Free [New Fic!] Capitulo 1 Parte 1

Clasificación: R-0

Nota de autora: Sí, ya sé que últimamente estoy escribiendo demasiado. Siento invadir tanto el blog xD Pero esta historia me gusta bastante, y no quería quedármela para mí misma. ¡Disfrutarla, por favor!

Capitulo Uno Parte Uno

Parecía que Ai Takahashi, a sus 25 años de edad, tenía la vida resuelta: marido, una enorme casa y un perro llamado G-Dragon. No había nada que pudiera desear. Bueno, en realidad sí había algo; Ai, deseaba con toda su alma ser feliz, y la verdad era que, estando al lado de Takeshi, un hombre de unos cincuenta años, obsesivo y estúpido, con el que se había casado sólo porque sus padres la habían obligado, no era para nada feliz. Lo único que podía hacer era limpiar la casa cual esclava mientras él trabajaba, y esperar a que llegara la noche para prepararle la cena y que éste le riñera por no haberle recibido “como dios manda”. Alguna que otra vez había sido forzada a mantener relaciones con él, pero siempre contra su voluntad y normalmente pensando en otra cosa.

Era sábado por la mañana. Ai se despertó temprano aquel día. Sabía que su marido descansaría hasta llegado el mediodía como hacía cada fin de semana. Se dirigió a la cocina para preparar el desayuno, pero de camino a allí, vio algo sobre la mesa de la sala que llamó su atención. Se acercó a la mesa y lo cogió en sus manos. Sonrió y lo metió en su bolsillo. Fue corriendo a la cocina, donde se encontraba como siempre su fiel compañero G-Dragon, durmiendo sobre su pequeño colchón. Al verla entrar, se levantó rápidamente y moviendo su cola le saludó. Ella puso su mano delante de su hocico y éste le dedicó uno o dos lametones. Ai se arrodilló frente a él y le habló dulcemente.

- Hoy nos vamos tú y yo – le susurró mientras le acariciaba la cabeza-. Sí, tú y yo. A vivir una aventura. No, Takeshi no vendrá. Sólo tú y yo ¿a que te gusta la idea? – le preguntó, y ella misma movió la cabeza del perro, fingiendo que asentía-. Muy bien, así me gusta.

Se levantó y sacó el objeto que segundos antes había metido en su bolsillo. Eran las llaves de la autocaravana de su marido. El perro ladró, moviendo el rabo de lado a lado. Ai se llevó un dedo a los labios y le pidió silencio. Se dirigió a la puerta y, tras coger su chaqueta y asegurarse de que G-Dragon la seguía, salió de casa con decisión.

Ambos corrieron hacia donde estaba aparcada la autocaravana, que no estaba muy lejos de allí. Era una preciosa autocaravana de color azul, equipada perfectamente para una nueva vida. Ai abrió la puerta del auto y entró. Una vez dentro, ayudó a su amigo a subir y lo llevó al pequeño dormitorio que había al fondo de la caravana. Se aseguró de que G-Dragon estaba cómodamente tumbado sobre la cama y se dirigió al asiento del conductor. Nunca había conducido nada parecido, pero se sentía capaz de hacerlo. Se sentó y, poniendo la llave en el contacto, arrancó el vehiculo y salió del lugar para iniciar su primera aventura.

Condujo sin dirección durante horas, pasando peajes, zonas de descanso y demás ciudades cercanas. Se sentía libre; era libre. Ya no tenía que pasar más días junto a un hombre al que no quería. Podía hacer todo aquello que quisiese.

Sin darse si quiera cuenta, comenzó a anochecer, y sus tripas comenzaron a sonar. Incluso G-Dragon comenzaba a quejarse y a aullar. Ai decidió que era momento de detenerse, y justo delante de ella vio un cartel en el que decía “A trescientos metros, camping La Libertad”. El nombre le sonó más que bien, así que, a trescientos metros, se desvió de la autovía y tomó la salida hacia el camping. En la entrada del camping encontró a un hombre bigotudo, que la saludó amablemente sacudiendo su mano. No tenía rasgos asiáticos, lo cual llamó mucho su atención. Detuvo el vehículo y bajó la ventanilla para saludar a aquel amable señor.

- ¡Bienvenida, señorita! – dijo con un acento extraño-. Soy el pequeño Bill, el dueño del camping. ¿Quiere usted registrarse? Sólo nos llevará unos minutos.
- Claro – dijo, quitando la llave del contacto y bajándose de la autocaravana. El hombre la acompañó a la oficina y allí tomó su nombre, su dirección, su número de matrícula… toda la información necesaria para registrarse. En cuestión de minutos, el registro ya estaba hecho. El hombre le indicó dónde debía poner su autocaravana y se despidió de ella con un apretón de manos. Ai volvió a su autocaravana y arrancó el motor. Aparcó dónde le había indicado aquel hombre y se bajó nuevamente de su vehículo. Había aparcado al lado de una familia muy agradable, que estaba cenando al lado de una hoguera.

- Que aproveche – dijo Ai amablemente a sus nuevos vecinos mientras bajaba de su autocaravana.
- ¡Gracias! – dijeron ellos. Todos, menos una chica que aparentemente tenía la misma edad que Ai, que se había quedado mirando a aquella desconocida. Por un momento, sus miradas se encontraron, pero se desviaron rápidamente. Ai no sabía exactamente qué es lo que debía hacer a continuación. Nunca había ido en caravana. Pensó en pedir ayuda a sus vecinos, pero eso le daba mucha vergüenza. Justo cuando iba a volver a entrar en su caravana, vio que la chica que antes se había quedado mirándola se encontraba ahora a su lado.
- ¿Necesitas ayuda? – preguntó dulcemente. Ai se alejó un poco y le sonrió.
- Honestamente… sí, la necesito – contestó, y luego soltó una pequeña carcajada-. Es la primera vez que salgo con la caravana y…
- Entiendo – sonrió ella-, pero ¿no te explicaron cómo iba todo cuando la compraste?
- Eeeh... cuando la compré…. – titubeó-. Ehh… No, no me explicaron nada, ja, ja, ja.
- Vaya, es raro – contestó, frunciendo el ceño-. ¿Quieres que lo descubramos juntas?
Ai se quedó mirando a la chica, maravillada por su belleza. Nunca en su vida había visto a una mujer así. Tenía el cabello largo, un poco más largo que el suyo, pero de un color similar. Parece ser que se quedó observándola demasiado tiempo, pues ésta parecía impaciente por conseguir una respuesta.
- ¡AH! Perdón, sí, claro, descubrámoslo juntas – dijo, nerviosa-. Lo de la caravana, claro está.
- Perfecto – sonrió ella tiernamente-. Me llamo Risa, por cierto. Risa Niigaki.
- Yo soy Ai, Ai Takahashi – estrechó la mano con aquella chica, y notó que sus manos estaban muy frías.
- Un nombre precioso – comentó-. Bueno, primero hay que ponerle las patas a la caravana para que no se ande moviendo. Te ayudaré.

Abrió el maletero de la autocaravana y sacó una especie de palanca y una linterna, ya que estaba anocheciendo y apenas se podía ver nada.

- Vale, tú alumbra esta zona de aquí mientras yo saco las patas de la autocaravana – le dijo, entregándole la linterna. Ai obedeció y alumbró donde Risa le indicaba. Así estuvieron un buen rato, hasta que terminaron de colocar todas las patas.
- Y ahora ¿qué hay que hacer? – preguntó Ai.
- Hay que conectar la caravana a la red eléctrica y a la corriente de agua. Hay una especie de manguera por ahí; ponla en ese agujero que allí. Mientras, yo me encargaré de conectar la caravana a la red eléctrica – le informó Risa, sacando unos cables del maletero de la autocaravana. Los desenredó y conectó uno de los extremos al enchufe de la caravana y el otro al generador que había a unos metros de allí. Ai no tuvo problema en poner la manguera en el sitio donde Risa le había dicho que lo pusiese.
- ¿Hay que hacer algo más? – preguntó Ai.
- No; eso es todo – sonrió Risa-. Un placer haberte ayudado.

Risa caminó lentamente hacia la tienda de campaña de sus padres, como si deseara que Ai la detuviera y le dijera que se quedara con ella. Ai tampoco quería que Risa se marchara, así que la cogió del brazo y le susurró.

- Por favor… quédate conmigo.

Risa se dio media vuelta y le sonrió.
- Eso está hecho – contestó tiernamente.
Ai se sonrojó un poco y caminó hacia la puerta de la autocaravana. Abrió la puerta y un hambriento G-Dragon las saludó. Ai entró y ayudó a Risa a entrar. Su compañera se quedó maravillada con la caravana de la chica. Era enorme y muy bonita, y además los muebles parecían muy cómodos. Ai buscó entre los armarios algo de comida para su perro, pero no encontró nada. Abrió la nevera, y allí encontró unas salchichas. Dubitativa, pensó en dárselas al perro o no. Volvió la vista a su fiel amigo. Él lo había acompañado en su locura de viaje sin rechistar. Se las había ganado. Suspiró y abrió el envoltorio. Las puso en un pequeño cuenco de plástico y lo colocó en el suelo.

- ¿Le vas a dar salchichas a tu perro? – sonrió Risa, frunciendo el ceño.
- Es que no encuentro nada más para darle – contestó Ai.
- ¿Has venido con sólo unas salchichas y una nevera llena de cervezas? – preguntó Risa, señalando la nevera que todavía seguía abierta. Ai cerró la puerta de la nevera y se dirigió a la puerta de entrada, que también cerró de un portazo. Risa le dedicó una mirada extraña.
- Por favor, siéntate – le dijo Ai. Risa, sin entender nada, se sentó en el pequeño sofá que había a forma de comedor-. Sé que no me conoces de nada, pero no creo que pueda aguantar sin decirlo… - Ai sonrió abiertamente y se sentó frente a Risa-. He escapado de casa – la cara de Risa cambió por completo-. Vivía con mi marido, y G-Dragon, nuestro perro, esclavizada y atada a una casa de la que no podía salir. Mi marido era un hombre odioso, que creía que los hombres estaban por encima de las mujeres. Y, esta mañana, encontré las llaves de la autocaravana… ¡y aquí estoy!
- Me estás tomando el pelo ¿verdad? – preguntó Risa, frunciendo el ceño.
- Ojala fuera así, amiga mía – respondió Ai-. Ojala todo fuera una mentira, una tomadura de pelo, pero es real. En realidad, no tengo ni dinero para pagar la estancia en este camping. Es deprimente. No sé qué voy a hacer con mi vida.
- Me dejas de piedra, Takahashi-san – dijo Risa, frotándose los brazos. Luego puso su mano sobre la de Ai, y sonriendo, le dijo.-. Pero me alegra que hayas huido de esa casa y que… estés aquí conmigo esta noche. No te imaginas lo que odio estar de camping con mi familia.
- ¿Lo dices en serio? Tu familia parece encantadora – dijo Ai.
- Lo parecen ¿verdad? Pues en realidad no lo son en absoluto – explicó Risa-. Si te contara la de veces que mi madre o mi padre me han hecho llorar… ¡puff! No acabaría nunca. Ellos nunca me han querido, y yo los odio con toda mi alma. Todavía no sé por qué acepté venir de vacaciones con ellos.
- Supongo que sería cosa del destino – murmuró Ai, y Risa la miró y le sonrió-. Tal vez tú y yo estuviéramos destinadas ha encontrarnos hoy aquí.
- ¿Sabes qué? Pienso exactamente igual que tú – sonrió Risa-. Me alegro de haberte encontrado, Ai.
- Digo lo mismo, Risa.

Continuaron hablando hasta altas horas de la madrugada. Compartieron secretos, vivencias, anécdotas. Parecía que se conocían desde siempre. Algo hubo en aquellas palabras que compartieron, pues la velada terminó con los besos más tiernos que Ai jamás había probado. Sobre la cama de la autocaravana, sus labios pasaron a conocerse a fondo. Permanecieron así hasta el amanecer, sin importarles que el cansancio estuviera llamando a sus puertas. Querían experimentar más a fondo aquella sensación que sentían cuando sus labios se rozaban. Les gustaba. Les encantaba.

Ai por fin sentía que era completa y absolutamente libre.



6 comentarios:

Gab98 dijo...

OMG!! esto fue inesperado XD lo ame!!! hahah y G-dragon??? un perro??? hahaha pensare seriamente en comprarme uno y ponerle asi hahaha y en cuanto a lo de tu invasion de fan fics dejame decirte que lo amo!!! XD sigue asi

Tami_Ai dijo...

Wuauuuuuuuuuuuuuuu *O*
me encanto!!! es muy divertidoooo me encanto la interaccion del perro con ai *w*
risa y Ai TuT adore la pareja *O*
nee , por fis la continuacion >o<
por fisss >__________<

miruna dijo...

TAKAGAKI!!! dulce y apasionante TAKAGAKI!! xD qe bonito, dios me a encantado! y gracias por no haberte guardado esta
esta historia para ti xD
contiuna porfa~ *______*

Tami_Ai dijo...

cierto Omg! gracias por publicarla >w<

kuri dijo...

jajaja G-dragon de perro
y Ai se escapo o.O
espero k no la demanden x avandono de hogar
xD

Miyu17 dijo...

awwww onegaii... xfasss contiii (*.*)... muero x los TakaGaki's ... y estas historia me gusto awww...gambatte xD!!!!

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