Tomo-da-chi - Episodio 2

Clasificación: R-0

Nota de autora: Episodio largo. Así que, coge palomitas y ve preparando el asiento. Lo corto en una parte para no invadir tanto el blog, pero clickar en "seguir leyendo" para ... seguir leyendo xD
Estrellas invitadas de éste episodio: S/mileage y Sayumi Michishige.

Episodio Dos: Como animales

Eran las nueve de la mañana cuando las chicas entraban por la puerta de la cafetería manteniendo una alegre conversación entre ellas.
- ¡Buenos días por la mañana, chicas! – saludó Ai con una amplia sonrisa-. Tomaréis lo de siempre ¿verdad?
- Claro, Takahashi-san: grand café noir para todas – dijo Saki, y luego volvió la vista hacia su mesa de siempre-. Oh, vaya, hay una chica ocupando nuestro sofá, vamos a…
- ¡Perdona! – exclamó Momoko, acercándose a la chica que estaba sentaba en el centro del sofá que normalmente ocupaban las Berryz.
- ¿Disculpe? – preguntó la chica en cuestión.
- Esto… nosotras tomamos el café aquí, es nuestro sitio y… - comenzó Momoko-. Nos gustaría… ya sabes… si tu quieres…
- ¡Ah! Ya sé lo que quieres decir, y ¡por supuesto que quiero! ¡Me encantaría! – exclamó ella, emocionada.
- ¡Vale! – dijo Momoko entusiasmada-. ¿Habéis oído? A esta chica le parece bien.
- ¡Por supuesto que me encantará tomar el café con vosotras! – exclamó la chica. Todas se miraron entre sí y luego miraron todas a Momoko.
- Pues… ¡claro! Tomemos el café juntas – dijo Miyabi, quitándose la chaqueta y tomando asiento en su hueco usual del sofá. Todas las demás tomaron asiento en sus sitios usuales, salvo Yurina, porque su sitio estaba siendo ocupado por la desconocida, así que ésta optó por sentarse en el reposabrazos del sofá.
- Pues, como os iba diciendo, Saki, Miyabi y yo vamos a ir al zoológico – informó Risako.
- Me parece muy bien, Risako; el primer paso es asumir que sois unos completos animales – rió Maasa.
- ¿Vais a ir a un zoológico? – preguntó la chica.
- Así es – dijo Miyabi, con una pequeña sonrisa incómoda; la verdad es que no sabía que estaba haciendo esa chica allí.
- No me gustan los zoológicos; me traen malos recuerdos – dijo la chica-. Una vez, cuando me despedía de unos elefantes, me resbalé y me caí.
- Vaya, una trágica historia – comentó Yurina.
- Cafés para todas, chicas – anunció Ai-chan dejando la bandeja con las tazas de café sobre la mesita-. Ahora mismo te traigo tu café con leche, Sayumi.
- Gracias, Takahashi-san – sonrió la que, a partir de ahora, tenía nombre de Sayumi.
- Así que, te llamas Sayumi ¿no? – dijo Momoko-. Es un nombre bonito.
- Gracias, pero yo soy más linda ¡ehe! – dijo, poniendo sus manos en sus mejillas y haciendo una pose kawaii.
- Creo que voy a vomitar – susurró Risako, de manera de que sólo ella pudiera escuchar lo que había dicho.
- Saki, deberías habernos avisado de lo del zoológico; habíamos comprado tres entradas para el estreno de Pandas asesinos – dijo Maasa, un tanto decepcionada.
- Dios mío, pero si tiene pinta de ser la peor película de la historia – dijo Miyabi-. No hay más que oír el título y ya piensas “esto va a ser muy malo”.
- ¡Cuidado con lo que dices, Miyabi! Para tu información, Pandas asesinos es una película con mucho contenido, muchos matices y… - Chinami suspiró-. Vale, lo admito que seguramente será una película malísima, pero ¡vamos! Saki, llevamos yendo a estrenos de películas malísimas desde que empezamos a compartir piso, ¡estás rompiendo una tradición!
- Chicas, dejar de hacer que me sienta mal… - dijo Saki-. Ir sin mí, seguro que os lo pasaréis genial. Después, cuando volvamos del zoológico quedamos todas en nuestro apartamento para cenar y nos contáis que tal ha estado ¿vale?
- De acuerdo, pero me parece un desperdicio de dinero el haber pagado una entrada para que después no vaya nadie… - se quejó Maasa.
- ¿Alguna de vosotras dos querría ir a ver la película? – preguntó Chinami, dirigiéndose a Yurina y Momoko.
- Lo siento, tengo un trauma con los pandas; una vez salí con uno – dijo Sayumi, a pesar de que nadie le había preguntado. El resto de chicas se quedaron flipando con la respuesta.
- Vaya, otra trágica experiencia… - comentó Yurina-. En cuanto a la película, lo siento, pero no, Momoko y yo ya tenemos planes.
- ¿Qué? – preguntó Momoko, sin entender nada, y miró a Yurina, que le guiñó un ojo-. ¡Ah! Síi, tenemos que hacer… eso… sí, la cosa que tenemos que hacer desde… ¡puff! Hace mucho… tiempo.
- Vale, así que simplemente no queréis ir – rió Maasa.
- Exactamente – dijo Yurina.
- Hey ¿por qué no se lo pedís a Maimi? La conocemos desde hace mucho tiempo, y todavía no la hemos visto fuera de su trabajo de camarera – propuso Saki.
- No es mala idea pero… apenas conocemos a Maimi – dijo Chinami.
- Pues ahora tenéis ocasión de conocerla – sonrió Miyabi-. No hay nada que perder.
- Supongo que no perdemos nada por intentar – dijo Maasa, y llamó a Maimi alzando la mano. Ésta se acercó en cuanto termino de coger el pedido de la mesa cinco.
- ¿Me llamabas, Maasa? – preguntó Maimi.
- Sí, verás… ¿a qué hora sales de trabajar? – preguntó Maasa.
- … Maasa, si estás intentando salir contigo, yo lo siento, pero es que tú…
- Para el carro, Maimi; Maasa sólo quiere pedirte que vengas con nosotras al estreno de Pandas asesinos – dijo Chinami.
- ¿Pandas asesinos? ¿Bromeáis? Las entradas están agotadas… - dijo Maimi.
- No; tenemos una entrada de sobra. Íbamos a ir con Saki, pero ella se va al zoológico con Risako y con Miyabi – informó Maasa.
- Bien hecho, chicas; el primer paso es aceptar lo que uno es – rió Maimi.
- ¡Hey! Me has robado el chiste – dijo Yurina.
- Lo siento, Kumai-chan; te invito a lo que estés tomando. ¿Qué digo? Os invito a todas a lo que estéis tomando – sonrió Maimi-. Hoy termino a las cuatro y media. ¿A qué hora es la película?
- Es a las seis, pero podríamos quedar aquí a las cuatro y media para ir al cine – propuso Chinami.
- Me parece bien. Aquí estaré – dijo Maimi-. Si me disculpáis, el señor de la mesa cinco quiere un café español, y no estoy muy segura de que eso exista…
- ¡Hasta luego, Maimi! – exclamó Maasa mientras movía su mano a forma de despedida-. Esta chica es muy agradable.
- ¡Y pensar que le gustan las películas de pandas asesinos…! – dijo Momoko.
- ¿Y esta chica no sale con nadie? – preguntó Risako.
- Rii-chan, ni se te ocurra salir con la camarera – dijo Miyabi.
- ¿Por qué no? Es bastante atractiva – dijo Risako.
- Porque si sales con ella y luego cortáis, la cosa estaría incómoda entre vosotras y nosotras tendríamos que buscar otra cafetería a la que ir, y créeme que no nos gustaría ir a otra cafetería – explicó Miyabi.
- Estoy de acuerdo con Miyabi – dijo Yurina, alzando la mano.
- ¡Chicas! ¡No podéis poner barreras al amor! – exclamó Sayumi, indignada. Todas se volvieron a mirarla.
- Sayumi, tú no conoces a Risako; ella no está enamorada de Maimi – dijo Chinami.
- En realidad, dudo que haya estado enamorada de alguien – rió Yurina, y Miyabi le lanzó una mirada asesina-. Salvo de Miyabi, claro, de Miyabi se enamoró… perdidamente. Se le veía en la mirada.
- Gracias – murmuró Miyabi.
- En fin, va siendo hora de irnos – dijo Saki, mirando su reloj.
- Esperar ¿a dónde vais? – preguntó Sayumi.
- Nosotras nos vamos al zoológico, que tenemos el día libre – dijo Risako.
- Y nosotras a trabajar – dijo Maasa, señalando a Chinami-; espero que nos dejen salir antes.
- Yo me voy a casita, que tengo que escribir el último capítulo antes de mañana – dijo Momoko.
- Yo tengo el día libre; el jefe nos ha dicho que nos odia a todos y que quiere perdernos de vista por un día – suspiró Yurina.
- Qué agresivo es tu jefe para ser el dueño de una fábrica de osos de peluche – rió Maasa.
- No lo sabes tú bien, Maasa, no lo sabes bien – sonrió Yurina.
- Pero ¿y qué pasa conmigo? – preguntó Sayumi.
- Nos volveremos a ver; venimos a la misma cafetería – sonrió Momoko.
- Pero…
- Mira, aquí tienes mi tarjeta de visita – dijo Momoko, sacando de su cartera una tarjeta de visita-. Si quieres, llámame algún día.
- ¡Gracias, Momoko! – se lanzó a los brazos de Momoko y sonrió ampliamente-. ¡A partir de ahora seremos grandes amigas!
- Eh… vale. Ahora me tengo… que ir – dijo, apartándose de ella rápidamente-. Nos vemos ¿vale?
- ¡Vale! – sonrió Sayumi.
Todas ellas se levantaron y se encaminaron hacia la puerta.
- Deberíamos habernos sentado en otro sitio… - murmuró Risako, mientras se ponía su chaqueta.
- Definitivamente, sí – rió Maasa.

Las chicas tomaron caminos distintos: Saki, Risako y Miyabi fueron en dirección al zoológico, Maasa y Chinami fueron a sus respectivas oficinas, y Yurina y Momoko fueron a tomar un helado antes de que esta última volviera a casa para escribir. Tenía que terminar su novela sobre la superficialidad de las patatas fritas y mandarla a la editorial cuanto antes.


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- ¡Ah! ¡Miya, Miya! ¡Mira los delfines! Kawaii! – exclamaba Risako, saludando a los delfines alegremente.
- Ah, Risako parece una niña pequeña ¿no crees? – comentó Saki con ternura. Miyabi asintió con una gran sonrisa.
- Es una monada – sonrió Miyabi.
- ¡Hey! ¡Miya! ¡Ese delfín tiene barbilla larga como tú! – exclamó Risako, riéndose a carcajadas.
- Una niña bastante superficial – comentó Miyabi, abalanzándose sobre Risako y atrapándola contra la pared.
- Al fin y al cabo, Risako es Risako tenga la edad mental que tenga – rió Saki.
- ¡Por última vez, admite que mi barbilla es sexy! – le dijo Miyabi, agarrándola de las manos.
- ¡Nunca! – rió Risako.
- Me parece que empiezo a sobrar por aquí – sonrió Saki, y cogiendo su cámara, fue a ver qué otros animales tenía a su alrededor. Justo al lado del estanque de los delfines, encontró la jaula de una enorme jirafa-. Voy a sacarle una foto para Kumai-chan – sonrió, y le sacó una foto. No conforme con eso, quiso una foto con la jirafa. Miró a su alrededor y buscó a alguien para que le sacara una foto. Encontró a una chica que iba sola comiendo un helado, y se acercó a ella-. Perdone ¿le importaría sacarme una foto?
- Claro, no hay problema – sonrió ella cogiendo la cámara de las manos de Saki. Ésta se acercó a la jaula de la jirafa y posó junto a ella. La chica tomó la foto y le devolvió la cámara a Saki-. La foto ha quedado muy graciosa.
- Gracias – contestó Saki, con una sonrisa en sus labios.
- De nada – le guiñó un ojo y se marchó a ver los delfines.
- Moou, Saki-chan, no te vayas sin decir nada – se quejó Miyabi mientras se acercaba a ella, seguida por Risako que todavía se reía un poco y miraba de reojo al delfín con barbilla larga.
- Es que os veía tan acarameladas que no quería estorbar – sonrío Saki. Tanto Miyabi como Risako se sonrojaron.
- ¡No estábamos acarameladas! – exclamó Miyabi-. Sólo bromeábamos. Pero bueno, eso no importa. ¿Quién era esa chica con la que hablabas hace un momento?
- ¿Ella? No la conozco. Sólo le pedí que me sacara una foto con la jirafa – dijo Saki, enseñándoles la foto que la chica le había sacado.
- ¡Yo también quiero una foto con la jirafa y con Saki-chan! – exclamó Risako, cogiendo la cámara de las manos de Saki y dándosela a Miyabi. Se acercaron a la jaula de la jirafa y se tomaron la foto.
- Realmente es como una niña pequeña – murmuró Miyabi para sí misma, sonriendo.

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- Los helados son la cosa más curiosa del mundo – comentó Momoko, lamiendo su helado.
- ¿Por qué lo dices? – preguntó Yurina, aunque sabía que se iba a arrepentir de preguntarlo.
- ¿Nunca te has fijado en que la manera de comer helado dice mucho de la persona que lo come? – dijo Momoko-. Mira, por ejemplo, a esa mujer de allí. Ha elegido un cucurucho de helado, pero sin embargo, lo come con cucharilla.
- ¿Y? No le veo nada raro – dijo Yurina, frunciendo el ceño.
- No es que sea raro, pero sí llama la atención – dijo Momoko-. Normalmente, cuando alguien pide un cucurucho de helado, desea disfrutar tanto del helado como de la galleta, por lo que lo come sin cucharilla. Sin embargo, esa mujer lo come con cucharilla, lo cual indica que es una mujer cuidadosa con su imagen, que no quiere que su cara se manche con el chocolate del helado. También puedes notar que lo está comiendo rápidamente, seguramente para que no se derrita y no se manche las manos. Definitivamente, es una mujer muy cuidadosa.
- Wow, Momoko, me dejas sorprendida – sonrió Yurina-. Mira, hagamos una cosa; imagínate que no me conoces. Si me vieras comiendo este helado ¿qué pensarías de mí?
Momoko se detuvo a pensarlo unos segundos y luego miró a Yurina con una sonrisa.
- Pensaría que eres inusual y cuidadosa– contestó. Yurina la miró frunciendo el ceño-. Estás comiendo un helado de pistacho, que es normalmente el que menos gusta a todo el mundo. Lo estás comiendo en tarrina y con cucharilla, muy despacio, disfrutando del sabor del helado. O bien te gusta disfrutar de los pequeños momentos, o estás comiendo el helado más despacio porque quieres estar más tiempo conmigo antes de que me vaya a casa.
- Increíble – sonrió Yurina, llevándose las manos a los labios-. Diste en el clavo.
- Ahora tú – dijo Momoko-. Si me vieras y no me conocieras de nada ¿qué pensarías de mí si me vieras comiendo este helado?
Yurina se llevó la mano a la barbilla y lo meditó por un minuto. Cuando encontró las palabras adecuadas, se volvió a Momoko y le sonrió.
- Pensaría que eres como una niña pequeña y que no te importa lo que piensen los demás – dijo Yurina. Momoko se sorprendió al oírlo-. Mírate. Estás comiendo un helado de chocolate, sabor preferido de las niñas pequeñas, seguido del sabor de fresa, y además lo comes a lametones, manchándote por completo la cara. Pero, igualmente, no te importa, y sigues comiéndolo de esa manera, porque nunca te importó lo que pensara la gente. Por todo eso, me parecerías digna de admiración.
- ¿Lo dices en serio? – sonrió Momoko, feliz por lo que acababa de oír.
- Sí, pero preferiría que te limpiaras la cara – rió Yurina, señalando las mejillas de Momoko, que estaban cubiertas de chocolate.
- No me niegues que te parezco irresistible de esta manera – bromeó Momoko, acercándose a Yurina poniendo los labios en forma de “chu”, tratando de besarle. Yurina se levantó y salió corriendo, con su helado en la mano.
- ¡Ni en sueños! – rió, huyendo de allí. Momoko sonrió y se levantó, siguiendo a su amiga.
- ¡Ven y bésame, Kumai-chan! – exclamó, mientras la seguía por las calles de Tokyo.
- ¡NUNCA! – exclamó, riéndose a carcajadas.

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Unas horas más tarde, en otra parte de la ciudad, Maasa se preparaba para salir de su puesto de trabajo para acercarse a la oficina de Chinami. Se despidió amablemente del conserje del edificio y se marchó al edificio de Tendencias Kawaii, que se situaba a sólo unos metros de allí. De camino al edificio, se encontró con unas chicas, de apenas 15 o 16 años que la miraron con cara de asco. Maasa simplemente las ignoró y continuó caminando, pero entonces algo cremoso golpeó su espalda. Se detuvo en seco y pasó la mano por la parte afectada. Nata. Esas niñas le habían tirado una tarta.
-¿A qué demonios viene eso? – preguntó Maasa, enfadada, a las niñas. Éstas rieron y sacaron más tartas de sus mochilas y se las lanzaron a Maasa. Ella trató de esquivar todas las que pudo, pero fue inútil. En cuestión de segundos, prácticamente todo el cuerpo de Maasa estaba cubierto de nata y envoltorios de las tartas.
- ¿Quieres más? – preguntó una de las niñas, tirándole una tarta a la cara. Maasa, un tanto indignada, se quitó la nata de los ojos y resopló.
- No, gracias – y dicho esto, se marchó rápidamente al edificio donde trabajaba Chinami.

Para cuando llegó, ésta ya estaba esperándola impacientemente en la puerta. Al verla, se emocionó y pensó en acercarse a ella exclamando “¡Qué ganas tengo de ver Pandas Asesinos!”, pero después se dio cuenta de que Maasa estaba cubierta de tartas y se echó a reír incontroladamente. Sacó su teléfono móvil y le sacó unas cuantas fotos para mandárselas a Saki. Maasa no pronunció ni una palabra hasta que ésta hubo terminado de reírse.
-¿Qué ha pasado? – preguntó.
- Cuatro niñitas me tiraron tartas de camino a aquí – contestó Maasa, quitándose la nata de la camiseta.
- ¡Qué lástima no haber estado allí para verlo! – rió Chinami-. Mira el lado positivo, así pareces más dulce.
- Ja, ja, ja – dijo Maasa, sin ningún entusiasmo-. Cuando vuelva a ver a esas niñas, pienso vengarme.
- Vamos, no me digas que te vas a meter en una guerra con unas niñitas – dijo Chinami.
- ¡Pues claro que sí! – respondió-. ¿Tú has visto cómo me han puesto las muy asquerosas? ¡Y no me da tiempo a ir a cambiarme de ropa!
- Hey, hey, tranquila, que aquí está Chinami la modista para ayudarte – sonrió-. Ven conmigo: encontraremos algo que puedas ponerte.
- Pero…
- ¡Nada de peros! Estás en manos de profesionales de la moda – dijo Chinami, alzando su dedo índice en el aire. Luego miró a Maasa, y, tomándola por los hombros, le lamió la cara. Maasa se apartó rápidamente-. Sabe a coco.
- ¡Me has lamido la cara! – exclamó Maasa, señalándola con el dedo.
- Saki siempre nos dice que hay que aprovechar la comida – sonrió Chinami.
- Eres más rara que Momoko – murmuró Maasa, mientras se quitaba los trozos de tarta de la cara.
- ¿Alguna vez te han dicho que eres deliciosa? – rió Chinami.
- Permanece lejos de mí – dijo Maasa, entrando al edificio. Chinami se situó a su lado y puso su brazo alrededor de sus hombros.
- Tranquilo; viene conmigo – dijo Chinami al conserje del edificio, que se había impresionado al ver a una chica tarta entrando por la puerta.

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- Bueno, ya estoy aquí – dijo Miyabi, que acababa de volver del baño-. Hey ¿y Risako?
- Entró en la tienda de recuerdos – contestó Saki.
- Esta mujer siempre pensando en comprar – suspiró Miyabi, y luego, con una sonrisa, cogió la mano de Saki-. Vamos.
Caminaron juntas hacia la tienda, pero clara fue su sorpresa al ver que Risako ya había realizado todas sus compras y salía de la tienda cargada de bolsas.
-¿Cómo lo ha hecho? Sólo he tardado cinco minutos… - murmuró Miyabi para sí misma. Saki la escuchó y se echó a reír, y su risa llamó la atención de la joven.
- ¡Ah! Estáis aquí – sonrió Risako.
- ¿Qué demonios has comprado? – preguntó Miyabi señalando las bolsas.
- Eso es secreto de mujer – contestó Risako, llevándose el dedo índice a los labios.
- Pero si tú no eres una mujer – bromeó Miyabi.
- Ah ¿no? Entonces ¿qué soy? – preguntó Risako.
- Eres… ¡un pingüino! – exclamó Saki, y tanto ella como Miyabi se echaron a reír. Risako, fingiendo indignación, dejó las bolsas en el suelo para cruzarse de brazos y sacudió su cabeza.
- ¡Yo no soy un pingüino! – exclamó Risako. Saki comenzó a imitar a un pingüino, dando pequeños saltos y manteniendo sus brazos pegados a su cuerpo. Esta vez, incluso Risako se rió, pero al darse cuenta de lo que estaba haciendo, se detuvo y volvió a fingir indignación.
- Oh, Risako-chan se nos enfadó – dijo Miyabi, tomando la mejilla de Risako. Saki, que seguía dando saltitos, se acercó a ella y la abrazó.
- Lo siento, Rii-chan – dijo, poniendo una voz muy graciosa. Risako soltó una carcajada y correspondió al abrazo de Saki.
- ¡Venga! ¡Vamos a ver a los verdaderos pingüinos! – exclamó Miyabi, imitando lo que Saki había hecho hace unos segundos. Las otras dos se rieron y siguieron a pingüino-Miyabi, que seguía saltando, hacia donde estaban los pingüinos.

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- Moou, esto ha sido muy divertido – comentó Momoko mientras abría dificultosamente la puerta del portal de su casa. Yurina la seguía, sonriente y sudorosa como Momoko.
- ¡Y todavía no te has limpiado la cara! – se quejó Yurina, sacando un pañuelo de su bolso y pasándolo por la cara de Momoko-. Parezco tu madre.
- No podrías ser mi madre ni aunque lo quisieras – rió Momoko.
- ¿Por qué no? Nos llevaríamos bien – sonrió ella.
- Pero sería raro; tú eres muy alta y yo soy un microbio – dijo Momoko, señalándose a sí misma, remarcando que era imposible.
- Por eso podría ser tu madre; tú eres una niña pequeña y yo la adulta – rió, y pulsó el botón para llamar al ascensor.
- ¿Tengo que recordarte qué edad tengo yo y qué edad tengo yo? – preguntó Momoko.
- ¿Tengo que recordarte qué edad mental te salió en el juego de Brain Trainning y qué edad me salió a mí? – preguntó Yurina. Las puertas del ascensor se abrieron y entraron. Una vez dentro, Momoko pulsó el número de su piso.
- ¡Pero eso no vale! – dijo apresuradamente-. Esa DS estaba trucada. Si hubiéramos usado mi DS y no la de Chinami, que está pegajosa y sucia, habría sacado mejor nota.
- Excusas, excusas – dijo Yurina-. Seguro que la tuya está el doble de pegajosa y sucia.
- ¡Mentira!  Lo limpio cada noche antes de irme a dormir, ¡y a veces incluso dos veces! – contestó Momoko.
- ¿Limpias tu DS diariamente pero te paseas por las calles con la cara manchada de chocolate? – preguntó Yurina, frunciendo el ceño. Las puertas del ascensor se abrieron y salieron. Momoko sacó las llaves del bolsillo mientras sacudía su cabeza.
- Eso es diferente – sonrió, acercándose a la puerto de su apartamento-. Una cosa es el higiene personal y otra el higiene de uno mismo.
- Momoko, son exactamente lo mismo – rió Yurina, alzando sus brazos en el aire.
- Lo sé, me he dado cuenta nada más decirlo – admitió Momoko y volvió la vista a la puerta. Se sorprendió al notar que estaba abierta-. ¿Recuerdas si me dejé la puerta abierta al salir?
- ¿Por qué me preguntas a mí? No vivo contigo – dijo Yurina, un tanto preocupada por el hecho de que la puerta estuviera abierta.
- Es que… no me acuerdo… - murmuró. Yurina se acercó a la puerta y, tras observarla detenidamente durante unos segundos, agarró a Momoko y la alejó de la puerta.
- No la dejaste abierta; la cerradura ha sido forzada – dijo Yurina. Momoko se llevó las manos a la cabeza.
- ¿Qué vamos a hacer? – preguntó Momoko.
- Vete llamando a la policía; voy a entrar – dijo Yurina, sintiéndose por una vez como una heroína de las películas.
- Pero Kumai-chan, eso será muy peligroso – dijo Momoko, cogiendo a Yurina del brazo para evitar que entrara.
- Hay veces que una tiene que enfrentarse a peligros cara a cara. Lo entenderás cuando seas mayor – explicó Yurina. Momoko le golpeó el hombro.
- ¡Te recuerdo que soy más mayor que tú!
- ¡Y yo te recuerdo que soy más mayor que tú en cuanto a edad mental!
- ¡Argh! Tú ganas – contestó Momoko, cruzándose de brazos. Yurina sonrió y le acarició la mejilla.
- Si no sobrevivo, cuida de Risako – murmuró. Momoko se echó a reír.
- ¿Por qué? ¿Acaso te gusta Risako? – preguntó, alzando una ceja.
- No, pero no creo que sea capaz de cuidarse por sí misma ¿Tú has visto lo mucho que se parece a un pingüino? – comentó Yurina, alzando sus manos. Momoko soltó una carcajada y Yurina se acercó a la puerta.
- Entraré contigo, Yurina. No pienso dejarte sola – dijo Momoko, agarrando a Yurina del brazo.
- Pero, será peligroso – dijo Yurina, sorprendida por lo que le acababa de decir.
- Hay veces que una tiene que enfrentarse a los peligros cara a cara – afirmó Momoko. Yurina sonrió y lanzó un suspiro.
- No paras de sorprenderme – contestó-. De acuerdo; entraré, y tú vendrás detrás de mí. Si la cosa se pone fea, tú sal y llama a la policía ¿de acuerdo?
- Eso está hecho – dijo Momoko, y alzó su puño en el aire-. ¡Vamos a ello!

Yurina tomó aire y, al abrir la puerta de un empujón, soltó un pequeño grito al ver quién estaba sentada en el sofá. Momoko la siguió y clara fue su sorpresa.
- ¿¡Qué haces tú aquí!? – preguntó Yurina, con una mano sobre su pecho para calmar los latidos de su corazón.
- ¡Soy la nueva compañera de piso de Momoko! – sonrió Sayumi.
- ¿Com… compañera de piso? – repitió Momoko, asustada.
- ¡Claro! En tu tarjeta de visita decía tu dirección, y pensé que querías que fuera tu compañera de piso – explicó Sayumi-. ¡Ya he traído todas mis cosas! Mis padres se han puesto tan contentos al enterarse de que tengo una nueva amiga…
- ¿Tus… cosas? – repitió Momoko, todavía sin creer lo que estaba oyendo.
- ¡Sí! Me he traído mis peluches, mis cremas faciales, mi pasta de dientes, mi pijama… toooda mi ropa – enumeró Sayumi-. Me he instalado en la habitación de invitados.
- Claro, claro… ¿nos disculpas a Momo y a mí un segundo? – preguntó Yurina, agarrando a Momoko de la muñeca y arrastrándola a la cocina. Una vez allí, Momoko estalló.
- ¿¡Qué demonios hace esa tía aquí!? – exclamó.
- ¡No lo sé! – gritó Yurina-. Pero está claro que está muy mal de la cabeza. Sólo hablaste con ella ¿cuánto? ¿Tres segundos? Y ya te consideró su mejor amiga.
- Esto me da muy mala espina – comentó Momoko-. ¿Qué vamos a hacer?
Yurina se quedó en silencio unos segundos y se acercó a la encimera de la cocina.
- Llamaré a la única que tiene soluciones para todo – dijo, cogiendo el teléfono inalámbrico de su base.
- ¿A quién?

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- ¿Ves? Te dije que este vestido te quedaría muy bien – sonrió Chinami, satisfecha con el trabajo que había hecho.
- Pero ¿no es muy formal? – preguntó Maasa, mirándose otra vez en el espejo-. Parecerá que intento ligar con Maimi si voy tan arreglada.
- Tonterías. Maimi ya sabe que estás locamente enamorada de ella – rió Chinami.
- ¡No estoy enamorada de Maimi! – exclamó Maasa, sonrojada-. Es muy mona, sí, pero no es mi tipo de mujer.
Chinami rió y sacudió la cabeza mientras las dos salían del edificio. Caminaron y conversaron durante el camino al Tomo-da-chi, donde habían quedado con Maimi. Maasa notaba que las miradas de la gente se quedaban clavadas en ella, y no era de extrañarse; llevaba un vestido verde muy bonito, pero demasiado formal como para llevarlo por la calle.
- La gente me está mirando mal – comentó Maasa, sonrojada.
- Tranquilízate, nadie te está… - Chinami no pudo terminar la frase, pues notó como un objeto chocaba contra su espalda, haciendo un ruido parecido a un “choff”. Chinami se llevó una mano a la zona afectada y notó que esta estaba manchada de una especie de nata. Se dieron media vuelta y se encontraron con las chicas de antes, llevando un carro de supermercado lleno de tartas.
- Mirad chicas… No lo hagáis… Podemos llegar a un acuerdo – dijo Maasa, acercándose lentamente a ellas. Chinami le hizo un gesto para impedir que lo hiciera, pero era demasiado tarde: Maasa ya tenía una tarta en la cara. Se la apartó rápidamente de la cara y miró a su compañera, que asintió su cabeza cuando sus miradas se encontraron. Sin más pensarlo, echaron a correr mientras gritaban. Las niñas las perseguían a poca distancia, tirándoles tartas de coco y nata.
- ¿¡POR QUÉ NOS TIRAN TARTAS!? – preguntó Chinami a gritos mientras esquivaba a una señora que se interpuso en su camino.
- ¡SUPONGO QUE LES HARÁ GRACIA! – contestó Maasa, tropezando con un puesto de fruta-. ¡LO SIENTO! – dijo, y continuó corriendo-. ¡¿POR QUÉ SIEMPRE HAY PUESTOS DE FRUTA EN LAS PERSECUCIONES?
- ¡NO LO SÉ! – respondió Chinami-. ¡No veo que esas crías se estén riendo! ¡Tienen una cara muy seria! – dijo Chinami, volviendo la vista a las chicas.
- ¡NO VUELVAS LA VISTA ATRÁS, CHINAMI! ¡TE LANZA-! – antes de que pudiera terminar la frase, a Chinami le habían lanzado una tarta a la cara.
- ¡ARGH! – gritó, y siguieron corriendo.
- ¡TRANQUILA! ¡Estamos cerca de Shibuya! Las perderemos entre la muchedumbre – le dijo Maasa. Chinami asintió mientras se quitaba vagamente los trozos de tarta y seguía corriendo.
- ¡Espero que sea así! – exclamó Chinami.

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- Pues ya hemos visto todo – dijo Risako, poniendo las manos en sus caderas-. Puff, estoy agotada.
- Espera, todavía nos falta algo – comentó Saki, señalando un cartel que había cerca del puesto de información-. ¿Hemos visto a los osos panda?
- ¿A los osos panda? No, no recuerdo haberlos visto. Es más, no figuran en el mapa del zoo – informó Miyabi, mirando el mapa que tenía en las manos.
- Claro, es que los Osos panda son parte de la promoción de la película Pandas Asesinos – sonrió Saki-. Los trajeron aquí para hacer publicidad a la película.
- Wow, pues entonces ¡vayamos a verlos! – exclamó Risako, echando a correr hacia algún lado. Luego, volvió corriendo a donde Saki-. ¿Dónde es?
- Según esto, está detrás del puesto de información – contestó Saki, enseñándole el panfleto que tenía en la mano.
- ¡Vale! Pues vamos allá – dijo Miyabi, cogiendo la mano de Saki y dirigiéndola hacia donde estaba la jaula de los osos panda-. Démonos prisa, porque el zoológico cerrará pronto.
- ¡De acuerdo! – contestó Risako, entusiasmada por ver a los osos panda. Al llegar, lo único que vieron fueron unos perezosos osos panda durmiendo. El entusiasmo que tenía Risako, desapareció por completo-. Puff, yo me esperaba más.
- Al menos, no son Pandas Asesinos – rió Miyabi.
- Hey… Miya, la puerta de la jaula está abierta – comentó Saki, con una sonrisa maléfica en su rostro.
- ¡Oh! Es verdad. Parece que algún cuidador la dejó abierta – dijo Miyabi, sin darle mucha importancia.
- ¿Podríamos entrar? – propuso Saki.
- ¿¡Qué!? – exclamaron tanto Miyabi como Risako.
- Sólo será entrar y salir ¿vale? No nos pasará nada – aclaró Saki, para calmar a sus amigas-. Quiero sacarme una foto con los osos panda, para compensarles a Maasa y a Chinami el no haber ido con ellas a ver la película de los Pandas Asesinos. ¡Por favor! Es lo único que os pido.
Miyabi y Risako compartieron una mirada y luego miraron de nuevo a Saki.
- Vale, pero ¡sólo un minuto! – dijo Miyabi, señalando con el dedo a Saki. Ésta sonrió y asintió.
- Tranquila. Sólo es entrar, sacar una foto y salir – dijo Saki, cogiendo a Risako y a Miyabi de la muñeca para llevarlas hacia el interior de la jaula de los pandas. Saki se situó al lado de uno de los pandas que estaba dormido y lo abrazó suavemente. Miyabi, que tenía la cámara en las manos, le sacó la foto, pero salió mal, así que tuvo que tomar otras cuantas más hasta que saliera una foto perfecta.
- Señoras y señores, les informamos de que el zoológico va a cerrar sus puertas. Espero que se lo hayan pasado bien. Gracias – informó la mujer de megafonía con una voz poco entusiasta. Miyabi, al oírlo se dirigió a la puerta de la jaula, pero seguidamente se puso a gritar.
- ¿Qué pasa, Miya? – preguntó Risako, preocupada por su compañera de piso.
- ¡¡¡ESTAMOS ENCERRADAS!!! – gritó Miyabi.
- ¡¿CÓMO?! – preguntó Saki, apartándose del oso panda para acercarse a la puerta-. ¡Oh, dios, tienes razón! ¿¡Qué vamos a hacer!?
- Gritemos, a ver si nos oye alguien – propuso Risako.
- ¡Buena idea! – exclamó Saki.
- TASUKETE! – gritaron las tres a la vez-. ¡Estamos encerradas en la jaula de los osos panda!

- - -

Tal y como lo habían predicho, al llegar a las calles de Shibuya, las niñas que tiraban tartas dejaron de seguirlas, así que Maasa y Chinami aligeraron el paso mientras se quitaban los restos de tarta.
- ¿Por qué demonios nos tiran tartas? – preguntó Chinami, todavía sin entender nada.
- No lo entiendo, no le veo sentido – contestó Maasa, quitándose unos trozos de tarta de la cara-. ¿Cómo vamos a ir ahora a donde Maimi? No sé tú, pero yo no tengo ganas de aparecer allí como una tarta humana.
- No lo sé… - murmuró Chinami-. Antes teníamos la ventaja de que estábamos al lado de mi empresa, pero ahora… Podríamos comprar ropa.
- ¿Tienes dinero? – preguntó Maasa.
- No.
- Yo tampoco – contestó Maasa, indignada- ¿Qué hacemos ahora?
- Bueno, el piso está cerca de aquí, pero corremos el riesgo de volver a encontrarnos con ellas, porque la zona en la que vivimos no hay mucha gente – dijo Chinami.
- Podemos correr el riesgo, pero… - Maasa no parecía muy segura con el plan.
- ¿Y si le decimos a Maimi lo que nos ha pasado? – propuso Chinami.
- Me parece que es lo único que podemos hacer…- contestó Maasa, rendida, pues no era lo que quería hacer exactamente-. Vamos.

Corrieron hacia el Tomo-da-chi, esquivando a la gente y evitando que éstas se mancharan de tarta. Una vez allí, entraron y buscaron con la mirada a Maimi. Cuando la encontraron, se acercaron a ella con suma naturalidad, sin desear llamar la atención de nadie, por mucho que eso fuera inútil dado que estaban cubiertas de tarta de los píes a la cabeza. Maimi al verlas, no pudo evitar reírse.
- ¿Qué os ha pasado? – preguntó Maimi, riéndose.
- Nos atacaron unas chicas con unas tartas – contestó Maasa, escondiéndose detrás de Chinami.
- Perdona – interrumpió Eri, que no había podido evitar escuchar la conversación-, ¿no serían por casualidad cuatro chicas?
- Sí – respondió Chinami.
- ¿Pequeñas, de unos 15 años, y que no sonríen? – preguntó Eri.
- Exactamente – dijo Maasa-. ¿Las conoces?
- Sí, las conozco de sobra. La semana pasada me atacaron a mí – dijo Eri-. Son S/mileage. Tiran tartas a todo el mundo.
- ¿Por qué? – preguntó Maasa, frunciendo el ceño.
- Una de ellas lleva una cámara; después de tirar tartas, suben el vídeo a Youtube – explicó Eri-. Ésa es su manera de divertirse.
- Bueno, ahora no nos preocupemos por las esemileaje esas; ¿qué hacemos? Porque yo no pienso ir al estreno así – dijo Maasa.
- Creo que Ai guarda unos uniformes por aquí – dijo Maimi, buscando con la mirada a su jefa. Una vez la encontró, alzó la mano para llamar su atención. Ésta se acercó, y al ver a Maasa y a Chinami, no pudo evitar reírse.
- ¿Alguien me lo explica? – preguntó Ai.
- Es una larga historia – contestó Chinami.
- ¿Tienes algo de ropa para prestarles? – preguntó Maimi.
- Algo tengo en el almacén, pero no sé si os gustará – respondió Ai.
- Nos pondremos lo que sea – contestó Maasa.
- Lo que sea ¿eh? – repitió Ai, sonriente-. Vale; Maimi, llévalas a la despensa. Al fondo, al lado de la cámara frigorífica, hay un armario. Hay tenemos unos trajes para fechas especiales.
- ¡Muchas gracias, Ai-chan! – exclamó Chinami, yendo a darle un abrazo, pero luego se dio cuenta de que no era lo más apropiado.

En ese momento, el teléfono de Ai comenzó a sonar. Ai, frunciendo el ceño, respondió.
- ¿Momoko?

- - -

- No, soy Yurina – corrigió-. Tenemos un problema. ¿Tú qué sabes sobre Sayumi?
- ¿Sayumi? ¿Sayumi Michishige? – preguntó Ai, sin entender.
- Sí – contestó secamente.
- Pues sé que vive con sus padres, que trabaja en una fábrica de productos congelados y que hace año y medio cortó con su novia, Miki Fujimoto – explicó Ai-. ¿Por qué lo preguntáis.
- Porque la tenemos de ocupa en casa de Momoko – respondió Yurina. Ai se quedó en silencio durante unos segundos.
- Me debes de estar tomando el pelo – dijo Ai-. El día de los inocentes ya pasó ¿lo sabes?
- No, no te estoy mintiendo. Es en serio. Momoko y yo llegamos a casa y nos dimos cuenta de que la puerta estaba abierta, que había sido forzada, y al entrar nos encontramos a Sayumi sentada en el sofá.
- ¡¿Qué?! Llamad a la policía ¡no os quedéis de brazos cruzados! – les ordenó Ai.
- ¡Necesitamos tu ayuda! No podemos echarla así. Ella realmente cree que es la compañera de Momoko, no queremos herir sus sentimientos – dijo Yurina.
- De acuerdo. Mandaré a Eri para allí; ella conoce mejor a Sayumi. La intentará convencer de que lo que está haciendo no está bien – suspiró Ai-. Mantenedme informada ¿de acuerdo?
- Eso está hecho – contestó Yurina, y Ai colgó el teléfono. Yurina hizo lo mismo. Momoko la miró, impaciente por oír lo que Ai le había dicho.
- Eri está de camino. Ella conoce a Sayumi, y tratará de hacerla entrar en razón – le explicó.
- ¡¡USA-CHAN PEEEEACE!!! – se oyó desde el salón. Ambas corrieron hacia la sala y se encontraron a Sayumi colgada de la lámpara.
- ¡SAYUMI! ¿Qué haces ahí? – preguntó Momoko sin entender nada.
- ¡Todo se ve mucho más divertido desde aquí! – exclamó, riéndose a carcajadas.
- ¡Baja de ahí ahora mismo! – le ordenó Yurina.
- ¡No quieroo~! – exclamó Sayumi. Yurina se acercó a ella y la bajó de la lámpara de un tirón. Sayumi se asustó y cayó en los brazos de Yurina-. Wow, eres muy fuerte.
- Lo intento – contestó Yurina, dejando a Sayumi en el sofá. Compartió una mirada de preocupación con Momoko y esperó impacientemente a que Eri llegara.

- - -

- Hey, mirad, tengo un mensaje nuevo de Chinami – informó Saki, abriendo el mensaje-. Wow, parece ser que a Maasa le han bombardeado a tartazos.
- ¡Eso quiero verlo! – exclamó Risako, quitándole el teléfono a Saki. Miyabi, que estaba sentada a su lado, miró la foto-. Wow, está cubierta de nata.
- ¿Cómo ha ocurrido eso? – preguntó Miyabi.
- No lo sé, no dice nada al respecto – contestó Saki. Entonces le vino una idea-. ¡Dadme el teléfono! – exclamó. Risako obedeció sin rechistar-. ¡Vaya! No hay cobertura.
- ¡Eso es! – Risako sacó su teléfono móvil-. Oh, vaya, el mío tampoco tiene cobertura.
- Veamos… - Miyabi sacó su teléfono del bolsillo y sonrió-. ¡El mío sí tiene cobertura!
- ¡Genial! – exclamaron Risako y Saki.
- ¿A quién llamamos? – preguntó Miyabi.
- ¡A la policía! – respondió Risako.
- ¿A la policía? – repitió Miyabi-. ¿Realmente alguien vendría a ayudarnos?
- No creo… - murmuró Saki-. ¿Qué tal si llamamos al servicio de mantenimiento del Zoológico?
- Vale ¿alguien tiene su número? Porque yo os aseguro que no – contestó Miyabi.
- ¡A alguien tendremos que llamar! – exclamó Risako, desesperada-. ¡Alguien habrá que pueda sacarnos de aquí!
- ¡Ya lo tengo! – dijo Miyabi, entusiasmada-. Llamemos a Ai. Ella siempre tiene soluciones para todo.
- ¡De acuerdo! – exclamaron Risako y Saki. Miyabi marcó el número de Ai, pero para su decepción, el número de Ai comunicaba.
- ¡Maldita sea! – exclamó Miyabi, acercándose a la puerta de la jaula-. Volveré a llamar.
Entonces, algo golpeó su mano y el teléfono cayó fuera de la jaula. Miyabi, enfadada, se dio la vuelta para gritarle al culpable, pero al ver que el culpable había sido un entrañable panda, no quiso hacerle nada. En la esquina de la jaula estaban Risako y Saki, abrazadas, temblando.
-¿Qué hacéis? No es más que un panda, no os hará daño – dijo Miyabi.
- Lo sabemos, pero, es que nos ha asustado mucho – contestó Saki-. Pensábamos que era un Panda Asesino.
- ¡Los pandas asesinos sólo aparecen en las películas malas que ven Chinami y Maasa! – exclamó Miyabi, y de pronto, sus tripas comenzaron a sonar-. Ah, qué hambre.
- ¡Ah! Casi lo olvidaba – dijo Saki-. Todavía tenemos los bentous que he preparado.
- ¡Es cierto! – sonrió Risako-. Venga, comamos y luego pensemos cómo salir de aquí..
- De acuerdo – dijo Miyabi, acercándose a sus amigas y sentándose en el suelo para disfrutar de la comida que Saki había preparado.

- - -
-¡No tiene gracia! – exclamó Maasa, intentando hacer que Maimi dejara de reírse. Llevaba puesto un yukata con de mono.
- ¡Claro! Es fácil reírse cuando tú no llevas un disfraz como este – contestó Chinami, señalando el disfraz de Panda que llevaba.
- Mou, es que os veis muy graciosas así, no puedo evitarlo – dijo Maimi, secándose las lágrimas que le habían caído al reírse-. Perdonadme, chicas, pero estáis muy graciosas así.
- Bueno, da igual, vayamos al estreno que se está haciendo tarde – dijo Chinami cogiendo su bolso.
- No sé si me gustará ir con vosotras por la calle – bromeó Maimi.
- ¡Pues te aguantas! – exclamó Maasa.
- Mira, hay una puerta trasera por aquí que nos lleva a un callejón que termina en el cine – informó Maimi-. Será mejor que cojamos ese camino si no queréis encontraros otra vez con las niñas de las tartas.
- De acuerdo – dijeron las dos, y siguieron a Maimi hacia la puerta. Al salir, Maimi cerró la puerta con llave detrás de ella, y, entonces, algo golpeó su cadera.
-Ahora es mucho más divertido que antes – dijo una voz desconocida. Eran las mismas niñas de antes. Maasa y Chinami se prepararon para correr, pero no podían pues Maimi todavía no reaccionaba. Trataba de abrir la puerta, pero era inútil; por alguna razón, la puerta no se abría. Las tartas caían por todos lados, y Maasa y Chinami hacían todo lo posible por evitarlos, pero era difícil, porque tanto Maasa como Chinami llevaban trajes complicados para moverse.
- ¡Maimi, vámonos de aquí! – le pidió Maasa mientras le daban un tartazo en la tripa.
- ¡No! – exclamó Maimi, intentando abrir la puerta. De pronto, otra puerta se abrió y una mujer enmascarada salió por la puerta.
- ¡Nadie toca a mis amigas! – exclamó, tirando tartas a las chicas de S/mileage, que se habían quedado de piedra al ver a aquella mujer.
- ¿Quién es ésa? – se preguntó la niña que sostenía la cámara.
- ¡No lo sé, pero tenemos que salir de aquí! – exclamó. Al darse media vuelta se dieron cuenta de que estaban en un callejón sin salida-. ¡Maldita sea! Estamos encerradas.

Trataron de seguir tirando tartas, pero aquella mujer enmascarada tiraba tartas con mucha fuerza y muy rápidamente. Tras unos cuántos tartazos más, las niñas se arrodillaron.

- ¡Por favor, deja de tirarnos tartas! – imploraron.
- Lo haré si prometéis que no volveréis a tirar tartas a nadie más, y menos a subirlo a Youtube – les dijo la mujer enmascarada.
- ¡Lo prometemos! – exclamó una de ellas, que parecía la líder del grupo.
- De acuerdo – contestó la mujer enmascarada, quitándose por fin su máscara.
- ¿Ai? – preguntó Maimi, sin entender nada-. Pero tú ¿cómo sabías lo de…?
- Lo supuse – dijo Ai-. Eri, antes de irse a donde Yurina y Momoko, me dijo que había visto a las chicas de S/mileage entrando en el callejón, así que cogí todas las tartas que teníamos y me vine.
- Wow, muchísimas gracias, Takahashi-san – dijo Maasa, sorprendida.
- De gracias nada; me tendréis que pagar todas la tartas que he gastado en salvaros – bromeó Ai.
- Es lo menos que podemos hacer – sonrió Chinami.
- Bueno ¿no teníais que ir a un estreno? – preguntó Ai, y las chicas asintieron-. ¡Pues venga, iros!
- ¡Vámonos! – exclamó Maimi, alzando su puño en el aire.
- Espera, tengo algo que hacer antes de irme – dijo Maasa, cogiendo una de las tartas y acercándose a una de las niñas de S/mileage. Estampó la tarta en la cara de aquella niña y con una sonrisa, le dijo:-. ¿Quieres más?
- No, gracias… - murmuró la niña.
- ¡Pues ya has aprendido la lección! – exclamó Maasa-. Vamos al cine, chicas.
- Vamos – sonrió Maimi, cogiendo a Chinami de la mano.

- - -

- Vamos a morir – repitió por tercera vez Risako.
- Nos comerán los pandas – dijo Miyabi, sentada en una esquina y meciéndose.
- Vamos a morir – repitió una vez más.
- Los pandas quieren comerse mi pelo – murmuró Miyabi.
- Los pandas quieren comer su barbilla – dijo Risako.
- Los pandas….
- ¡No puedo soportarlo más! –estalló Saki, que había soportado ese tipo de comentarios durante una hora-. ¡Nadie va a morir! ¡Los pandas no son asesinos! ¡Llevan todo este tiempo durmiendo!
- ¡No nos grites! ¡Tú eres la culpable de todo esto! – gritó Risako.
- Mis amigas quieren matarme y comerme el pelo… - balbuceó Miyabi, meciéndose en una esquina.
- ¡Tranquilízate, Miyabi! – exclamó Saki-. ¡Y tú también, Risako! Sé que tengo la culpa, pero por favor, intentemos llevarnos bien, ya que somos lo único que nos queda.
- Pero ¿cómo quieres que me tranquilice, Saki? ¡Estamos encerradas en la jaula de unos osos panda! – gritó Risako-. ¡Y está anocheciendo! ¡Esto parece el trailer de una película de terror!
- ¡Deja de gritar, Risako! – gritó Miyabi, levantándose y tapándose los oídos-. ¡No puedo aguantarlo más!
- ¡Tranquilizaros! – les ordenó Saki, tomando a ambas por las manos. Éstas, al notar el cálido tacto de las manos de Saki, se relajaron-. Mirad, esto no es tan malo como parece. Pensadlo. ¿Cuánta gente tiene la oportunidad de estar en una jaula con unos osos panda? ¡Mucha gente sueña con abrazar a un panda! ¿No deberíamos disfrutar de ese momento?
- Tienes razón – sonrió Miyabi, mirando a Risako-. Tenemos que disfrutar de esto.
Risako asintió y sonrió a sus amigas. Se abrazaron y rieron alegremente.
- ¡Tengo una idea! – exclamó Saki, y volvió la vista a Miyabi-. ¿Todavía tienes la cámara de vídeo?
- Sí, aquí la tengo.
- ¿Y tú, Risako? ¿Tienes tu iTouch? – preguntó Saki.
- Sí, lo tengo, pero ¿por qué? – preguntó Risako, sin entender qué intenciones tenía Saki.
- ¡Hagamos un concierto! – propuso Saki. Miyabi y Risako la miraron frunciendo el ceño.
- ¿Cómo?
- Pongamos música, cantemos y grabémoslo en vídeo – sonrió Saki. Miyabi sacudió la cabeza-. Vamos, ¡será divertido! No muchos pueden presumir de haber hecho un concierto en la jaula de un panda.
- En eso lleva razón – dijo Risako, mirando a Miyabi.
- De acuerdo, entonces ¡hagamos un concierto! – exclamó Miyabi, entusiasmada.

La música comenzó a sonar y Risako, que tenía la cámara, filmó como Saki y Miyabi bailaban al ritmo de una canción de Girls Generation, que no era de sus grupos favoritos pero en aquel momento tenía un gran significado para ellas. Aquella fue, sin duda alguna, la noche que ninguna de las tres olvidaría.

- - -

Horas más tarde, Maimi, Maasa y Chinami volvían al apartamento tras ver una de las películas más malas de la historia.

- Qué raro, Saki, Risako y Miyabi todavía no han vuelto – comentó Chinami.
- ¿Estarán bien? – preguntó Maimi.
- Bah, no os preocupéis; seguro que salieron a un restaurante, y cuando la camarera se acercó a Risako, ésta se puso a ligar con ella y se les está haciendo tarde – rió Maasa.
- Sí, seguro que sí – sonrió Chinami.
- Bueno ¡brindemos por los pandas asesinos! – exclamó Maasa, sacando unos vasos del armario y sirviendo zumo de naranja. Cada una cogió un vaso y brindaron.
- ¡Por los pandas asesinos! – exclamaron las tres.
- Ah, ¿dónde estarán Momoko y Yurina?
- ¡Aquí mismo! – exclamó Yurina, entrando sonriente por la puerta, seguida por Momoko.
- ¡Hola, chicas! – saludó Maimi, sonriendo y guiñando un ojo.
- ¡Hola, Maimi! – saludó Momoko, haciendo el mismo gesto que hacía al decir “Momochi desu~!”. Maimi lanzó una carcajada y se sirvió un poco más de zumo.
- ¿Qué habéis hecho hoy? – preguntó Chinami. Parecía que ninguna de las dos se había dado cuenta de que estaba disfrazada de panda.
- ¡Ha sido un día de locos! – exclamó Yurina, cayendo rendida sobre una silla del comedor.
- Sayumi, la chica que conocimos esta mañana, se coló en mi casa y creía que era mi compañera de piso.
- ¿En serio? – preguntó Maimi, sorprendida-. Esa mujer desde que lo dejó con su novia no ha levantado cabeza.
- ¡Pues ya está arreglado! – exclamó Yurina, sonriendo-. Porque vino Eri con Miki Fujimoto, la exnovia de Sayumi, y la convencieron para que se fuera de allí. Creo que Miki y ella volverán a ser pareja.
- Wow, eso es genial – comentó Maasa, que no estaba prestando mucha atención a decir verdad. Estaba ocupada mirando como Maimi reaccionaba con cada palabra que Momoko decía.
- Sí, sí que lo es – sonrió Momoko-. ¡Y ya no tendré que verla más!
- ¡Yeah! – exclamó Yurina, chocando su mano con la de Momoko.
- Todas hemos aprendido una valiosa lección hoy – comentó Maimi.
- Sí; no hables con desconocidas, porque puede que se cuelen en tu casa y se suban a tu lámpara – contestó Momoko.
- No te fíes de las niñas que tiran tartas – murmuró Maasa. Las tres asintieron en silencio, dejando a Momoko y a Yurina con el ceño fruncido. Chinami no aguantó más.
- ¡¿Por qué nadie dice nada sobre mi disfraz de panda?! – estalló, sin comprender cómo no podían decir nada al ver a una de sus amigas con disfraz de panda. Todas se echaron a reír.
- ¿Acaso hace falta decir algo? – rió Yurina.
- En eso lleva razón – comentó Maasa.
- Bueno, ¡pidamos las pizzas! – dijo Maimi, tomando el teléfono inalámbrico de la encimera y marcando el número de Domino’s Pizza.

Media hora después, alguien llamó a la puerta. Maasa se dirigió a la entrada, pensando que sería el repartidor de pizza, pero para su sorpresa, al abrir la puerta se encontró con una Saki, una Risako y una Miyabi muy sonrientes, pero con muy mal aspecto.

- ¡Hooola! – dijo Saki, alegremente-. Sentimos llegar tarde.
- ¿Dónde estabais? – preguntó Maasa.
- Encerradas en la jaula de los osos panda – dijo Miyabi. Todas las demás se echaron a reír, pensando que se trataba de una broma, pero al ver que tanto Miyabi como sus dos compañeras no se reían, intuyeron que iba en serio.
- ¿Encerradas en la jaula de los osos panda? – repitió Momoko, sin entender bien a qué se refería.
- Sí – contestó Risako-. Aquí, nuestra Captain, tan responsable como siempre, quiso sacarse una foto con los osos panda para poder enseñárosla, y aprovechando que la puerta estaba abierta, entramos y nos sacamos unas cuantas fotos.
- Pero, al terminar la sesión fotográfica, nos dimos cuenta de que estábamos encerradas en la jaula, y el zoológico había cerrado sus puertas – continuó Saki.
- Así que, pasamos unas cuantas horas pensando en cómo salir de allí, hasta que el pánico pudo con nosotras y decidimos que lo mejor que podíamos hacer era relajarnos – sonrió Miyabi.
- ¡Y decidimos hacer un concierto delante de los osos panda! – rió Saki.
- Nos estás tomando el pelo ¿verdad? – dijo Maimi, frunciendo el ceño.
- ¡Lo tenemos grabado en vídeo, si quieres verlo! – dijo Risako, sacando su lengua.
- Fue increíble, ¡fue nuestro propio concierto frente a pandas! – rió Miyabi.
- Bueno, entre pandas y wotas no hay mucha diferencia – bromeó Chinami, que tampoco entendía por qué ni Miyabi ni sus compañeras se habían dado cuenta de que estaba disfrazada de panda.
- Y bueno, parece ser que nuestro pequeño concierto llamó la atención de un vigilante que estaba por allí, y nos abrió la puerta para que pudiéramos salir – sonrió Saki-. Y… ¡aquí estamos!
- Wow, han sido muchas las aventuras de hoy – dijo Maimi, sorprendida-. Entre lo de las tartas, lo de Sayumi y lo vuestro…
- Y tanto – dijo Momoko-. Parece que este día no acaba nunca.
- Bueno, chicas, tengo algo para vosotras – anunció Risako, alzando las bolsas que traía en el aire-. Sé que no es gran cosa, pero sé que nos gustará a todas – se acercó a cada chica y le entregó la bolsa correspondiente-. Maimi, a ti te cogí otra cosa; no sabía que ibas a estar aquí.
- La verdad, yo tampoco sabía que iba a estar aquí, así que no te preocupes – contestó Maimi.
- Vale, ¡vamos a ver que es esto! – exclamó Saki, impaciente. Todas abrieron sus bolsas a la vez, y no pudieron evitar soltar más de una carcajada al verlo. Maimi las miró sin entender nada, abriendo su regalo que era un simple llavero del zoológico.
- ¡No me lo creo! – rió Yurina, sacando la prenda de la bolsa-. ¡Nos has comprado disfraces de mono!
- Así es – afirmó Risako, sonriendo ampliamente-. Siempre he pensado que estar con vosotras era como estar en una jaula de monos.
- Oh, Risako, esa frase ha enternecido mi corazón – dijo Momoko, levantándose de su asiento y abrazando a Risako. La mayoría podría haber pensado que Momoko estaba siendo irónica, pero no lo era en absoluto.
- ¡Me muero de ganas de probarme de este disfraz! – sonrió Saki, imitando la cara de un mono.
- Pero Risako, tú no puedes llevar este disfraz… ¡eres un pingüino! – exclamó Miyabi, guiñándole un ojo a Saki. Ambas se pusieron a saltar como pingüinos, provocando la risa de todas las presentes.

Y así transcurrió la velada, con pizza, imitaciones pésimas de pingüinos y más de una carcajada. Las chicas sentían que habían vivido toda una aventura, pero no sabían que todavía quedaban un montón más por vivir.

- ¡¿Por qué nadie dice nada sobre mi disfraz de panda?!
- ¿Acaso hace falta? - rió Risako.


4 comentarios:

kuri dijo...

jajajaaj esta genial este capitulo
me rei tanto mas en esta parte:
(Para el carro, Maimi) k penso k se la
estaba ligando maasa, y la loca de sayumi
psicopata acosadora jajaja
ahora me pregunto si Risako se ligara a Yassui
eso lo kiero ver jajaja

Gab98 dijo...

"¡¿POR QUÉ SIEMPRE HAY PUESTOS DE FRUTA EN LAS PERSECUCIONES?"


hahahaha lo mismo me pregunto XD, excelente cap, uno de mis fics favoritos aww amo el Miya x Risako!! >.<

y Ai-chan es la camarera mas sexy!!! cof..cof XD

Seryni dijo...

Jajajaja Sayumi la colada XD siempre creí que estaba medio loquilla pero ahora lo confirmo XD
y las s/mileage bandidas lanza tartas lol fueron vencidas por super Ai-chan *o*

Aww este fic....es adictivo sisisis

miruna dijo...

"entre pandas y wotas no hay mucha diferencia" xDDDDDDD
cierto. xD
es genial el fic ^^

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