Free - Cap 1 Parte 2

Clasificación: R-0

Capitulo 1 Parte 2

Al amanecer, a pesar de encontrarse realmente cansadas, decidieron salir a dar un paseo con el perro, que felizmente correteaba por el camping. Risa, con las manos en sus bolsillos, caminaba lentamente junto a Ai, que observaba todo lo que le rodeaba maravillada. Había tantas cosas que no había visto anteriormente; gente de diferentes culturas, maneras diferentes de llevar las cosas a cabo…
-Todo esto es fascinante – comentó Ai, sonriente.
- Es la primera vez que vienes de camping ¿verdad?
- Sí; mi marido no me llevaba a ningún sitio. A veces se iba él solo con la caravana y me dejaba a mí en casa cuidando de G-Dragon.  Llevo tres años sin disfrutar de la luz del sol. Sólo salía para ir a hacer la compra.
- Debió de ser horrible – dijo Risa, deteniéndose y poniendo su mano en la mejilla de Ai, que al notarlo se detuvo a su lado.
- Lo fue – admitió Ai, acariciando el largo cabello de Risa-, pero ahora estoy bien, que es lo que importa.
Risa la tomó por la cintura y la besó dulcemente. Ai sonrió y le devolvió el beso. Los campistas de su alrededor se quedaron boquiabiertos mirándolas. Ambas rieron y continuaron caminando.
-A mí no me gusta ir de camping. Me da claustrofobia. Es de lo peor – dijo Risa.
- Tal vez no te guste porque acampas con la gente equivocada.
- Sí, tal vez sea por eso – sonrió. Siguieron andando, pasando por delante de una familia alemana que estaba preparando el desayuno.
- Yo tampoco tengo una familia de la que me sienta especialmente orgullosa – comentó Ai-. Yo diría que lo que tenía no era realmente una familia. Me obligaron a casarme con aquel hombre. Parecía que querían deshacerse de mí como fuese.
- Comprendo perfectamente lo que sientes. Mis padres me han obligado a hacer un montón de cosas que yo no he querido. Soy como… la cenicienta, pero sin madrastras ni hadas madrinas.
- Es curioso; yo me he descrito a mí misma muchas veces también como una cenicienta.
- Tenemos más cosas en común que las que creíamos – sonrió Risa, pasando su brazo por la cintura de Ai. Ésta apoyó su cabeza en su hombro y continuaron caminando.
- Eso parece.

Segundos más tarde se dieron cuenta de que ya estaban frente a la autocaravana. El perro estaba frente a la puerta, arañándola con ansias de poder entrar. Ambas sonrieron y Ai se apresuró a abrir la puerta. G-Dragon entró de un salto y luego, más cuidadosamente, entraron ellas.
- Bueno, todavía es bastante pronto; ¿qué quieres que hagamos antes de comer? – preguntó Ai, cogiendo la mano de Risa.
- No lo sé; ¿qué quieres hacer tú?
Unas pocas lágrimas salieron de los ojos de Ai al escuchar lo que había dicho su compañera.
-¿Puedes repetirlo? – le pidió. Risa, con una sonrisa, se acercó a Ai y puso sus manos en sus caderas.
- ¿Qué quieres hacer, Ai? – repitió. Ai dejó caer unas cuantas lágrimas más y besó a Risa.
- Gracias… Llevo tanto tiempo esperando escuchar esa frase… - murmuró. Risa asintió en silencio.
- Te entiendo perfectamente.

Se tumbaron en la cama de nuevo, pero esta vez ambas miraban por la ventana que había en el techo, que dejaba ver el cielo azul y alguna que otra nube. Risa volvió la vista a Ai y le acarició la mejilla.
- ¿Cuánto tiempo te vas a quedar?
- No lo sé. No tengo nada planeado.
- Yo me voy pasado mañana… - murmuró Risa,  volviendo la vista a sus manos. Ai la miró y sintió ganas de llorar. Risa era la única que la entendía, a parte de su perro, ¿cómo iba a poder sobrevivir sin ella?
- Pero ¿qué pasa conmigo? – preguntó. Risa la miró y le sonrió.
- Tranquila; tenemos hoy y mañana para pensar cómo hacer que yo me quede contigo. Algo se nos ocurrirá.
- Eso espero. Yo no quiero que te vayas… eres lo único que tengo – susurró. En ese instante, el perro ladró-. Aparte de él, claro está.
- Tranquila – sonrió-. Yo no me iré de tu lado.

Continuaron conversando, compartiendo caricias, besos y algún que otro abrazo hasta la hora de comer. Dejaron a G-Dragon en la caravana y fueron a buscar un restaurante.
Ai sólo disponía del dinero suficiente para pagar dos menús en el McDonalds cercano al camping. Risa quiso pagarlo por las dos, pero Ai insistió.
-Es la primera vez que salgo en tres años. Quiero hacer las cosas por mí misma – sonrió. Risa asintió y dejó que pagara los dos Happy Meals. Ai lo eligió porque le parecía el más original, además del más barato. Buscaron una mesa libre y se sentaron la una frente a la otra. Risa observó atentamente como Ai examinaba cada cosa que encontraba en la caja sorpresa. Le recordaba a una niña pequeña.
- ¡Hey! No sabía que tenía un regalo dentro – exclamó, emocionada-. ¿Qué es?
- Es una pistola de agua de Hello! Kitty.
- ¿Hello Kitty? Es muy mono. Me gustaría tener más cosas así – sonrió, apuntando a Risa con la pistola.
- ¿No conocías a Hello Kitty?
- No; ni idea que existía – se encogió de hombros y siguió sacando cosas de la caja-. Hey, se han equivocado. Me han puesto una patata diferente en mi bolsa de patatas.
- Es una patata deluxe; la ponen con las patatas normales para que las pruebes y las compres en otra ocasión, aunque fingen que ha sido un accidente.
- ¡Vaya, eso es muy frívolo! – sacó la hamburguesa y miró a Risa-. ¿Qué? ¿No abres tu caja?
- ¡Ah! Sí, perdona – sonrió-. Me había quedado tanto tiempo mirándote que había olvidado que tenía mi propia comida.
- Eres una monada – comentó. Risa se sonrojó un poco y abrió su Happy Meal para sacar todo lo que tenía en su interior. Comenzaron a comer en silencio.
- ¿En serio no conocías a Hello Kitty? – preguntó. Ai asintió y siguió comiendo-. Pero tu perro se llama G-Dragon, como el cantante coreano. ¿Cómo podías conocer a ese cantante y no a Hello Kitty?
- La verdad – Ai tragó lo que estaba masticando- es que yo no lo conocía. Yo encontré a G-Dragon abandonado en la calle, dentro de una caja, cuando volvía del supermercado. Su nombre estaba escrito en un trozo de cartón. Al verlo, se me enterneció el corazón y me lo llevé. A mi marido no le hizo ninguna gracia, pero al final aceptó que me lo quedara.
- Así que ¿tú no sabes quién es G-Dragon?
- Sé algo de él. Sé que forma parte de un grupo, Big Bang, y que es bastante popular. De él sólo he visto el vídeo de Heart Breaker.
- Vaya – murmuró Risa, comiendo una patata-. Si quieres, te puedo enseñar más sobre él. No lo escucho mucho, pero si sientes interés en él…
- No, no hace falta – sonrió-. Conozco otros grupos que me gustan más. Pero… sí, hay muchas cosas que me gustaría que me enseñaras.
- Será todo un placer enseñártelas – contestó, sonriente.
- ¿Qué es esta cosa rosa?
- Se llama Petit suise. Es el postre que has elegido. Sabe a fresa. Está bastante rico.
- Nunca lo había visto. En mi casa no tenía postre. Mi madre decía que el postre era de pecadores, y cuando me case, mi marido decía que yo no me merecía un postre.
- Pues, ahora nadie te va a impedir que tengas un postre – dijo Risa, abriendo el Petit suise y cogiendo un poco con la cuchara de plástico-. Abre la boca.
Ai obedeció y Risa introdujo la cucharilla en su boca. Ésta, al saborearlo, sonrió abiertamente.
-¡Está riquísimo! Ahora déjame a mí probar – cogió la cucharilla de la mano de Risa y le dio una cucharada a la boca-. ¿Verdad que está rico?
- Lo está, lo está – admitió, sonriente.
- ¡A partir de ahora compraremos esto a diario! – exclamó, entusiasmada-. Ah, olvidé terminarme lo demás antes del postre.
- No pasa nada – dijo-. Esto… Hay algo que no sé cómo preguntarte.
- ¿Qué es?
- ¿Cómo pudiste conducir la autocaravana? Me refiero, seguro que fueron muchos kilómetros, y…
- Mi padre me enseñó a conducir. Dijo que era lo primero que toda buena esposa debía saber hacer.
- Ese imbécil…
- Pero no te preocupes. Si no fuera por él, ahora no estaría aquí.
- ¿Y tienes carnet de conducir?
- ¿La verdad? Lo tengo, pero no aquí. Lo dejé en casa. Fue muy estúpido, lo sé, pero se me olvidó por completo.
- No importa. Al fin y al cabo, estás aquí, y es lo que importa – sonrió. Ai le devolvió la sonrisa y comió una patata.
- Bueno, estoy hablando mucho. Dime algo de ti.
- ¿Qué decir? Yo… estudio Derecho, como mi padre, pero no me gusta nada. Me obligaron a estudiar esa carrera y la verdad es que no me siento nada cómoda.
- ¿Qué manía tienen los padres con controlar la vida de los demás?
- Eso es lo que pienso yo, Ai - sonrió-. Pero no puedo hacer nada. He intentado escapar de casa en más de una ocasión, pero siempre me han pillado.
- La verdad es que escapar de casa no es nada fácil – comentó-. Pero, si se tienen los medios necesarios, se puede hacer.
- Me gustaría escapar contigo – dijo, seriamente, provocando la amplia sonrisa de su compañera. Ai cogió una patata y la puso en los labios de Risa.
- Y a mí también – contestó. Risa sonrió y comió la patata que Ai le ofrecía.

Continuaron hablando y comiendo hasta que hubieron terminado. Una vez acabada la comida, volvieron a la autocaravana, donde un impaciente G-Dragon esperaba su comida. Risa le dio las patatas que había guardado especialmente para él.

-Y ¿qué hacemos ahora, Risa? – preguntó Ai, lanzando un bostezo.
- Creo que tú misma te has respondido – sonrió-. Será mejor que duermas un poco. Llevas mucho tiempo despierta.
- Tienes razón. Será mejor que vayamos a dormir – dijo, cogiendo a Risa de la mano y llevándola al dormitorio. Ésta rió y miró de reojo al perro, que parecía feliz con las patatas que le había dado.
- Buenas noches, G-Dragon – dijo dulcemente, tumbándose junto a Ai-. Y buenas noches, preciosa.
- Buenas tardes, Risa – rió, dejando un beso en sus labios-. Duerme bien.
- Igualmente.

Ambas debían estar bastante cansadas, pues estuvieron durmiendo hasta el amanecer, cuando G-Dragon comenzó a lamer la mejilla de Risa. Ésta sonrió y vio a Ai, acurrucada a su lado. Se veía preciosa de esa manera. Pensó en prepararle la comida, pero recordó que no tenía nada para cocinar. Con sumo cuidado, Risa salió de la cama sin despertar a Ai y salió de la caravana. Con decisión, fue a la tienda de campaña de sus padres, que aún dormían y cogió la cartera de su padre y la de su madre. Cogió todo el dinero que tenían, que era bastante, y la tarjeta de crédito de la empresa de su padre. Salió silenciosamente de la tienda y se dirigió a la entrada del camping, donde había un pequeño supermercado. Hizo una pequeña lista mental de lo que tenía que comprar y entró.

Después de realizar todas las compras, salió del establecimiento y se encontró con un hombre muy extraño que le parecía haber visto en algún otro lugar. Pensó en ignorarlo y volver a la autocaravana, pero él se acercó a ella.
- Perdone que la moleste – dijo-, pero ¿conoce usted a esta mujer?
Sacó una foto de su bolsillo. Era una mujer de cabello corto. Los ojos de Risa se abrieron como platos al reconocer quién era.
- Es una foto de hace mucho tiempo. Ahora tiene el pelo más largo. Ha venido aquí en una autocaravana azul.
- ¿Quién es? – preguntó débilmente.
- ¿Yo? Soy Takeshi, y la chica de la foto, es mía, mi mujer. Se llama Ai Takahashi – dijo.
Risa se quedó impactada. No se esperaba encontrarse con el esposo de Ai frente a frente.
-¿La has visto o qué? – le preguntó, enfadado.
- Yo… - murmuró. Risa no era capaz de decir ni una palabra.
- ¡Contéstame! ¡No tengo tiempo que perder! Esa indeseada se ha marchado, dejándome solo en casa ¡y necesito una explicación! – le gritó, agarrándola por el cuello de la camisa. Risa no fue capaz de decirle nada-. ¡¿La has visto o no?!
- ¿Has visto tú esto? – preguntó Risa, señalando a Bill, el dueño del camping. El hombre volvió la vista para mirarlo, y ella aprovechó esto para golpearle con su puño. Él cayó al suelo y Risa salió corriendo hacia la caravana. Trató de abrir la puerta, pero estaba cerrada. Soltando las bolsas, golpeó la puerta con su puño-. ¡Ai-chan, abre la puerta!

La puerta se abrió y una llorosa Ai abrió la puerta.
-¡Risa! Pensé que te habías ido… me sentí tan sola.
- Te besaría, pero ¡no hay tiempo! Tu marido te está buscando.
- ¡¿Qué?! – exclamó.
- ¡Te lo explicaré luego! No hay tiempo que perder. Guarda esto – dijo, entregándole las bolsas-. Iré a quitar las patas de la caravana. Tú encárgate de desconectar la red eléctrica y el agua.
- ¡De acuerdo! – exclamó, dejando las bolsas dentro del armario de la ropa y corriendo tras Risa.

Apresuradamente, fue quitando cada pata de la caravana con las manos. Ai desconectó el cable y lo metió dentro del maletero. Lo mismo hizo con el agua. Después, fue a ayudar a Risa con las patas.
- ¡Anda! ¿Ya te vas? – preguntó alguien. Risa volvió la vista; eran sus padres-. Has sido muy amable cuidando de nuestra hija. Sabemos que sólo ha sido una carga para ti, pero agradecemos tu ayuda.
- … - Ai no dijo nada, estaba muy ocupada quitando las patas de la caravana.
- Así que ¿te marchas ya? Has estado muy poco tiempo aquí – comentó la madre de Risa-. Supongo que estar con nuestra Risa hace huir a cualquiera.
- ¡CALLESE! – le gritó Ai-. Su hija es lo mejor de este jodido mundo, así que no permitiré que digáis nada más sobre ella.
- Ai, no tenemos tiempo para discutir, ¡ayúdame! – exclamó Risa, tratando de quitar la última pata. Ai se apresuró a ayudarla, pero por mucha fuerza que hicieran, no pudieron levantarla.
- ¡TAKAHASHI! – gritó alguien a lo lejos. Ai se congeló al oír esa voz. Risa, al oírlo, siguió tirando de la pata, tratando levantarla.
- Vamos, vamos, vamos – murmuró. Entonces, la pata se levantó. Ai corrió al interior de la caravana.
- Así que ¿se marcha? – preguntó el padre de Risa.
- Sí – contestó Risa, entrando en la autocaravana-, y yo, también.
- ¡Risa! – se le oyó exclamar a su madre. Cerró la puerta de la caravana y se sentó en el asiento de copiloto. Ai trataba de arrancarlo, pero no podía.
- Vamos, tú puedes – le dijo Risa, y entonces escucharon el sonido del motor al arrancarse.
- ¡Menos mal! – exclamó, arrancando el coche y saliendo de su plaza.
- ¡TAKAHASHI! – se escuchó gritar al marido de Ai, golpeando la puerta de la caravana-. ¡ABRE Y MÍRAME A LA CARA, IMBÉCIL!
- ¡Vamos, salgamos de aquí! – dijo Ai, cambiando de marcha y conduciendo hacia la salida. El marido de Ai los perseguía, corriendo junto a la autocaravana. Se iba quedando lejos, pero igualmente las seguía muy de cerca.
- Tienes que acelerar – le dijo Risa-. No podemos esperar a que nos abran la valla de seguridad.
- Pero… me sentiré mal por el pequeño Bill – murmuró-.
- Luego le mandaremos dinero para que lo arregle, pero no tenemos otra salida. Acelera, Ai, acelera.
- De acuerdo – dijo, pisando el acelerador y cerrando los ojos. Segundos después notó cómo la caravana se chocaba contra algo y lo destrozaba. Volvió a abrir los ojos; se encontraba en la carretera.Por el retrovisor vio al pequeño Bill, alzando su puño furioso, y a su marido, que se había caído al suelo y les tiraba piedras desde lo lejos. Sonrió. Se sintió feliz por haberlo dejado atrás una vez más.
- ¡Lo conseguiste! – le dijo Risa, besándole la mejilla y abrazándola.
- Lo conseguimos – corrigió, besando una de sus manos-. No lo habría conseguido sin ti. Gracias, gracias, gracias.
- Gracias a ti. Si no fuera por ti, seguiría con mi odiosa familia.
- Eran realmente odiosos ¿eh? Pensaba que exagerabas, pero ya veo que no.
- Pues ya no más – sonrió-. No más marido, no más familia… Sólo tú y yo, y la carretera.
- Pero ¿cómo vamos a vivir? – preguntó, incorporándose a la autopista.
- ¿Qué te parece si por ahora vivimos con esto? – dijo Risa, sacando un fajo de billetes de su bolsillo.
- ¡Increíble! ¿De dónde lo has sacado?
- Digamos que se lo cogí prestado a gente que me debía mucho – volvió a guardarlo en su bolsillo. Ai rió y se acomodó en su asiento.

- Nunca me había sentido tan libre.

Y así comenzó la primera aventura de Ai, junto a su perro G-Dragon y a una desconocida que no tardaría en conocer del todo.


3 comentarios:

miruna dijo...

*__________________* WAAAAAAA!! T_T es tan, tan! me e qedado sin palabras, tia eres la mejor <3 xD
takagaki! continua porfa ^^

Tami_Ai dijo...

me encata este fic!
debio atropellar al esposo ¬¬ maldito
wiiiiii Quiero , necesito *---* mas cap xDD

please ♥

kuri dijo...

oh todo un problema cuando
aparecia el esposo ese
pero k bueno k lograron escapar

Publicar un comentario

¿que te parecio el capitulo?