Seishun Collection - Capitulo 5 (Parte 2)

Clasificasion:R-0

El demonio y el ángel, segunda parte

5 pares de pies subieron las escaleras de la clínica privada “En Ricas Manos” (si, se llamaba así) a toda velocidad.

El elevador se tardaba mucho y Jun y Eric no fueron capaces de esperarlo. Estaban enormemente preocupados, tanto, que apenas habían abierto la boca camino a la Clínica.

La única vez que la abrieron fue cuando subieron a su limusina y su Mamá preguntó:

-¿Quién es Ai-chan?

Si, su madre había insistido en venir con ellos, y claro, como no podía dejar sola al bebe Airi, partió la familia completa al hospital.

Sayu estaba muy avergonzada y molesta por la actitud de su madre. Si hasta Koharu había demostrado una sorpresiva madurez y decidió que mejor era volver a su casa. ¿Por qué la mayor, más experimentada y se supone más responsable no podía ser así?

-Es un amigo de Kamei-san y Jun-san –le explicó ella-.Fue él que vino ayer a la casa en la limusina que viste.

-¿Ai-chan vino a verte a casa? -fueron las extrañadas palabras de Eric que parecía aún un tanto aturdido por la noticia del accidente.

-Ha…Hai, quería hablar conmigo respecto a…algo.

-¡Ay, ¿no es increíble, chicos?! -había exclamado su madre con emoción.- Recién llegada a la escuela y ya rompe los corazones de todos los hombres.

-¡Mamá! -le dio un golpecito en las costillas.- Este no es momento para decir tonterías como esas y en todo caso ¿Por qué viniste?
-Como buena madre me preocupo por los amigos de mi hija.
-¿Ah?
¡¿Con que cara le decía eso después de preguntar quién era el enfermo?!
-Kamei-san ¿te dijeron que fue lo que pasó exactamente? -quiso saber Jun.
Eric sólo denegó con la cabeza, tenia la preocupación escrita en todo el rostro.

Subieron los 3 pisos lo más rápido que le permitieron sus pies (Sayu se retrasó para ayudar a la anciana de su madre), y cuando llegaron la sala de esperas esta estaba casi vacía.

-¡Arturo-san! -Eric corrió hacia el hombre que Sayu reconoció como el chofer que había visto el día de ayer.- ¡¿Cómo está?! ¡¿Dónde está?!
-¡Ay! ¡Qué bueno que llegó Señorito Eric! -exclamó el hombre demostrando un evidente alivio al verlos llegar.
-Vine lo más rápido que pude. Estas son Michishige Sayumi, de la escuela; su madre y su hermana. Este es Arturo-san, el mayordomo de Ai-chan.

Las tres hicieron una inclinación de cabeza, la cual el mayordomo correspondió. Sayu se percató de que tenía los ojos colorados por el llanto y sus huesudas manos no dejaban de temblar.

-El día de ayer la señorita Michishige fue muy amable con el Señori…con el Seño…-le tembló la barbilla y sacó un pañuelo para secar las lagrimas que comenzaron a salir a borbotones por sus ojos.
-Cálmese, Arturo-san.-el muchacho rodeó los hombros del criado con un brazo.- Cuénteme, ¿Qué fue lo que pasó? Necesito saberlo todo.
-Ti…Tiene usted razón. -coincidió el pobre hombre y se sonó la nariz estruendosamente. -
Discúlpeme, yo estoy un poco nervioso.
-Está bien. Lo entiendo perfectamente.

Eric llevó al mayordomo para que se sentara y le ofreció un vaso de agua de una maquina dispensadora que había en la sala. Luego de que estuviera más calmado se puso a hablar nuevamente.

-Yo…yo llegué a las 3:15 a la academia a recoger al Señorito al igual que lo hago todos los días, pero él nunca apareció. Yo…¡yo por supuesto que me preocupé mucho! Como ayer lo encontré ahí botado todo ensangrentado entre para preguntar si alguien sabia algo, pero nadie lo había visto desde que habían terminado las clases. Entonces…entonces seguí esperando en la entrada para ver si aparecía o algo, pero ¡nada! Lo llamé a su celular ¡pero nada!.-sacó el pañuelo y se cubrió el rostro en medio de hipidos.

Sayu y los otros escuchaban el relato del hombre con el corazón encogido. Aquel sirviente si que adoraba a su patrón.

-Des…después dieron las 7 y comenzó a oscurecerse, entonces pensé que a lo mejor el Señorito podría haberse marchado antes y no lo hubiera visto. Decidí volver a la casa y cuando…cuando iba a abrir el portón de la mansión para entrar el auto yo…yo lo vi.
-¡¿Qué vio?! – exclamó la señora Michishige al borde de la desesperación, los ojos de la mujer se hallaban bañados en lagrimas gracias al emotivo relato.
-E…Era el Señorito. Estaba tirado junto a la puerta con la mitad del uniforme ensangrentado y con su billetera tirada a un lado, ¡completamente vacía! Tampoco estaba el celular ¡se lo llevaron todo!
-¡¿Y Ai-chan?!-preguntó Eric.- ¿Estaba consiente?

Arturo-san bajó la mirada y negó sentidamente con la cabeza.

-Y todavía no lo está.

Al terminar su trágico relato el chofer se lanzó de rodillas al piso y se cubrió el rostro con sus arrugadas manos.

-¡¿Qué clase de animal despiadado haría algo como esto?! ¡Mi amo es un buen muchacho que nunca le haría daño a nadie! ¡¿Qué voy a decirle a Miki-sama cuando llegue?! ¡¿Cómo voy a poder ver el retrato de mis difuntos amos si es que el señorito no…no despierta!
Y se lanzó a llorar desconsolado.

-¡Oh no! -la Señora Michishige se lanzó de rodillas junto a él para brindarle su apoyo moral y su hombro para llorar.- ¡Tranquilo Señor, todo estará bien!

De algo que sirviera la entrometida de su Mamá, pensó Sayu.
-¡El pobre Aoi-kun despertará!
-¡Es Ai, Mamá!

Debió suponerlo ¡Sólo iba allá a dejarla en ridículo! Aunque, ¿Qué importaba el ridículo ahora? ¿Acaso Takahashi-san iba a morir?
-¡¿Y Los médicos no han dicho nada?! –exigió saber el usualmente calmado Eric con cara de angustia y sin esperar respuesta se echó a correr hasta la recepción.- ¡Señorita ¿Cómo se encuentra Takahashi Ai?!

Hasta que recobrara el conocimiento no podían decir nada definitivo, por el momento lo sometían a rigurosos exámenes para saber si había sufrido alguna clase de daño cerebral.
Jun se sentó en estado de shock en un sillón apartado, mientras que Eric se dejó caer en un rincón de la sala donde comenzó a hablar consigo mismo.
-¡Jamás debí dejarlo solo! ¡¿Por qué tuve que pelearme con él justo hoy día?! ¡¿POR QUE?!

Y Sayu tenía el corazón destrozado por ver al Señor Arturo llorando desconsolado, por ver a Jun con una evidente expresión de desconcierto, por ver a Eric en estado post-traumático y claro, por Takahashi-san. ¡Apostaba su cabeza que esa Tanaka tenia algo que ver!

Pero ¿de verdad era tan cruel como para mandar a alguien al hospital? ¿Era acaso tan desalmada como para dejar inconsciente a alguien que la había ayudado y encubierto esta mañana?
Realmente no sabia que pensar.

-¿Dónde rayos está Gaki-san? – soltó Eric abandonando su rincón.
-No he podido ubicarlo.-le informó Arturo-san con pesar.- No contesta su celular.
-¡Oh no! -gimió la Señora Michishige invadida por el pánico. -¡A lo mejor él también…¡a él también lo atacaron! ¡A lo mejor se trata de un ataque en masa de los neonazis!

Eric y Jun pusieron una expresión como si acabaran de sufrir un infarto.
¡Su mamá realmente era una idiota!

-No lo creo. –se apresuró a pronunciar Sayu con firmeza.- Niigaki-san es un chico fuerte, estoy segura de que sabe como defenderse.
Todos la miraron con curiosidad.
-Bueno, de eso me he dado cuenta en estos dos días.
-Michishige-san tiene razón -concordó Eric más calmado. –De seguro ese estúpido se quedó dormido o algo así.

Se escucharon unos rápidos pasos y se volvieron esperanzados pensando que podría tratarse de Gaki, pero cuando la persona apareció todos parecieron desilusionarse, excepto Arturo.
-¡Señorita Miki! -exclamó parándose de un salto y corrió a recibirla.-¡Señorita Miki por favor perdóneme!
-¿Dónde está mi hermano? –lo interrogó la recién llegada con expresión seria y apariencia solemne.

Así que ella era la temida y respetada hermana mayor de Takahashi-san. Pues en cuanto Sayu la vio sintió el impulso de inclinarse a sus pies y obedecer a todas sus órdenes. Su vestido negro y elegante, su cabellera larga y bien cuidada, sus manos largas y delgadas y su rostro duro y estilizado la hacían imponerse, pensó Sayu, en cualquier lugar al que fuera.

Era difícil de creer que esa solemne mujer y el delicado Takahashi-san compartieran la misma sangre. O sea, al lado de esa mujer hasta Tanaka Reina parecía un insecto. Bueno, lo era de por si, pero ¿Qué importaba?
-Mi nombre es Michishige Sayumi. Encantada de conocerla –fue a demostrarle sus respetos después de que la mujer saludara a los dos amigos de su hermano y estuviera ya enterada de su estado de salud.
-¿Y tú eres…
-Compañera de escuela de Takahashi-san. Estas son mi madre y mi hermana pequeña.
-¡Michishige Sachiko! -chilló su madre haciendo una exagerada reverencia y obligando a Airi a hacer lo mismo.- ¡Sentimos mucho el incidente de su Señorito hermano!
Ok, ahora acababan de terminar de dejarla en ridículo. Grandioso.

-Gracias por su apoyo.-contestó la mujer sonriéndoles dulcemente. ¡Estaba totalmente convencida de que la mujer apenas las iba a mirar! Estaba claro que las apariencias engañaban totalmente.
-Eric-kun. -la mujer llamó la atención de este último.- ¿Y Risa-chan?
¿Risa-chan? ¿Y quién era esa?
-No sé, no contesta el celular. Lo llamé un montón de veces, pero me aparece el buzón.
¿Ri…Risa-chan? Acaso, por alguna de las descabelladas casualidades de la vida podría ser ese el primer nombre de…
-Por eso, yo les dije a Arturo-san y los chicos que este podía tratarse de un ataque múltiple de los neona---

-Cierra la boca -le susurró al oído con rabia.
-Bueno, -concluyó la Señorita Takahashi después de levantar una ceja ante el comentario de la mujer.-Por ahora sólo nos queda esperar.

Y se sentó con solemnidad en la sala de esperas; a esperar…
El doctor se apareció una vez para decirles que el enfermo aún no recobraba el conocimiento, pero que según los exámenes creían que no tenia ningún tipo de contusión cerebral grave, sólo un par de costillas rotas. El único problema era que no podían saber cuando despertaría, podían ser horas, semanas, meses y en el peor de los casos años.

-¿Puedo verlo? -preguntó la Señorita Takahashi poniéndose de pie.
-¿Es usted un familiar?
-Su hermana mayor.
-Entonces puede pasar.

La mujer se marchó con el doctor, y en cuanto se cerró la puerta de la urgencia, tras ellos volvieron a sentirse pasos que se acercaban por el pasillo rápidamente.
Eric miró con interés, pero Sayumi pensó que esos pasos parecían más de zapato de mujer y que ella supiera, Gaki-san no era travesti.
Bajo la cabeza reprendiéndose internamente por su mala broma.

-¡¿TÚ?! -oyó exclamar a Eric y levantó nuevamente la cabeza. En ese momento creyó que se desmayaría ahí mismo.
-¡Vine lo más rápido que pude! -exclamó la chica casi sin aliento.
¡Si! ¡Lo más rápido! ¡Y por eso era que venia con esa ropa carísima y exhibicionista y con la cara más pintada que mono de circo! Esperen ¿acaso tenia la pintura de los ojos corrida?
Acaso ella…

-¡No he parado de llorar desde que me enteré! -anunció Tanaka Reina con cara de tragedia asiendo un pañuelo empapado, al parecer, en lagrimas.- Yo…estaba desesperada.
-¡Señorita Reina! -exclamó el mayordomo acercándose con paso rápido.- ¡Que gusto tenerla aquí!
-¡¿Cómo se encuentra Ai-kun?! -preguntó mientras envolvía al chofer en un calido abrazo.

Acaso Sayu ¡¿estaba soñando?! ¡¿Desde cuando tan cariñosa y preocupada por Takahashi-san?!
-Nee Sayu. -su madre le toco el hombro con un dedo y se acercó para preguntarle en voz baja:-¿Acaso no es ella quien creo que es, cierto?
-¡¿Inconsciente?! -Reina se cubrió la boca con espanto.- ¡¿Qui…quien pudo hacerle algo tan horrible como esto a mi Ai-kun?!
¿Su…Ai-kun?
-Eso es justamente lo que nos gustaría saber a todos, Señorita.
-¿Puedo verlo?
-Ahora mismo entró la Señorita Miki, pero podemos preguntar. Estoy seguro de que si el señorito estuviera despierto la recibiría con los brazos abiertos. –el hombre calvo le dio unas palmaditas cariñosas en la cabeza a las que ella contestó con una tierna sonrisa.
-Después de Miki-Neesan vamos a pasar yo y Jun.- declaró Eric mirando a Reina con cara de pocos amigos.
-¡Oh, Kamei-san, Jun-san, ustedes también están aquí y…

Los ojos de la chica se abrieron exageradamente al percatarse de la presencia de Sayu.
-Mi…Michishige-san.-tartamudeó estupefacta.-¿Y?
-¡Su hermana y su madre! -exclamó la madre de Sayu dando un paso al frente con orgullo.

Ahora que estaba junto a Eric-kun y Jun-kun sacaba coraje, pero antes “¡no, Sayu, debes hablarle dulcemente y alabar su cabello!”. Increíblemente así era el doble estándar de algunas personas. Apropósito ¿ese peinado raro no se lo quitaba ni cuando salía de la escuela?
-¿Dónde está Gaki-san? -preguntó la chica mientras inspeccionaba el lugar con la vista.- ¿No ha llegado?
-No sé ¿No le habrás hecho algo a él también, cierto?
-¡¿Reina?! ¿De que estas hablando Kamei-kun? Ai-kun es mi amigo de infancia y en estos momentos me siento realmente afectada como para soportar tus ataques sin razón.
¿Amigo de infancia? ¡¿Qué rayos estaba pasando aquí?!
-¡Cínica de porquería!
-Kamei-san.-Jun lo sujetó del hombro y negó con la cabeza.

Eric no tuvo más que resignarse y luego de lanzarle una mirada de desprecio a Tanaka Reina volvió a su rincón para seguir culpándose.
-¡Miki Onee-sama! -la muchacha bajita se acerco a la mujer cuando esta apareció por la puerta acompañada por el doctor, minutos después.
-Reina-chan. -pronunció la mujer esbozando una amable sonrisa.- Ya me parecía extraño no verte por aquí antes.
-¡Lamento mucho la tardanza! -se inclinó exageradamente y Sayu se espantó porque pudo verle los calzones. Eran rosas y cubiertos de corazoncitos…Y ella que pensaba que ocupaba portaligas o algo así. ¡Que desagradable visión!
-Está bien. -dijo la mujer dándole un golpecito en la cabeza con cariño, igual como había hecho el chofer antes. -De todas formas él sigue dormido.
-¿Pu…puedo verlo?
-¡No! -exclamó Eric acercándose hecho una fiera.- ¡Él es nuestro amigo! ¡Nosotros llegamos primero!
-Kamei-san, cálmate.
-¡Déjame Jun! Yo…yo…
-Sólo puedo admitir 2 visitas más, pueden pasar de a dos si lo prefieren.-informó el doctor a sus espaldas.
-Podrían pasar primero la Señorita Reina y la Señorita Michishige. -sugirió el chofer.- Ya sé que no es mi deber meterme en estas cosas, pero si el señorito estuviera consiente estoy seguro de que desearía que estas dos señoritas lo visitaran.

Sayu lo miró boquiabierta. ¿Ella?

-Después de todo.-agregó el señor fijando su mirada en ella.- Esta jovencita lo ayudó mucho el día de ayer.
Se sintió apenada cuando las miradas de Reina y la hermana de Takahashi-san recayeron sobre su persona.
-¿Y nosotros qué? -preguntó Eric malhumorado.
-Reina-chan y ¿Sayuri?...-comenzó a decir la señorita Takahashi.
-Sayumi, señora.-la corrigió su madre.
-Disculpe. Que primero pasen Reina-chan y Sayumi-san, luego ustedes 2, chicos. ¿Qué les parece?

Al chico no pareció agradarle mucho la idea, pero terminó aceptando a regañadientes. Luego de susurrarle un discreto “vigílala” al oído se despidió con la mano junto al resto.
-¡Mándele saludos de mi parte al Señorito, Señorita Reina!
-En su nombre. -Reina sonrió angelicalmente y acompañada de Sayu siguió al Doctor hacia las habitaciones.

-Solo 5 minutos. -les informó el profesional abriéndoles la puerta para dejarlas pasar.

Reina entró con paso rápido mientras que Sayu se quedó petrificada en el marco de la puerta.
Era la primera vez en su vida que veía lo que veía.

La habitación era amplia, blanca y olía a limpio, lo cual de alguna forma le recordó su experiencia en la enfermería ayer por la mañana, pero sin duda la enorme cama en el centro de la habitación era la que le había impedido dar un paso más. Estaba rodeada de aparatos extraños y desconocidos para ella que de vez en cuando metían ruiditos, igual como en las películas. Incluso, había uno de esos monitores cardiacos funcionando, esos que mostraban las pulsaciones del corazón de los protagonistas de telenovelas que en el ultimo capitulo siempre fallecían dejando a su enamorada sola, triste y abandonada, pero tampoco era eso lo que la había dejado así, sino que era el individuo recostado sobre la cama. Tenia los ojos cerrados ¿esos eran sus ojos, cierto? Y respiraba con la ayuda de una mascarilla extraña, sus brazos estaban conectados a agujas y cables. Lo que más llamaba la atención era su rostro que estaba blanco como el papel o algo así porque la cantidad de vendas y parches que lo cubrían por todos lados más el enorme moretón en el ojo derecho no la dejaba distinguir bien; de hecho, si no le hubieran dicho que esa persona era Takahashi-san, no se lo hubiera creído.

Sintió un enorme dolor en el pecho ¡Aquel chico era tan amable y siempre había tenido una sonrisa para ella!

Ahora existía la probabilidad de que ya no le quedara ninguno de los dientes de esa dulce sonrisa e incluso a lo mejor esos ojos cálidos y afables jamás volverían a abrirse.

Su garganta se contrajo ¡Sentía un enorme remordimiento! Ese día lo había ignorado completamente en el almuerzo y se había reído cruelmente de él…
Se veía tan solitario…

-Oye tú.-habló la otra chica con una vocecita presumida.- ¿Vas a entrar o te vas a quedar ahí con cara de tragedia?

¡Sayu lo sabía! Aquella preocupación y amabilidad que había mostrado hace un rato no era más que una actuación. En cuanto se marchó el doctor, la chica había entrado sin dirigirle ni siquiera una mirada al enfermo. Había ido directo a recargarse contra una de las paredes del lugar con actitud aburrida, y ahora no hacia más que asesinarla con la mirada.

-Todavía no entiendo que demonios haces tú aquí. -le dijo con tono hostil sin quitarle los ojos de encima.
Bueno, la verdad era que ella tampoco lo sabía bien, pero…

-Tampoco entiendo porque te la pasaste todo el día pegada a la tortuga.
Sayu, que había estado mirando fijamente el rostro del enfermo alzó la cabeza para enfrentarla con la mirada. No podía haber ser más despreciable que esa chica que se vestía y actuaba como una verdadera zorra.

-¿Qué? ¿Tengo algo en la cara que me miras tanto? O ¿acaso te molestó lo que Reina dijo?
-¿Qué estas haciendo aquí? -habló al fin con los dientes apretados.- ¿A que viniste?
-¿Ah? ¿Me estás hablando en serio? Pues a que mas podría venir sino es a ver a mi querido amiguito.-fijó su mirada en el individuo por primera vez.- Se ve mal ¿no crees?-agregó con una vocecita animosa.

¡Chotto! ¡¿Qué acaso no tenia ni una pizca de vergüenza?!
Sayu apretó los puños con furia, tanto que sintió dolor cuando sus propias uñas se le clavaron en la piel.

-¡Fuiste tú ¿no es así?! -exclamó sin poder controlarse.- ¡Tú le hiciste esto al pobre Takahashi-san!
-¿Yoooo? - la chica puso cara de victima.- ¿Cómo crees?

La muchacha se acercó lentamente hasta la cama y alzó una de sus manos hasta el rostro del malherido colocando una expresión un tanto sombría.

-¡No lo toques! ¡Aléjate de él inmediatamente!
-Oh.-la chica se detuvo en seco y apartó la mano.- ¿Quién lo creería? Jamás pensaría que Takahashi tuviera una admiradora. Si no supiera que lo conociste ayer pensaría que eres su noviecita.
-¿Ah? -soltó estupefacta.- No digas estupideces.
-¿Te gusta?
-¿Qué?
-Igual que la tortuga, el chino y MI Gaki-san. En cuanto te vi supe que eras una mujerzuela.
- ¡Oye ¿Qué crees que estas diciendo?!

¡¿Con que cara la llamaba mujerzuela a ella?! ¡Que se mirara al espejo primero!

-¿Y quieres que te diga? La verdad es que me puse muy triste cuando supe que el Chino entrometido había llegado justo antes de que los chicos te dieran tu merecido.
¡Maldita perra! Ya no la aguantaba más.
Sus pies se movieron por si solos.
-Alto ahí, Michishige. Si intentas algo como eso podría costarte muy caro ¿sabias?
-¡Pues no te tengo miedo! -le gritó enseñándole los puños.
-¿Ah no? ¿Y entonces porque el otro día casi te hiciste encima cuando te toque un mísero pelo?
-¡Cállate! Yo…¡estaba confundida! ¡Pero te repito que no te tengo miedo! ¡Y jamás te perdonare lo que le hiciste a Takahashi-san! ¡Menos cuando él…él…él está enamorado de ti!

Soltó la palabras sin pensar demasiado, deseando restregarle esa verdad en la cara para hacerla sentir mal.
Sin embargo, la reacción no fue la que esperaba.

-Ya ¿y? - inquirió Reina haciendo una mueca de burla.
No podía ser…¡¿Ella lo sabia?!
-Ja, ¿Qué es esa cara, muñequita? Acaso pensabas que la Gran Reina no se había dado cuenta. No soy estúpida ¿sabías? Mucho menos ciega como otro.
-Pe…pe…pero…
-No es culpa de Reina que los hombres la deseen, incluso si son bobos y buenos para nada como este.

¡¿Co…cómo se atrevía a decir esas cosas junto al lecho de Takahashi-san?! ¡¿Cómo tenia el atrevimiento de despreciarlo cuando lo que él siempre hacia lo que ella quería y ahora probablemente por su culpa estaba hinchado y amoratado como una mora?!
Sayu no podía entenderlo, era demasiada maldad y bajeza reunidas en una sola persona.

-Oh, parece que te molestaron las palabras de Reina, de casualidad ¿estás enoja---
-¡Desgraciada! -le gritó poseída por la ira.- ¡¿Así es como pagas la devoción y el amor de una persona?! ¡Eres lo peor!
La aludida la miró con los ojos muy abiertos por un rato, sin embargo su desconcierto no duró demasiado. De inmediato se puso a la defensiva y le gritó de vuelta.
-¡¿Y qué demonios sabes tú?! ¡¿Quién rayos eres tú para venir aquí y decirme que clase de persona soy?! ¡No me conoces! ¡ni a mi ni a Ai-chan!
¿Ai-chan?

-¡¿Crees que es muy agradable tener al mismo hombre tras de ti desde hace más de 10 años mirándote con la misma cara de bobo?! ¡Él me persigue porque él quiere! -concluyó y le dio la espalda, sus hombros estaban agitados y parecía de verdad muy enojada. Aún así Sayu pensó que no estaba actuando como siempre la había visto hacerlo, de hecho, cuando le dijeron que iban a entrar juntas, sintió mucho temor. Creyó incluso que la chica podría golpearla o algo así, pero en lugar de eso solo se estaba comportando como una mocosa tratando de justificarse y sin reconocer la gravedad de sus crímenes. Tanaka Reina era una chica después de todo y sin sus guardaespaldas lo único que le quedaba eran sus palabras.

-Yo lo odio.-habló la chica luego de un rato mientras movía sus manos. Sayu creyó ver que tomaba algo de la mesita al lado de la cama. Era largo y brillante, algo así como una cadena con una medallita. Si su vista no la engañaba, se trataba de una medallita con forma de corazón.

¿Acaso eso era de Takahashi-san? Al parecer tenía unas letras grabadas, pero la verdad era que no veía bien.

-Es un perdedor.-prosiguió Reina depositando la cadena en la palma de su mano derecha y cerrando el puño con fuerza.- Espero que se muera y se vaya al infierno.
Cuando Sayu abrió la boca para contestarle notó como la chica introducía su mano en uno de los bolsillos de su chamarra. Luego se giró nuevamente y la miró con cara de pocos amigos.
-Deja de entrometerte en los problemas de los demás y vuélvete a tu pueblucho,-caminó hasta la puerta y la abrió.- Se acabó el tiempo.

¿Qué seria esa cadenita que se había guardado en el bolsillo? ¿Y para qué? , se preguntaba Sayu sentada en la sala de espera, frotándose los brazos y juntando las rodillas para calentar su cuerpo. Maldito el aire acondicionado de la clínica, se estaba congelando. ¿Por qué no se abrigó antes de salir?

-En cuanto regresen Kamei-sama y Jun-sama, nos marchamos ¿ok? –le comunicó su madre envolviéndola en sus brazos para brindarle calor.
-Hai, pero ¿Cómo?
-Taxi, a no ser que tus amigos quieran ir a dejarnos a casa.

La miró ceñuda.
-¿Tú no tienes vergüenza, cierto?
-Ay Sayu, pero hace tanto frío y podrían hacernos “algo” de vuelta si volvemos solas. –su madre le echó una mirada de soslayo a Tanaka Reina que estaba sentada más allá con una cara de tres metros que se acentuaba aún más por la pintura corrida debajo de sus ojos.
-Es tú culpa por no pensar antes de subirte a autos ajenos.
-¡Pero Sayu! Yo sólo vine a entregarle mi apoyo a esta familia destrozada.
¿Familia destrozada?, pero si cuando ella y Reina habían regresado a la sala de espera la hermana de Takahashi-san ya se había marchado.

-A pesar de su corta edad la Señorita Miki es una joven muy ocupada y trabajadora, no por nada es la cabeza de la familia Takahashi -les explicó rato atrás a ella, a su hermana y a su madre el amable y ya menos afectado Arturo-san.

Así que la familia Takahashi-san estaba compuesta solamente por él y su hermana…
Con razón parecía un chico tan solitario; a lo mejor si hubiera tenido un padre y una madre ellos lo habrían aconsejado acerca del amor y de que tipo de chicas eran las indicadas para enamorarse, porque ¿Qué rayos le veía a Tanaka Reina, por favor? Era bajita, escuálida, se vestía como prostituta y su cabello se lo hubiera querido cualquier payaso para hacerse una peluca; y para que hablar de su actitud. O sea, si ni siquiera al tonto y bocón de Gaki-san le gustaba; de hecho, la odiaba.

Esbozó una pequeña sonrisa mientras miraba a Reina con crueldad en sus ojos. Cada uno tenía lo que se merecía.

-Aquí están los cafés.-anunció el criado acercándose con una bandeja de cartón repleta con vasos de café.
-¡Yey! –la criminal cambio súbitamente de ánimo y corrió para ir a recibirlo.- ¿Quiere que lo ayude, Oji-chan?

Ok, ¿Quién era esa y dónde habían metido a la zorra?

-¿Cómo se le ocurre, Señorita? Arturo es el empleado aquí.
-Pero lo veo tan cansado y se que debe estar pasándolo muy mal. Déjeme hacerlo.
-No, me rehúso señorita. Tome su café y sírvase por favor. Le traje el que solía servirse antes ¿todavía le gusta?
-¡Oh, Por supuesto! -los ojos de la chica brillaron con alegría. -¡Arigatou Arturo-san!
-No hay de que. Es usted un ángel, Señorita.

¡Un ángel del demonio querría decir!
En cuanto el hombre le dio la espalda la chica sonrió con petulancia.
¡¿Por qué la desgraciada no se sacaba la careta y mostraba sus verdaderas garras?! ¡Sayu odiaba a la gente mentirosa y a esa mentirosa en especial!

-Sus cafés señoritas, tal y como me los pidieron.
-¡Ohh! ¡Arigatou Arturo-san! ¡Es usted un ángel caído del cielo! -exclamó su madre con ¿fervor?

Si, definitivamente esto comprobaba su teoría de que a su madre le hacia falta un hombre para ocuparse en algo además del trabajo. Claramente el dinero le estaba dañando el cerebro. De otra forma no estaría metida ahí hablando tonterías.

Acercó el vaso de plastico a sus labios y lo probó con regocijo. ¡Era uno de esos caros de los locales Starbucks que había visto cruzando la calle! Era tan rico, delicioso y era totalmente ¡gratis! Lo más importante es que le hacia mucha falta. Una hora más en esa clínica y le daría hipotermia.
Por cierto ¿Cómo podía Tanaka ir con esa falda diminuta y no congelarse de frío? Bueno, traía botas y una chamarra gruesa con un cuello peludito, pero…

-¡SUELTENMEEEEEEEEEEEEEE!

Sayu fijo su mirada en el corredor ¿Qué había sido ese grito?

-¡Quítenme las manos de encima, idiotas! ¡Déjenme pasar! ¡Si no los voy a machacar!

Un minuto, ella había escuchado esa voz antes…en algún lugar…

-¡Tengo que ver a Ai-chan!

De pronto aparecieron unos 5 guardias por la escalera forcejeando con un pequeño y delgado ¿muchacho? La cantidad de ropa y accesorios representativos del estilo hip-hop o algo parecido apenas dejaba ver de quien se trataba. Tenía una chamarra gigantesca, los pantalones holgados y una gorra le cubría la cabeza.

-¡Señorito Gaki!
-¡¿Gaki-san?! -exclamó Reina, dejando el vaso de café en el suelo y acercándose a los guardias.
-¿Acaso lo conoce, Señorita? Este individuo estrelló su motocicleta contra el árbol frente a la entrada del establecimiento diciendo que quería ver a alguien.

-¡A Ai-chan! ¡A Ai-chan quiero ver! -exclamó arrastrando un poco las palabras y tambaleándose un tanto.
-Como ve obviamente se encuentra en estado de ebriedad; no podíamos dejarlo subir así nada más.
-¡Suéltame Gorila! -gritó el chico dándole un pisotón y un empujón para liberarse.
-¡Tranquilo Tranquilo!- gritaron los otros guardias y lo inmovilizaron de manos.

¡Esperen un segundo! ¿Este enano vestido como delincuente juvenil en potencia que gritaba maldiciones y apenas podía mantenerse en pie, era el mismo chico que se hacia llamar a si mismo el Rey de la escuela? ¡Por favor! ¿Acaso Haromoni@ era un reformatorio? ¡Definitivamente hacia una pareja perfecta con Tanaka Reina!

¡Si hasta los colores de sus ropas combinaban!
-¡Sayu, ¿Quién es ese…espécimen?! –le preguntó su madre cubriéndose la boca con una mano debido a la impresión.
-Ah…etto…un amigo de Kamei-san y Jun-san.
-Déjenlo -ordenó Reina con autoridad.- Es mi novio.
-¡¿Ehhhhh?!
-¿Ah? –masculló Gaki medio aturdido. Se notaba que apenas sabia donde estaba parado. -¿Noviooo?

-¿¿En serio? -inquirió la señora Michishige.- Aunque no me sorprende demasiado. ¿Te fijaste? Sus ropas combinan.
-¿No…novio? - el sirviente de Takahashi Ai parecía igual de impactado que ellas.- ¿De verdad?
-¡Por supuesto! -aseguró la chica con felicidad.-Ahora ustedes ¡quítenle las manos de encima! ¡Brutos!

Los guardias no tuvieron más que obedecer y soltarlo, Gaki apenas dio un paso y perdió el equilibrio tambaleándose hacia delante, apenas alcanzando a reaccionar y sujetarse de lo que tenía en frente.

Y así fue como cuando Jun y Eric volvían a la sala de esperas vieron a Gaki aferrado la cintura de Reina y hundiendo la cabeza entre sus pechos.

-¡¿Qué diablos crees que estás haciendo con ésta cuando tu mejor amigo esta prácticamente en coma?! -bramó Eric con furia asiéndolo bruscamente por la ropa y plantándole un puñetazo en plena cara.-¡Insensible!
-¡Señorito Eric!
Gaki cayó hacia atrás y por poco se golpeó la cabeza.
-¿Ka~me?
-¡¿Cómo que Ka~me?! ¡¿Acaso estabas bebiendo y por eso no contestabas tu celular?!
-Ai-chan¬~ ¡Ai-chaaaaaaaaaaaaaaaaan! -fue la descabellada respuesta que soltó mientras intentaba ponerse de pie en medio de trompicones. Eric lo tomó por la chamarra y comenzó a darle pequeños golpes en el rostro para que reaccionara.
-¡Despierta!
-¡Oye! ¡¿Qué crees que le haces a mi hombre, Kamei-kun?!
-¡Tú cierra la boca!
-Kamei-san…
-¡Déjame Jun!
- ¿Jun? ¿Cuándo…cuando llegasste? ¿Don…dondeee está Ai-chan? ¡hip! –Gaki se aferró de la chaqueta de Eric con la mirada perdida.-¡Oh! ¡Aparecieron más kameeees!
-¡Oye Gaki-san! Espero que sólo hayas estado bebiendo alcohol y no fumando cosas raras.
-¿Gaki-san? ¿ y Quién es eseeee? jajajajajajajajajajajaja
-¡Chotto! ¡Estoy hablando en serio!
-Kamei-san ¿no ves en que estado está? Será mejor que lo llevemos a casa o se pondrá peor.-sugirió Jun, sin duda él era él más sensato de todos.
-¡Ah no! Reina será la que se lo llevará a casa ¿entendieron? No pienso dejarlo a solas con Kamei-kun y---
-¡Desaparece de mi vista! -la calló el chico rojo de ira. A continuación se agachó para tomar a Gaki del brazo y ayudarlo a levantarse.-Vamos Gaki-san, vamos a llevarte a casa.
-¿Casa? ¡¿A Casa?! ¡¿Y Ai-chan?! ¡Dijeron que Ai-chan estaba enfermo!
-No puedes verlo en ese estado, mañana te traigo. ¿ok?
-¡Nooooooooo! -el chico aferró el rostro de su amigo con violencia.- ¡Kameeeeee!
-¡Suéltame!

Y luego hundió su rostro en su cuello.

-¡Kameeeee! ¡Vamos a jugar! -pronunció entre un montón de baba, deslizando su mano bajo la chaqueta del chico.
Sayu y Reina ahogaron un grito mientras que la madre de Sayu fue y le cubrió los ojos al bebe Airi.
-¡Suéltame!- la tortuga roja como un tomate le dio un fuerte empujón y Jun lo recibió entre sus fuertes brazos.- ¡Déjame en paz, ebrio!
-Noooooooooooooooooo Noooooooooooooooo ¡Kame malditooooooo! ¡Suéltenme! ¡Aiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!

Y así en medio de tanto grito tomaron el ascensor y salieron rápidamente del lugar.

-Yo también me voy, Arturo-san -anunció Reina y se marchó malhumorada.
Y así fue como las 3 se quedaron a solas con el sirviente de Takahashi Ai.
-Parece que al final si tendremos que tomar el taxi. -habló su madre con desilusión.
-¿Taxi? ¿Cómo se le ocurre, Señora? Yo las voy a dejar.
-¡Oh! Arturo-san vuelvo a decirlo ¡es usted un ángel caído del cielo!

Sayu recordó el enfurecido rostro de Eric-kun mientras observaba su hermoso reflejo en el vidrio de la limusina.

¿Por qué el chico había reaccionado de esa manera tan violenta? Siempre le había parecido un chico tan dulce y amable, jamás se lo hubiera imaginado golpeando a otro; aunque era entendible por un lado. Esa Tanaka Reina no dejaba nunca de hacer de las suyas. ¿Novia de Gaki-san? Que bajeza de su parte aprovecharse de su estado para decir esas tonterías y ese tonto no ayudaba mucho tampoco ¡¿Qué diablos se había fumado?! ¡Intentó aprovecharse de su bello y virginal chico tortuga!

-Con este panorama parece que va a ser mejor que el señorito no despierte.
-¿Ah? ¡¿Cómo dice eso Arturo-san?! -su madre se giró a la ventanilla que comunicaba el compartimiento del chofer con el de los pasajeros.
-Disculpe, no quise decir que me guste que el señorito esté así. No lograré estar tranquilo hasta saber que el responsable sea castigado, pero siempre me ha parecido que mi señorito nunca ha sido muy feliz que digamos.
-Explíquese.

Que mujer más entrometida que era su mama y lo peor es que ni siquiera tenia decencia para chismear.
-Es esa escuela.-contestó Arturo.- Le he dicho un montón de veces que se cambie a otra, pero el insiste en quedarse ahí con sus amigos y…la Señorita Reina.
Sayu sintió como se le encogía el corazón.
-¿La Señorita Reina? -repitió su madre.- Me dio la impresión de que aquella chiquilla era muy cercana a la familia. Tenia entendido que su padre era Tanaka Kyousuke-san, relacionado con cuestiones un tanto…usted me entiende.

Y como su madre sabia el nombre de pila de ese sujeto, Sayu nunca lo supo.
-Eso es lo que dicen, yo soy un simple empleado, pero créame, nunca he visto algo de ese caballero que pudiera considerar reprobable. Pero si, son muy cercanos a la familia Takahashi, son años de amistad.
-¡Oh! Ya veo.
-Pero como estaba diciéndole antes, tengo la impresión; no, estoy seguro de que el señorito es infeliz en ese colegio. Lo he visto golpeado, encerrado en el baño curándose sus propias heridas para que yo no lo viera, incluso…llorando.

La voz del hombre tembló y Sayu y su familia temió que explotara en lágrimas de nuevo.
-¡Tranquilo Arturo-san!
-Pe…pero es tan frustrante ver al señorito que es casi como un hijo para mí, en ese estado. De seguro Miki-sama ya se contacto con la policía para que se pusieran a trabajar en el culpable ¡sólo espero que lo encuentren pronto!
-¡Eso harán, Arturo-san! ¡Usted sólo espere!

Llegaron a su casa después de la medianoche y se despidieron del chofer dándole sus mejores deseos para que su amo se recuperara pronto.
Sayu se tiró en su cama desfalleciendo por el cansancio físico y mental. No pasaron ni 5 minutos cuando cayó profundamente dormida.

Su visión era un poco borrosa hasta que apareció una puerta blanca en frente de ella. Intentó abrirla, pero era muy pesada y debió apoyar todo su cuerpo para poder moverla. Finalmente lo hizo y una potente luz la cegó de repente. Estaba dentro de una habitación amplia, era la sala de clases de la academia; no, la sala de recreación estudiantil; no, la habitación del hospital de
Takahashi-san…

Dio un paso al frente, ahí estaba el muchacho recostado sobre la cama mirando el sol que entraba por la ventana.
Sayu se puso feliz de verlo despierto y sin ninguna herida en su rostro y el resto de su cuerpo.

-¡Takahashi-san! -exclamó acercándose con paso alegre.
-Lo perdí.
El rostro del muchacho se puso serio de pronto y se llevó una mano al cuello.
-Ella se lo robó.

5 comentarios:

Tami dijo...

Muy bueno logre distraerme un rato!!!
me gusto el cap .. sobre todo la parte como llego risa! su roopa mme encanto xDD encerio
y erik enojado *¬* T______________T
espero gakiii valla donde ai y se casen lol xDD
*w* sii no quiero qu ai se kede son reina jum!
nuncaaaaaaaaaaaaaaaa!
jiji espero la continuacion ..muchas gracias n_n
muy buen fic!!!!!!!!!!!!!!!♥♥♥♥

Michi.Pinku! dijo...

sadsad Eric enojado es taan sekuchy >o<
insisto yo quiero un chico tortuga ;_;
y sí realmente me has distraído a mí también
>_< Sigue pleaase
y no sé si es mi impresión pero es como si de todos modos Reina sintiera algo por Ai .w.
debo estar loooca >o<

kari de kamei dijo...

oh mi gaki!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
los chones de reina jajaja
y sierto es muy sekushii eric/sama
sigamos con el club de fans de eric!!!!!!

Gab98 dijo...

me uno hahahah *con una banderita que dice Eric-kun*

>.<

Esto huele a ReinAi jojojo mas te vale pk quiero ReinAi ¬¬ XDDDD

y algo de Takgaki Yaoi no me molesta XD jojojo

パオラ dijo...

eaaaa yo digo que reinita siente algo por ai..!!! aunque lo niege wow gaki muy tenton con el chico tortuga..!!! jaja sigo insistiendo amo a Jun-sama..!!! jeje aunque imaginarme al chico tortuna enojado me agrada:d (L) me uno a club..!!!

es cierto nos hiciste distraernos un poco de las malas noticias =(


en fin conti..!!! muy bueno..!!!

GAKI (L) GAKI (L) wow...no se por que pero me gustan los idiotas...:s
jeje

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