Nanchatte Renai (Cap.7)

Traduccion por: Vita Neko
Clasificasion: R-18

- Tiempo Límite -
"Esto es agradable"

"¿Oh? ¿El qué?" los dedos salpicaban levemente en el agua, provocando ondas cuando los alzaba. Con los ojos medio cerrados, una sonrisa perezosa apareció en sus labios al contestar.

"Estar aquí así." La calidez la hacía sentirse somnolienta. Aunque claro, eran más de las 3 de la mañana. Reina nunca había sido una criatura precisamente nocturna. Eso siempre había sido algo propio de Ai.

Aparte de eso, su adormilamiento reducía su capacidad para percibir los alrededores. Reina nunca se había parecido tanto a una gatita como ahora, acurrucada entre los brazos de Ai. Ambas chicas estaban tal como dios las trajo al mundo, pues se encontraban remojándose en la bañera en ese momento.

"Entonces deberíamos darnos baños a las 3 de la mañana más a menudo" se burló Ai, escondiendo su rostro en el cabello mojado de Reina.

Reina hizo un puchero. "No me refería a eso, y lo sabes".

"Culpable." Admitió libremente Ai, bajando la cabeza para acariciar el cuello de Reina, consiguiendo un ronroneo de parte de la más joven. "Te he echado de menos".

Aquella confesión tan concisa arrancó una oleada de emociones familiar en Reina, una oleada de emociones que rápidamente suprimió por una simple razón: nunca llegaban más allá de eso. Esto era lo más cerca que había estado nunca a algo parecido a una confesión por parte de Ai.

"Hemos estado juntas desde ayer.” Reina le recordó en un tono neutral. Los dedos de ambas estaban entrelazados encima de su estómago, y ninguna mostraba rechazo o se sentía avergonzada. Era cómodo estar así, abrazando y siendo abrazada por alguien querido.

"Mmm, pero siempre es agradable estar contigo."
Si Reina no hubiera estado tan cansada, quizá habría estallado, o incluso llorado. Pero tal como se encontraba, estaba simplemente demasiado exhausta, tanto física como mentalmente, para responder si quiera. Todo lo que hizo fue moverse un poco, para poder dirigir su mirada hacia Ai, que estaba detrás suya.

"Ai-chan..." su voz era suave, casi sumisa. El rostro de Ai le devolvió la mirada con cariñosa indulgencia 

"¿Mm?"

"¿Te gusto?"

Si hubiese una pregunta que se sintiera como un relámpago en el por lo demás perfectamente ordenado mundo de Ai, sería esa. Reina pudo sentir cómo Ai se paralizó debajo de ella, y se arrepintió instantáneamente de haber preguntado.

"No es nada, en serio, no tienes que..."

La voz de Ai era tranquila cuando la interrumpió. "Sabes que sí, Rei".
Y ahí estaba de nuevo, ese apodo íntimo. Incluso los mejores amigos de Reina y su familia la llamaban solamente "Reina". Sólo Ai la había llamado así, solo a ella le permitía llamarla así.

Ai se había recostado cuando Reina se había movido antes, pero ahora había girado su rostro hacia arriba, mirando al techo. Reina odiaba esa mirada distante de dolor, odiaba cómo alejaba a su Ai de ella. Lo odiaba, porque sentía que la que había causado ese dolor era ella.

"Ai.." pero el resto de las palabras murieron en sus labios, como siempre hacían. Sólo por una vez, Reina deseó que ella, o cualquiera de las dos, en serio, rompieran ese maldito ciclo e hiciera algo de una vez, en vez de seguir entre mentiras y verdad en este teatro de sombras.

"Reina" el súbito cambio de su apodo la asustó, y Reina sintió una aprensión repentina."¿Me odias?"
Era una forma interesante de dar la vuelta a la pregunta que ella le había hecho antes. Reina se permitió pensar durante un momento en la ironía de todo aquello, intentando concentrarse en otra cosa que no fuera aquella bomba que Ai acababa de lanzar venida de ninguna parte. En cierta forma, era casi como una venganza por la pregunta prohibida que había realizado antes.

Inevitablemente, ya que no podía precisamente ignorar lo que Ai acababa de preguntar, Reina permitió que una mínima parte de sus emociones saliera a la superficie. Dejó a la vista un nudo de sentimientos reprimidos que había estado acumulando desde hacía años; un confuso revoltijo de amor, inseguridad, dolor y resentimiento. Le gustara o no, Ai había conseguido entrar en lo más profundo de su corazón, y no siempre de la mejor manera.

¿La odio? ¿Podría hacerlo?

Reina quería odiar a Ai. Lo hizo, en algún momento, cuando al principio el dolor de ser rechaza había sido más fuerte. Había decidido odiar a la chica mayor, la cual prácticamente había huido de ella, pero no había conseguido que durara. Ai se había disculpado entonces por todo lo que no debía, ya que Reina no necesitaba que ella le pidiera perdón por lo que había pasado aquella noche. Lo que le había dolido es que no hubiese confiado en que Reina tomara sus propias decisiones sobre lo que había ocurrido entre ellas.

Deslizándose hacia abajo de forma que pudiera apoyar su cabeza en el pecho de Ai, Reina no contestó en un principio. Los latidos de Ai eran claros desde esa posición, lentos y calmados. Estrechó sus brazos alrededor la cintura de Ai, y sintió cómo a ésta le daba un vuelco el corazón. No pudo resistir sonreír un poco por ello.

El pecho de Ai se movía arriba y abajo de forma rítmica, y Reina, sintiéndose borracha de nuevo, estaba casi hipnotizada por aquel movimiento. Una mano se movió para agarrar el seno de Ai posesivamente, incluso cuando enterró su rostro entre los blandos montículos. Sintió la respiración de Ai entrecortándose levemente, los brazos que la rodeaban abrazándola más fuerte. Ni siquiera notaron el agua de la bañera enfriándose, tan perdidas como estaban en su propio calor.

"Te odio." Reina murmuró en el pecho de Ai, sus labios rozando la sensible piel, sintiendo cómo Ai se estremecía debajo de ella. "Te odio tanto..." su lengua se deslizó perezosamente alrededor del pezón, repentinamente erecto, provocando en Ai un sensual estremecimiento cuando sopló en él levemente.

"Reina..." la voz de Ai era casi agonizante, su piel sonrojada. Los dientes mordieron sin piedad, aliento cálido en piel igualmente cálida. Las uñas se hundieron en carne obediente, recibiendo un sibilante bufido en retorno.

"Me enfureces tanto..." Reina jadeó cuando finalmente levantó la vista para encontrarse con la mirada de Ai. 

"Lo suficiente para perder el control..."

Los ojos oscuros llenos de deseo tenían también un tiente de dolor y culpabilidad. Las palabras que necesitaban, las que querían oír desesperadamente, nunca llegaron. En vez de eso hablaron a través del tacto; desgarrador, odioso, necesitado.

Manos que se aferraban desesperadamente, como si fueran a ahogarse si se soltaban. La respiración entrecortada, el vapor aumentando en la bruma de su desdichada pasión, lucharon y se corrieron juntas como gatas salvajes. Atrapadas en la agonía de su propio infierno, sus ojos se buscaron desesperadamente a través del ardiente abismo. Parecían a punto de llorar.

Ambas se aferraban a un ideal que no podían alcanzar; sólo se tenían la una a la otra, y aún así era la esencia de ello de lo que realmente carecían. Los sentimientos que no podían hacer llegar a la otra; acababan siendo desechados en un agujero que ellas mismas habían cavado. Y con cada caricia, cada paso, se hundían cada vez más...

Cae conmigo.
~*~*~

La melodía pop, desagradablemente alta tan temprano por la mañana, la hizo sentir como si le taladraran el cerebro, y una mano frustrada tanteó a ciegas para silenciar el causante de tanto alboroto.

Unas cuantas cosas cayeron al suelo a causa del impaciente ataque, pero el teléfono siguió gorjeando alegremente sin ninguna preocupación en el mundo, ignorando felizmente el hecho de que su propietaria apenas había dormido un par de horas. Especialmente después de la extenuante actividad anterior.

Sus dedos se clavaron en aquel ofensivo objeto, metiéndolo de un tirón bajo las sábanas con un irritado 

"¡¿qué?!" cuando contestó la llamada. Hubo silencio por un momento, cuando ninguna de las personas implicadas en la conversación hizo sonido alguno.
Cuando la persona que llamó finalmente dijo algo, la chica, antes adormilada, de repente se dio cuenta de algo.

Ese no era su teléfono.
Y estaban en serios problemas.

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