Tomo-da-chi - Episodio 4

Clasificación: R-0


Nota de autora: Nuevamente, corto en una parte para que ustedes le den al "Read More" para Readear More! 
Estrellas invitadas: Maki Goto, Junjun y Linlin.

Episodio Cuatro: Siempre puede ir mejor

Eran las cuatro de la tarde cuando las chicas de Berryz Koubou llegaron al Tomo-da-chi, cansadas y quejándose de lo mal que les había ido la jornada laboral.

-¡Buenas tardes, chicas! – saludó Ai a las cabizbajas chicas que entraban por la puerta de la cafetería-. ¿Qué os pasa?
- Un mal día – suspiró Saki-. Pon lo de siempre, Ai-chan.
- De acuerdo – contestó, dirigiéndose a la enorme cafetera. Las chicas se dirigieron en silencio hacia su sitio habitual y se dejaron caer sobre el sofá.
- Me siento tan triste que mis lágrimas podrían llorar – dijo Chinami.
- Hey, voy a apuntar eso, que seguro que me sirve para una siguiente novela – comentó Momoko, sacando un pequeño cuaderno de su bolso.
- ¡Hola, chicas! – saludó Maimi energéticamente.
- Hola – contestaron ellas sin mucho énfasis.
- Vaya, vaya, eso sí que es entusiasmo y lo demás son tonterías – sonrió Maimi-. ¿Qué ha pasado esta vez?
- Un mal día, Maimi, un día terrible – dijo Risako.
- ¿Las siete habéis tenido un mal día? – preguntó Maimi, sorprendida, y ellas en respuesta, asintieron-. ¿Y qué os ha pasado?
- El jefe ha montado otro de sus numeritos en la fábrica – suspiró Yurina-. Ha sacado su katana y ha cortado la cabeza a todos los ositos y los peluches de Hello Kitty que habíamos estado haciendo.
- Wow, y pensar que ese hombre es el jefe de una fábrica de ositos amorosos… - murmuró Maimi, sacudiendo su cabeza-. Pero bueno, podría haber sido peor ¿no crees?
- ¡Aquí traigo los cafés para el club de los poetas muertos! – rió Ai. Todas la miraron sin comprender nada.
- No has visto la película ¿verdad? – preguntó Maimi.
- No, la verdad es que no, pero me parecía un comentario gracioso – se quejó Ai, hinchando sus mejillas-. ¿Ya no se puede ser graciosa o qué? – dicho esto, se dirigió a la barra.
- Yo me he enterado de que toda la oficina habla mal a mis espaldas… y no es nada agradable, créeme – suspiró Miyabi.
- Me lo imagino, Miyabi… pero ¡no te preocupes por ellos! Lo que debe preocuparte es lo que piensa la gente que tú realmente quieres – sonrió Maimi.
- Yo he presentado la línea de moda de invierno que he estado diseñando todo un mes y parece ser que a la jefa no le ha gustado demasiado – dijo Chinami-. Dice que está bien, pero para ancianos. Dice que es muy poco moderno, que sólo lo llevaría la abuela de Lady Gaga. Incluso le puso un slogan: “Los que van a palmar tienen el derecho de fardar”.
- Bueno, al menos ha aceptado tu colección ¿no? No ha sido tan malo – comentó Maimi, sin perder la sonrisa-. ¿Qué te ha pasado a ti, Saki?
- Una mujer de unos cuarenta años se ha quedado atascada dentro de uno de los probadores de la tienda. La pobre mujer no podía salir porque la cortina no se movía. Ha sido muy desagradable – explicó, con la mirada perdida.
- Bueno, pero logró salir, que es lo importante ¿verdad? – sonrió Maimi-. ¿Y tú, Risako?
- Hoy ha llegado una chica nueva a mi consulta. Era una de mis exnovias. Resulta que tiene una depresión tremenda – murmuró-. No puedo evitar sentirme culpable…
- Wow, eso sí que es tremendo… - suspiró Maimi, comenzando a perder la sonrisa-. ¿Y tú, Maasa?
- ¡YO HE ACABADO DE LEER MI MANGA FAVORITO! ¡Y ACABA MUY MAL! – exclamó ella, echándose a llorar. Maimi se acercó a ella y la abrazó, acariciándole el cabello.
- Maasa, mi idiota Maasa… tú problema es el más idiota de todos – sonrió-. ¿Y qué te ha pasado a ti, Momoko?
- A mí simplemente ver que todas las demás estaban deprimidas me ha deprimido – contestó-. Aunque he dibujado un perro, y eso hace que me sienta mejor.
- ¿Veis? Todas deberíais seguir el ejemplo de Momoko – dijo Maimi.
- ¿Deberíamos dibujar perros? – preguntó Risako.
- No, no tiene por qué ser exactamente eso – rió Maimi-. Deberíais buscar algo que os haga sentir mejor, porque por mucho que el día haya empezado muy mal, todavía queda mucho día por delante y la cosa siempre puede ir a mejor.
- Maimi tiene razón, chicas – dijo Chinami-. Tenemos que buscar algo que nos alegre, como…
- ¿Qué tal eso para alegraros? – preguntó Maimi, señalando la entrada de la cafetería, por la cual entraba en ese momento una mujer. Todas volvieron la vista y se quedaron boquiabiertas.
- ¿Es Maki? ¿Goto Maki? – preguntó Miyabi, sin poder creérselo.
- ¿Y sin guarda-espaldas? – preguntó Maasa, mientras una pequeña sonrisa se dibujaba en su rostro.
- ¿Tomando un café en el Tomo-da-chi? – continuó Yurina.
- ¿Goto Maki sin guarda-espaldas tomando un café en el Tomo-da-chi? – recapituló Saki.
- ¡GOTO MAKI! – exclamaron todas a la vez, levantándose del sofá y dirigiéndose a ella. Ésta, un tanto sorprendida, pero sonriente, las saludó.
- Hola – dijo ella inocentemente.
- ¡Eres… una… diosa! – exclamó Risako, tratando de respirar con normalidad.
- Gra-gracias – contestó ella, sin entender nada-. Esto… disculpe – dijo, dirigiéndose a Maimi-, ¿podría ponerme un grand café noir para llevar?
- ¡Toma el mismo café que nosotras! – comentó Yurina, sin apartar su vista de la famosa cantante.
- Sor-sorprendentes coincidencias, sí – rió Maki, comenzando a sentirse un poco incómoda ante los catorce ojos que estaban clavados en ella-. Esto… ¿puedo ayudaros en algo?
- ¿Puedes darnos tu autógrafo? – dijo Momoko, entregándole su cuadernito y un bolígrafo.
- ¡Claro que sí! No hay problema – sonrió ella, cogiendo el cuaderno-. ¿A quién se lo dedico?
- A Berryz Koubou – contestó Momoko.
- Vale… A Berryz Koubou con cariño, para que algún día tomemos un grand café noir juntas – decía mientras escribía en el cuaderno-. Y… ¡ya está! – declaró después de haber firmado-. Aquí tenéis. Ha sido un placer veros – dicho esto, se dirigió a la barra donde Maimi estaba preparando su café.
- Al final Maimi va a tener razón – sonrió Miyabi-. El día siempre puede ir a mejor.
- Pues vámonos y ¡empecemos un nuevo día! – exclamó Risako, alzando su puño en el aire-. ¡Busquemos nuevas aventuras!
- ¡Eso es! – exclamó Saki-. Hagamos que este día vaya a mejor.

Las siete se dirigieron a la puerta con intención de empezar un nuevo día, pero Momoko se detuvo.
-Iros sin mí, chicas; tengo que pagar los cafés – dijo Momoko, dándose cuenta de que estaban a punto de irse sin pagar-. Y además, luego tengo que seguir escribiendo, así que nos vemos a la noche ¿de acuerdo?
- De acuerdo, Momo – sonrió Saki-. Nos vemos a la hora de cenar.

Y las seis restantes abandonaron el Tomo-da-chi, buscando una nueva aventura.



-Llevamos dando vueltas media hora y no hay nada interesante que hacer… - se quejó Miyabi, apoyando su brazo en el hombro de Saki.
- Miya tiene razón, esto es un aburrimiento – dijo Risako-. ¡Voy a ver qué está haciendo Momoko! – sacó el teléfono de su bolsillo y marcó el número de Momoko-. Qué raro, tiene el teléfono apagado – dicho esto, sonrió-. ¡Ya tengo mi aventura! ¡Voy a casa de Momo!
- ¡Hey, espera! – exclamó Maasa, pero antes de que pudiera darse la vuelta para detenerla, Risako ya se había perdido entre la muchedumbre.
- Esta mujer cada vez me sorprende más – suspiró Yurina.
- ¡Hey, Miya! – exclamó Saki, señalando a una pareja que se encontraba frente a ellas-. ¡Mira esas chicas!
- ¡Wow! Unas extranjeras perdidas en Japón ¡vamos a ayudarlas! – dijo animadamente, cogiendo a Saki de la mano y dirigiéndose a ellas. Maasa, Chinami y Yurina las siguieron, pero entonces Saki se dio media vuelta y se dirigió a ellas.
- Me parece que si vamos en manada podríamos asustarlas. Bastante incómodas deben sentirse al estar con dos japonesas – dijo Saki, sonriendo-. Pero ¡tranquilas! Seguro que vosotras encontráis una aventura igual de emocionante ¡incluso todavía más emocionante!
- Está bien – suspiró Yurina.
- A mí sólo me parece una excusa para quedarte a solas con Miyabi – murmuró Maasa.
- ¡Cállate! – le ordenó Saki, sonrojada. Después fue con Miyabi a donde estaban las chicas extranjeras.
- Bueno y ahora ¿qué hacemos nosotras? – preguntó Chinami, hinchando sus mejillas.
- ¿Qué quieres que hagamos, Yurina? – le preguntó Maasa a su compañera.
- Hombre, yo llevo un buen tiempo soltera y… me gustaría encontrar a alguien que me quiera por quien soy, no como Aika que salió conmigo solo por… - comenzó Yurina.
- Ya sabemos esa historia, Yurina, ya la sabemos – sonrió Chinami-. Y sabemos lo mucho que te dolió.
- Así que ¡ya tenemos algo que hacer hoy! – exclamó Maasa-. ¡Vamos al apartamento!
- ¡Vamos! – exclamaron Chinami y Yurina, cambiando su dirección.

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-Tikitikiti ¿no es genial? Monkey dance, monkey dance~ - cantaba Risako caminando hacia la casa de Momoko. Era una canción que ella misma había compuesto, y que no tenía intención de enseñársela a nadie del grupo. Silbando la melodía del estribillo, sacó la copia de la llave de la casa que Momoko le había facilitado y abrió la puerta-. Momo, soy Rii, voy a entrar.
- ¡NO! – gritó Momoko, abalanzándose sobre la puerta y cerrándola antes de que Risako pudiera entrar.
- ¿Por qué? – preguntó.
- ¡Estoy… desnuda! – exclamó.
- No importa; ya iba siendo hora de que te viera desnuda. Eres la única a la que todavía no he visto – sonrió Risako para sí misma. Tristemente o afortunadamente, lo que había dicho era verdad.
- ¡Pervertida! Espera un segundo ¿vale? – le pidio Momoko, apartándose de la puerta.
- De acuerdo – suspiró Risako, metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón corto. Por un segundo, se preguntó por qué nunca había llevado pantalones largos, y por qué ni siquiera tenía ese tipo de pantalones en su armario. Frunció el ceño y llevó una de sus manos a su barbilla, parándose a pensar sobre ello, pero un ruido proveniente de la casa de Momoko la sacó de sus pensamientos-. Momo ¿te encuentras bien?
- Eehh, ¡sí! Es que la casa está hecha un asco y me he tropezado con una lata – contestó ella aceleradamente-. ¡Enseguida estoy!

Risako sonrió para sí misma, imaginándose a Momoko saltando de un lado a otro de la casa, buscando ropa desesperadamente. Esta imagen la hizo reír, y curiosa, abrió un poco la puerta, encontrándose con una Momoko que estaba perfectamente vestida corriendo de un lado a otro, llevándose las manos a la cabeza y mordiéndose las uñas desesperadamente. Risako frunció el ceño.
-¿Ocurre algo? – preguntó ella. Momoko se volvió a mirarla, quedando claramente impactada.
- ¡Rii-chan! ¡Te dije que esperaras! – se quejó Momoko, hinchando sus mejillas.
- ¿Qué ocurre? – repitió.
- Es que… - Momoko se detuvo a pensarlo unos segundos, como si estuviera pensando una buena excusa-. Es que Buono-man se ha escapado de su jaula.
- Momo, no quiero desconfiar de tu palabra, pero… Buono-man está en su jaula – comentó Risako, señalando la jaula del animal, que corría en círculos.
- ¡Vaya! ¡Pues parece que no se había escapado después de todo! – Momoko forzó una sonrisa-. ¿Qué te trae por aquí, igualmente?
- No sé – dijo, honestamente-. Me aburría con las demás, y como no me cogías el teléfono, pensé en acercarme por aquí.
- … Interesante – comentó Momoko, tratando que su mirada no se encontrara con la de Risako.
- ¿Te ocurre algo? Actúas de manera muy extraña – dijo Risako, frunciendo el ceño.
- ¿A mí? Nada, nunca me ocurre nada, ¡soy así de normal! Ja, ja, ja – rió Momoko. A Risako la situación cada vez le parecía más extraña. La casa de Momoko rara vez estaba ordenada, pero en esta ocasión el desastre era mayor. Cajas de pizza, latas de comida preparada, botellas de Coca-cola rotas, revistas y photobooks por los suelos… Y sobre la mesa, un montón de fotos del grupo, que seguramente Momoko había estado mirando por alguna razón. Risako se acercó hacia la mesa, pero un estruendo proveniente del dormitorio de Momoko llamó su atención.
- ¿Qué ha sido eso? – preguntó instintivamente, dirigiéndose hacia donde provenía el ruido. Momoko trató de detenerla, pero Risako caminaba con mucha decisión hacia el dormitorio, así que sabía que detenerla iba a ser una pérdida de tiempo. Abrió la puerta del dormitorio, y lo que encontró dentro, la hizo quedarse congelada.
- ¿Rii? – murmuró Momoko, tratando que Risako volviera en sí.

- ¿Qué demonios hace Maki Goto en tu dormitorio?

- - -
-¡Hola! – saludó Miyabi, sacudiendo su mano ante a las dos chicas extranjeras. Éstas, sonrientes, le devolvieron el saludo.
- ¡Hola! – saludó una de ellas.
- ¿Necesitáis ayuda? – preguntó Saki, lenta y claramente para que ellas pudieran entenderlo.
- ¿Ayuda? – repitió la más alta de las dos.
- Sí; si lo necesitáis, podemos ayudaros – dijo Miyabi.
- ¿Ayudaros? – repitió de nuevo la más alta.
- ¿Quién demonios son éstas?– le dijo su compañera en chino.
- ¡Hey! ¿Viste como no eran coreanas? Te dije que eran chinas – sonrió Miyabi, satisfecha.
- No; tú dijiste que no eran japonesas, no especificaste – dijo Saki, sacudiendo su cabeza con una sonrisa.
- ¿Ves? Tengo razón y tú no ¡zas! – exclamó Miyabi, señalando a Saki con su dedo índice y su pulgar levantado, como si fuera una especie de pistola.
- ¡Zas! – repitieron las dos chicas chinas, imitando a Miyabi.
- ¡Hey! ¿Has visto eso? Estas chicas me caen bien – sonrió Miyabi-. Soy Miyabi. Mi-ya-bi. ¿Y vosotras sois?
- Qian Li – contestó.
- ¿Qué, cómo, qué?
- Qian Li – repitió.
- Vale; te llamaremos pequeña costurera – dijo Miyabi.
- ¿Pequeña costurera? – preguntó Saki, frunciendo el ceño.
- Lo vi en una película y me pareció un nombre gracioso; llevo un tiempo buscando a alguien de China para llamarle de esa forma – admitió Miyabi, con una sonrisa.
- ¿Sabes? Deberías pasar menos tiempo sola en casa – comentó Saki. Miyabi hinchó sus mejillas y se cruzó de brazos.
- ¡Eso ha sido muy cruel! – se quejó Miyabi. La más alta de las chicas extranjeras se acercó a ella y le pinchó la mejilla con la punta de su dedo índice.
- ¡Poke! – exclamó, y la llamada “pequeña costurera” se echó a reír. Las otras dos al principio fruncieron el ceño, pero luego se contagiaron con la risa de la chica.
- ¿Cómo te llamas tú? – preguntó Saki.
- Chun Li – contestó.
- Wow, vaya nombres tenéis. Bueno, a ti te llamaremos… - Miyabi se detuvo a pensarlo-. Kirarin Revolution.
- ¿Kirarin Revolution? – repitió Saki, soltando una carcajada-. ¿Qué tal si la llamamos Junjun? A mí me gusta más.
- ¿Junjun? – la pequeña costurera frunció el ceño-. ¿Junjun? – repitió, señalando a su compañera, y luego sonrió-. ¡Junjun!
- Parece que a la pequeña costurera también le ha gustado – sonrió Miyabi-. Así que ¡está decidido! A partir de ahora seréis Junjun y la pequeña costurera.
- ¡Bo! – contestó Junjun, asintiendo su cabeza felizmente. La pequeña costurera alzó su dedo pulgar y sonrió. Miyabi y Saki fruncieron el ceño y se miraron entre sí.
- Supongo que eso significa que les ha gustado – comentó Miyabi-. Bueno ¿a dónde vais? ¿Necesitáis indicaciones?
- ¡Bo! – continuó Junjun, asintiendo su cabeza.
- Eeh… no sé muy bien cómo responder a eso – dijo Saki.
- Tal vez así – dijo Miyabi-. ¡Bo, bo, bo, bo, bo!
- ¡Oh! – exclamó la pequeña costurera, llevándose las manos a la cabeza, claramente impactada.
- ¿Habré dicho algo malo? – preguntó Miyabi. Junjun le dedicó una mirada asesina.
- ¡No hagáis caso a Miyabi! Está… iu, loca, muy loca, sí – sonrió Saki nerviosamente, tratando de arreglar la situación. La pequeña costurera soltó un suspiro y sonrió.
- Uf, parece que la cosa ha mejorado – suspiró Miyabi-. En fin ¿necesitáis ayuda?
- ¿Ayuda? – repitió Junjun.
- ¡Volvemos a la situación del principio! ¡Esto no acaba nunca! – exclamó Saki, llevando sus manos a su cabeza.
- ¿Y si buscamos algo más que hacer? – preguntó Miyabi.
- Sí, seguramente sea lo mejor. ¿Vamos a tu apartamento y cotilleamos las fotos de cuando Risako era pequeña? – propuso Saki.
- ¡Claro! Eso siempre es divertido – sonrió Miyabi.

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- ¿Estás segura de que quieres encontrar a la persona adecuada, Yurina? – preguntó Maasa mientras abría la puerta de su apartamento-. Ten en cuenta que no siempre saldrá bien.
- Tranquila Maasa, estoy totalmente segura de que quiero encontrar a alguien con quien estar y tengo claro que no siempre saldrá bien – sonrió Yurina, cerrando la puerta detrás de ella, pensando que Chinami ya había entrado.
- ¡Hey! ¡Me habéis dejado fuera! – exclamó Chinami, aporreando la puerta con los puños.
- Pero Yurina, esto puede ser arriesgado… no sabemos si puede salir una chalada como la Seishun Bus Guide o Sayumi – comentó Maasa.
- Lo sé, pero quien no arriesga no gana – dijo Yurina, guiñándole un ojo a Maasa. Ésta suspiró.
- De acuerdo, si tan segura estás, ¡comencemos a buscar! – dijo Maasa, alzando su puño y dirigiéndose hacia el ordenador portátil de Saki.
- ¡Hey! ¡Que sigo aquí fuera! – se quejó Chinami-. ¡Y quiero ir al baño!
- Abre la puerta, Yurina – le pidió Maasa.
- Oh, ¿por qué siempre me toca a mí la parte difícil? – se quejó Yurina, lanzando un suspiro y apresurándose a la puerta-. Vamos, entra.
- ¡Esto ha sido muy cruel! – dijo Chinami, hinchando sus mejillas.
- ¿Qué haces, Maasa? – preguntó Yurina, frunciendo el ceño.
- Buscar a la pareja ideal de Yurina en el mejor lugar de la red – sonrió Maasa.
- No será una de esas webs de citas de Internet ¿verdad? – preguntó Chinami-. Momoko una vez usó una de esas páginas y acabó teniendo una cita con un perro.
- Lo peor es que ella sigue diciendo que fue una de las mejores citas de su vida – suspiró Maasa, sacudiendo su cabeza-. Y no, no es ninguna página de ese tipo; es algo mucho mejor.
- ¿Qué es? – preguntó Yurina, acercándose al ordenador.
- El perfil de Facebook de Risako – rió Maasa-. Todas las chicas de la ciudad son curiosamente amigas de esta mujer.
- ¡Vale, comencemos a buscar! – exclamó Chinami frotando sus manos. Cada una tomó una silla y se sentaron frente al ordenador de Saki, iniciando así la búsqueda de la pareja ideal de Yurina.

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- Esto… Risako, te lo puedo explicar – sonrió Momoko, nerviosamente-. A Maki Goto le faltaba sal para preparar la comida, así que le dije “¡yo tengo en mi apartamento!” y ella vino conmigo hasta aquí. Yo fui a coger la sal de la cocina, pero Maki tuvo tan mala suerte que se cayó, rodó por el suelo y se dejó caer sobre la cama, donde yo, para que no se volviera a caer, la até con cuerdas y le tapé la boca con cinta aislante porque Maki tenía miedo de morderse la lengua.
- Muy buena historia, pero ahora quiero la verdad – dijo Risako, tratando de evitar echarse a reír por la larga explicación que Momoko había dado. Ésta suspiró y sacudiendo su cabeza, se dirigió a Risako.
- Mira, es que… - comenzó-. Hace dos años, viendo un PV de Maki Goto, me prometí a mí misma que si algún día, por algún casual, me encontrara con ella, la secuestraría.
- Vale, te prometes cosas muy raras – dijo Risako, que aunque su afirmación hubiera sonado a sorpresa, no parecía en absoluto sorprendida.
- ¡No lo pude evitar! Esa voz del pasado me estaba invadiendo cuando la vimos en la cafetería – exclamó Momoko, llevándose las manos a la cabeza. Risako frunció el ceño.
- ¿Sabes? Empiezas a hablar como una verdadera escritora. Tu editora debe estar muy orgullosa de ti – comentó.
- ¿Lo dices en serio? ¡Gracias!
- Pero eso no quita que ¡has secuestrado a Maki Goto! – le gritó Risako, agarrando a Momoko por los hombros-. ¿Acaso no te das cuenta de lo grave que es esto? ¡Tienes a Maki Goto en tu dormitorio! ¡Podrías ir a la cárcel!
- ¿Cárcel? – repitió Momoko-. Yo pensé que me darían un chocolate o algo…
- Claro, ¡Maki Goto es como los conejos que persiguen los perros galgos en las carreras! Si lo cogen primero, ganan – suspiró Risako-. ¡Vuelve a la vida real, Momoko! Ahí dentro tienes a Maki Goto atada y amordazada, y nadie te va a premiar por ello.

Momoko empujó a Risako con fuerza y corrió a encerrarse en el baño. Risako se levantó del suelo y suspirando, se dirigió a Maki Goto para desatarla.
- Siento que mi amiga te esté haciendo esto – le dijo, desatando las manos de Maki-. Cada vez hace más locuras ¿sabes? Es como una gran caja de sorpresas – sonrió, observando como Maki movía sus dedos y miraba sus manos-. Es una chica rara pero no tiene maldad en su interior, así que te pediría que no le pongas ninguna denuncia. Tal vez sólo una orden de alejamiento, pero por favor, no hagas que Momoko acabe en la cárcel – le pidió, llevando sus manos a las piernas de Maki y desatando los nudos que quedaban-. Sé que seguramente estás enfadada, pero ¡compréndela! Eres una mujer famosa ¡y muy bella! Más bella que yo, si eso es posible – rió ella, liberando a Maki de la cuerda que la ataba-. Es normal que te haya secuestrado. Incluso yo lo hubiera hecho, y eso que creo estar bastante bien de la cabeza – sonrió. Maki, aunque llevaba la mordaza, también sonrió. Se levantó de la cama, haciendo que las cuerdas cayeran al suelo y se quitó la mordaza de un tirón.
- Tranquila; no voy a denunciarla, ni siquiera le pondré una orden de alejamiento – dijo Maki.
- ¿Ah, no? – preguntaron tanto Risako como Momoko, que salía del baño donde estaba escondida.
- Pero ¿por qué? – preguntó Momoko-. ¡Te he secuestrado!
- Ya, pero ¡a mí me secuestran a diario! – rió Maki-. Bueno, no a diario, ya sabéis, pero cada vez que salgo a la calle, tarde o temprano alguien acaba secuestrándome. Supongo que es lo que tiene ser famosa ¿no? – sonrió-. Y Momoko fue bastante amable conmigo. Incluso a la hora de secuestrarme, me trató de usted. Me dijo: “Disculpe, no deseo molestarla pero, la voy a secuestrar y a llevarla a mi casa. Espero que no le importe” – Maki imitó el tono de voz de Momoko, soltando alguna que otra carcajada-. Así que, definitivamente no voy a denunciar a Momoko.
- ¿Lo dices en serio? – preguntó Risako.
- Sí, totalmente en serio – dijo, asintiendo con su cabeza-. Bueno ¿qué queréis que hagamos ahora? Porque veo esta situación un poco extraña.
- Eh… no sé ¿qué podríamos hacer? – preguntó Momoko.
- ¿Por qué no cocinamos brownies? – propuso Maki.
- ¡Claro! – exclamaron ambas.

Y así continuó el día de Momoko y Risako, pasando una entretenida tarde con Maki Goto en la cocina del apartamento de Momoko, con chocolate, brownies y más de una carcajada.

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- Sí, tres pizzas con extra de queso y pepperoni – dijo Maasa con el teléfono en la oreja-. No, no queremos refrescos. Ni tampoco juguetes de Hello Kitty. No, tampoco queremos un globo con forma de corazón. Vale, se acerca San Valentín, pero eso no quiere decir que quiera comer pizza con un globo con forma de corazón. No, no estoy siendo desagradable, estoy siendo honesta. Sólo quiero tres pizzas – Maasa suspiró y guardó silencio-. ¡MIRE, NO INSISTA MÁS! ¡DÉME LO QUE LE HE PEDIDO! – le gritó-. ¿Dirección? Sí, espera, ahora mismo se la doy…
- Y ahora tendremos un escupitajo en la pizza – comentó Chinami. Maasa le dedicó una mirada de asco.
- Pensándolo mejor… déme esos juguetes de Hello Kitrty, esos refrescos y ese globo con, uh, forma de corazón – dijo Maasa-. Sí, he cambiado de opinión. No escupa en mi pizza, por favor.

Las dos chicas se echaron a reír mientras Maasa iba hacia otra habitación a hablar con el pizzero. Instantes después, una muy cansada Saki y una agotada Miyabi entraron por la puerta, seguidas por las extranjeras de antes.
- ¡Hola! – saludaron Chinami y Yurina. Las otras dos contestaron con un gruñido.
- ¡Bo! – dijo Junjun. Chinami frunció el ceño y miró interrogativamente a su compañera de piso.
- ¿Por qué siguen con vosotras? – preguntó.
- ¡Eso mismo me pregunto yo! – exclamó Saki. Miyabi se dejó caer sobre el sofá.
- No nos dejan en paz. Hemos intentado explicarles que no nos sigan pero ¡no lo entienden! – explicó Miyabi, poniendo su cabeza debajo del cojín-. ¡Juro que si oigo a esa chica decir “Bo” una vez más, me da algo!
- Bueno, ya están pedidas las pizzas – informó Maasa, volviendo al salón y dejando el teléfono sobre la encimera de la cocina-. ¿Qué ocurre aquí?
- Las nuevas amigas de Saki y Miya no tienen mucha intención de dejarlas en paz – contestó Yurina.
- ¿Mucha? ¡No tienen ninguna intención! – corrigió Saki-. Me caen bien, pero llevamos un buen rato huyendo de ellas.
- Dejádmelo a mí – dijo Maasa, poniendo sus manos a la altura de la cintura y mirando desafiante a las chicas. Para la sorpresa de casi todas las presentes, Maasa habló en chino. Seguidamente, la pequeña costurera le dijo algo. Maasa respondió, muy amablemente. Junjun miró a Yurina y, señalándola le dijo algo a Maasa. Ésta sacudió su cabeza con furor. Junjun suspiró y sacó su cartera del bolsillo de su pantalón. Le entregó 1000 yens a Maasa. Ésta se encogió de hombros y cogiendo el dinero de la mano de Junjun, se despidió de ellas. Éstas sonrieron a Saki y a Miyabi y salieron por la puerta.
- ¿Cómo lo has hecho? – preguntó Miyabi.
- ¿¡Desde cuándo sabes chino!? – preguntó Chinami, aún sin poder creerlo.
- ¿De qué era la pizza que habíamos pedido? – preguntó Yurina, que no parecía interesarse demasiado en el asunto de las chicas chinas. Maasa se dirigió primero a Chinami, puesto que estaba más cerca.
- Pasé dos años trabajando en China, como gerente de una fábrica de galletas de la suerte – explicó-. Fue una época muy divertida de mi vida. Aunque después de lo que vi creo que no comeré más galletitas de la suerte… - se tocó el estómago y miró a Miyabi-. Simplemente les dije que os dejaran en paz, y ellas, por un módico precio, han accedido.
- ¿Qué módico precio? – preguntó Saki, preocupada.
- Una cita con Yurina – sonrió Maasa.
- ¿¡Qué!? Me tienes que estar tomando el pelo – dijo Yurina. Maasa sacudió la cabeza.
- La chica alta quería una cita contigo a cambio de dejar en paz a Miyabi y a Saki, y yo, se la he dado – contestó Maasa, sin darle mucha importancia-. Así, solucionamos dos problemas al mismo tiempo; tú tienes una cita y ellas dos se quedan tranquilas.
- ¡Me has citado con una china psicópata que dice BO! – exclamó Yurina, llevando sus manos a la cabeza.
- ¡Hey, parecía simpática! Y tiene una granja de cerdos – dijo Maasa-. Tiene un cerdo llamado Bo.
- ¿¡Repetía el nombre de su cerdo!? – preguntó Miyabi, levantando su cabeza bajo el cojín-. Definitivamente no me vuelvo a ofrecer voluntaria para ayudar a extranjeras.
- Y yo tampoco – suspiró Saki-. Ayudar es muy complicado.
- ¡Buenas nooooooooches! – exclamó Momoko felizmente, entrando felizmente por la puerta.
- Hola, Momo – contestaron la mayoría de ellas.
- ¿Qué tal todo por aquí? – saludó Risako, entrando tras Momoko-. Traemos a alguien especial.
- No será el perro del que se enamoró Momoko ¿verdad? – preguntó Chinami.
- ¡No! Y no hables así de Freddie – la regañó Momoko.
- Nuestra invitada especial es… - comenzó Risako, señalando hacia la puerta- ¡Maki Goto!
- Me estás tomando el… - murmuró Yurina, antes de ver a la famosa cantante entrando por la puerta.
- Buenas noches. Espero no molestar – dijo ella, muy educadamente, como si controlara todas y cada una de las palabras que decía.
- ¡Maki Goto! – exclamó Miyabi, levantándose del sofá donde estaba tumbada boca-abajo.
- Pero ¿qué haces tú aquí? – preguntó Saki, pero luego al darse cuenta de lo agresivo que había sonado, procedió a corregirse-. No es que no me agrade que estés aquí, pero es que me ha sorprendido. No sorprender en el mal sentido de sorprender. Si no sorprender, sorprender, en el sentido de “¡Oh! ¡Qué agradable sorpresa!”. Y estoy hablando demasiado. Mejor me callo – dicho esto, se sentó y bebió un trago de agua. Maki soltó una carcajada.
- Tienes amigas muy graciosas – le dijo a Momoko.
- ¿De qué conoces a Momoko? – preguntó Maasa, curiosa.
- Digamos… que hay una cuerda que me ató a ella desde el momento en el que nos conocimos – sonrió Maki. Tanto Momoko como Risako se echaron a reír ante el ceño fruncido del resto.
- ¡Hemos traído brownies! – exclamó Momoko, señalando la bolsa que Risako llevaba consigo y que nadie había notado anteriormente.
- Los hemos hecho en casa de Momoko – dijo Risako.
- ¡Yay! ¡Brownies! – exclamó Chinami-. ¡Hoy es un gran día!
- ¿Veis? Os dije que todo puede mejorar – dijo Maimi, entrando por la puerta.
- ¿Cuánto llevas allí? – preguntó Maasa, frunciendo el ceño.
- … Más tiempo del que pensáis – suspiró Maimi-. Pero bueno, la cosa es que yo tenía razón.
- No te vayas acostumbrando – le dijo Saki, guiñándole un ojo.

Y así terminó lo que parecía ser un día horrible: con pizza, Hello kitty, refrescos, globos con forma de corazón, risas, y por supuesto, mucho, mucho Maki Goto.

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Bonus track: Maki Goto, Junjun y Linlin hablan sobre los especiales de Tomo-da-chi!

Maki: ¡Hola, gente del blog de Takitty FanFics! Somos Maki Goto, Junjun y Linlin, y venimos a hablaros sobre los especiales de Tomo-da-chi.
Junjun: Bo.
Linlin: ¡Cabra!
Maki: Sí, eso es. Cada cinco capítulos tendremos un episodio especial en el que los sucesos que ocurrirán en el episodio serán mucho más raros ¡si eso es posible!
Junjun: Bo, Bo.
Linlin: ¡Takoyaki!
Maki: Claro que sí, ¡los especiales serán muy divertidos! El siguiente episodio será un episodio especial, en esta ocasión, ¡especial San Valentin!
Linlin: ¡¡¡¡BENTOU!!!!
Maki: Sí, habrá mucho bentou, claro. En todos los episodios previos a los especiales, se pondrá este tipo de Bonus Track para comentar un poco cómo será el especial. Así que, no puedo deciros más que ¡estad esperando a que llegue el especial San Valentín!
Linlin: ¡Teeeeeeeee!
Junjun: Bo!
Yurina: ¡No pienso tener una cita con esa cosa!

4 comentarios:

Anónimo dijo...

haha eres la mejo Bo!!!!

Momoko yo tamb secuestraria a Maki Goto y de paso a Ai-chan jojojo.

Ame el momento JunLin haha Bo! eso me recordo al Hello! morning donde segun Makoto queria decir Ok y dijo Bo!

Me encanta y muy buena idea el bonus.


Gab98





Gab98

kuri dijo...

fue genial lo del secuestro
quien iba a pensar que momo secuestraria
a la mismicima maki goto xDDDDD
Wiii ya kiero leer el siguente capitulo

reina.kawai dijo...

este capitulo es bueno como siempre me solprendio lo pervertidaque es risako tratando de espiar a las chicas en sus intimidades XD y el "BO" de junjun jaja espero que sigas asi a ver que tal esta ese bonus que mencionas

Anónimo dijo...

hahahahaha genial!!! pense que Maki y Momoko tendrian un momento intimo ahahahaha!!! sigue pronto

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