a aquella chica-. Necesito utilizar tu puesto. Por favor, es una emergencia.
- ¿Por qué iba a hacerlo? - preguntó la chica, alzando una ceja. 
- ¡Es una emergencia! - le imploró Ai, sintiendo lágrimas en sus ojos, pues no podría aguantar a Risa mucho tiempo, y si la dejaba, sería presa de los guardaespaldas. La chica dudó unos segundos antes de cerrar las tapas del puesto.
- Ponla aquí - señaló la superficie del puesto, y Ai obedeció, siendo ayudada por la, para ella, desconocida Mittsi.
- Agárrate bien, mi amor - le dijo, dejando un beso apresurado en su rostro. Risa obedeció y se agarró al asa. La chica del puesto soltó el freno y las dos comenzaron a correr en la dirección que Aichan recordaba mientras empujaban el carrito.
- ¿A dónde vamos?
- ¡A la residencia Yoshizawa-Ishikawa! - le respondió Aichan, sin poder controlar su voz. La chica volvió la vista atrás y vió a dos hombres correr hacia ellos.
- ¡Se un atajo para distraerles! Aunque es algo peligroso, podremos ganar distancia con ellos.
Ai no tuvo tiempo para pensar antes de dejar que la chica llevara el mando del carro, corriendo a su lado mientras tomaba la mano de Risa. Siguieron corriendo hacia el frente hasta que la chica giró estrepitósamente.
- ¡Tienes que subirte! - ordenó. Ai tomó unos segundos en darse cuenta de lo que le pedía, pues no se había dado cuenta de que se encontraban frente a una fuerte pendiente en descenso. Volvió la vista atrás y no tuvo tiempo para ver si todavía estaban allí, no quiso tenerlo. Quería que Risa y ella estuvieran a salvo pronto, por lo que subió al puesto, situándose sobre Risa, y la abrazó con fuerza- ¡Agarraos fuerte!
Fue lo último que oyeron antes de que todo empezara a ir muy rápido. La chica se agarró como pudo al asa por la que tiraba del carro y puso su pie en la barra que había entre las ruedas. A partir de ese momento, todo fueron gritos. Gritos de miedo, de pánico. No sabían si se iban a chocar, o si se iban a hacer daño. Todo lo que veían era lluvia y oscuridad. Risa cerró con fuerza los ojos y los mantuvo cerrados durante un buen rato. No fue hasta pasado un rato, cuando escuchó un golpe seco, que los volvió a abrir. La chica del puesto había utilizado el freno, y ahora se encontraban a tan sólo unos escasos metros de la residencia Yoshizawa-Ishikawa.
- ¿Estáis bien? - se apresuró a preguntar Ai, levantándose. Miró a su alrededor, estaban absolutamente a solas. Saltó de encima del puesto y dio una vuelta a su alrededor, para asegurarse de que ya no los seguían. 
- Les perdimos la pista - contestó la chica, y se sintió sorprendida cuando Ai se lanzó a sus brazos.
- ¡Muchas, muchas gracias! - exclamó, echándose a llorar-. Pensé que iba... pensé que iba a perder a mi Gaki, y... 
- Hey, no... No llores, ¿vale? Todo está bien. Estoy bien - la animó Risa, tratando de levantarse.
- No te levantes aún, déjame que os acerque hasta allí - le dijo la chica, antes de soltar el freno y volver a mover el carrito hacia la autocaravana.
- Todo va a ir bien, ¿vale? - fue lo último que pudo decir Risa, antes de volverse a poner en movimiento.

- - - 

- Entonces, ¿no utiliza ningún tipo de metáfora en el capítulo en el que se convierte en un calcetín? - preguntó Eri, como undécima pregunta que llevaba hecha en aquella ronda de preguntas. Los miembros de la prensa empezaban a parecer molestos con que Hitomi admitiera todas las preguntas de sus fans, pero era por una buena causa. Hitomi argumentó antes que quería que esa presentación fuera un punto de encuentro entre sus fans y ella, y por ello, que podían hacer todas las preguntas que quisieran. Hasta entonces, entre Makoto y Eri habían hecho la mayor parte de las preguntas, pues incluso los fans parecían querer acabar con aquello. 
- ¿Estarán bien? - preguntó Reina, después de que el miembro del staff le retirara el micrófono a Eri. 
- Seguro que sí. Ve a la entrada a esperarlas. Makoto y yo seguiremos alargándolo.
- Pero... ¿no volverás con nosotras? - preguntó Reina, con cierto dolor y confusión en su tono de voz.
- Tenéis que huir cuanto antes ¿verdad? No creo que sea momento de despedidas... - respondió, con un tono apenado en su voz.
- Tienes razón, pero... - murmuró, antes de abrazar a la tortuga-. Te voy a echar de menos...
- Y yo a ti... - respondió, acariciando su cabello. Al separarse, la miró a los ojos con decisión, antes de asentir para reforzar la tarea de Reina. La estrella del rock notaba que tenía lágrimas detrás de sus ojos. Ni despedirse de su familia le había resultado tan difícil. Tal vez antes no era tan consciente de lo que significaba despedirse. Por eso, al levantarse de aquel asiento, notaba que dejaba algo atrás. 
Tal vez esa sensación que notaba, era en realidad, que alguien la estaba siguiendo. Y es que, era así. El marido de Ai no tardó en alcanzarla y poner su mano sobre su boca para sacarla del auditorio. 
- ¡¿Dónde está Ai?! - gritó, cual energúmeno. Reina intentó responder pese a tener la boca tapada, cerrando los ojos con horror-. Cuando la encuentre, ¡pienso matarla! ¡Pienso matarla con mis propias manos, al igual que pienso matarte a ti y a la estúpida de su novia!
- ¡Espera, Reina! - exclamó Eri al llegar al pasillo.
- ¡¿Quién es esa?! - gritó el hombre, y en aquel momento Reina abrió los ojos y vio junto a ella un cuchillo, que ahora apuntaba a Eri-. ¡Como te muevas te mato!
- ¡Reina! - gritó Eri, horrorizada por la situación. Tardó unos segundos en reaccionar, antes de cambiar su pose a una pose de pelea-. Si quieres matar a Reina, ¡tendrás que pasar por encima de mi cadáver!
- Hablas como si supieras lo que haces - rió el marido de Ai-. ¡Pienso matarla primero y luego matarte a ti!
- ¡Jamás! - gritó Eri, antes de avalanzarse sobre el hombre y pegarle un puñetazo en la cara. El golpe hizo posible que soltara a Reina.
- ¡Eri, Reina! - gritó Aichan, entrando al pasillo.
- ¡Aichan! - la llamó Reina.
- ¡Corred, chicas! - les ordenó.
- ¡TAKAHASHI! - gritó el hombre, totalmente enfurecido al reconocer a la perfección la voz de su mujer. En ese momento, las tres comenzaron a correr hacia la salida, sin dudar ni un instante. Al salir por la puerta vieron la autocaravana, con la chica del puesto asomada por la puerta.
- ¡Venid, rápido! - les dijo, haciéndoles el gesto de que se acercaran. Risa las miraba con miedo desde el asiento de copiloto, pegada al cristal. Sus ojos se abrieron con tensión cuando la puerta se abrió una vez más para desvelar al furioso marido de Ai. Volvió a sentir el pánico de la primera vez, y golpeó el cristal con el puño para llamar la atención de Ai, quien seguía corriendo en dirección a la autocaravana junto a Eri y Reina.
- ¡AICHAN! ¡AICHAAN! - gritó, golpeando los cristales mientras veía la escena. Notaba lágrimas en su rostro. Las veía cada vez más cerca, pero él parecía avanzar más y más, consumido por la ira y la furia. Mitsui se apartó al ver que ya estaban cerca. Ai llegó a la puerta y subió torpemente pero rápidamente los dos escalones que había para entrar, seguida por Eri y Reina, quien cerró la puerta tras de sí con el cerrojo. Se escucharon fuertes golpes en la puerta.
- ¡Aichan, arráncalo! - le ordenó Reina, no sabiendo si la puerta iba a ser capaz de soportar mucho más. Ai se coló en el asiento del conductor y arrancó la autocaravana, pisando con fuerza el acelerador tras el juego de pies con el embrague. Tras ellos habían tenido una cola de coches pitando, pero al ver la escena, entendieron que era una emergencia, aunque tal vez se llevaran una imagen equivocada. 

Una vez llevaban unos cuantos kilómetros, comenzaron a respirar con tranquilidad. 

- Ya está... Ya está - murmuró aliviada Risa. Notó después la mano de Ai en su rodilla-. Lo hemos conseguido...
- Ha sido todo gracias a ti, Gaki - sonrió Ai, sin quitar la vista de enfrente mientras conducía.
- ¡Sí! Ha sido todo gracias a tu plan - la alabó Eri, asintiendo con decisión.
- Ha sido todo culpa mía... No debí saltar de esa manera, os puse en peligro a todas... 
- A mí me pareció muy valiente que te levantaras por Hitomi y Rika de esa manera, y que también nos mostraras tu amor de esa manera - la disculpó Ai.
- No te preocupes por eso ahora, ¿vale? Todos cometemos errores - le dijo Risa, dedicándole una sonrisa tímida-. Gracias por lo que dijiste, no podías haberlo sabido pero... fuiste muy valiente.
- Sois demasiado bueenas conmigo - se medio-quejó Reina, cruzándose de brazos.
- ¿Y tú también te has unido, Mittsi? - preguntó Eri, mirando a la empapada chica con curiosidad.
- Me llamo Mitsui Aika. Y bueno, no sé... si me he unido no... 
- Después de todo lo que has hecho por nosotras, eres de la familia - le aclaró Ai.
- Familia... - repitió Aika en un murmuro, sintiendo una sensación cálida en su interior, pese que a su exterior no lo reflejara.
- Tomaremos la autovía y buscaremos un camping en el que pasar la noche - informó Risa a Ai, quien sólo asintió y miró por el retrovisor para mirar al resto.
- Id a la cama del fondo, vosotras tres, y haced compañía a G-Dragon. Tal vez nos lleve un buen rato - les dijo a las tres, que habían estado raramente situadas en cualquier punto hasta ese momento. Obedecieron y se retiraron a la habitación del fondo, cerrando la puerta tras de sí.
- Eri... - murmuró Reina, mientras se recostaba en la cama. Eri alzó la mirada para mirar a la estrella del rock-. Me alegra que hoy no nos hayamos despedido.
La tortuga guardó silencio, observándola con una sonrisa.
- Yo también me alegro.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Un capii genial ^^

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