yo soy ai
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Tomo-da-chi - Episodio 4

Clasificación: R-0


Nota de autora: Nuevamente, corto en una parte para que ustedes le den al "Read More" para Readear More! 
Estrellas invitadas: Maki Goto, Junjun y Linlin.

Episodio Cuatro: Siempre puede ir mejor

Eran las cuatro de la tarde cuando las chicas de Berryz Koubou llegaron al Tomo-da-chi, cansadas y quejándose de lo mal que les había ido la jornada laboral.

-¡Buenas tardes, chicas! – saludó Ai a las cabizbajas chicas que entraban por la puerta de la cafetería-. ¿Qué os pasa?
- Un mal día – suspiró Saki-. Pon lo de siempre, Ai-chan.
- De acuerdo – contestó, dirigiéndose a la enorme cafetera. Las chicas se dirigieron en silencio hacia su sitio habitual y se dejaron caer sobre el sofá.
- Me siento tan triste que mis lágrimas podrían llorar – dijo Chinami.
- Hey, voy a apuntar eso, que seguro que me sirve para una siguiente novela – comentó Momoko, sacando un pequeño cuaderno de su bolso.
- ¡Hola, chicas! – saludó Maimi energéticamente.
- Hola – contestaron ellas sin mucho énfasis.
- Vaya, vaya, eso sí que es entusiasmo y lo demás son tonterías – sonrió Maimi-. ¿Qué ha pasado esta vez?
- Un mal día, Maimi, un día terrible – dijo Risako.
- ¿Las siete habéis tenido un mal día? – preguntó Maimi, sorprendida, y ellas en respuesta, asintieron-. ¿Y qué os ha pasado?
- El jefe ha montado otro de sus numeritos en la fábrica – suspiró Yurina-. Ha sacado su katana y ha cortado la cabeza a todos los ositos y los peluches de Hello Kitty que habíamos estado haciendo.
- Wow, y pensar que ese hombre es el jefe de una fábrica de ositos amorosos… - murmuró Maimi, sacudiendo su cabeza-. Pero bueno, podría haber sido peor ¿no crees?
- ¡Aquí traigo los cafés para el club de los poetas muertos! – rió Ai. Todas la miraron sin comprender nada.
- No has visto la película ¿verdad? – preguntó Maimi.
- No, la verdad es que no, pero me parecía un comentario gracioso – se quejó Ai, hinchando sus mejillas-. ¿Ya no se puede ser graciosa o qué? – dicho esto, se dirigió a la barra.
- Yo me he enterado de que toda la oficina habla mal a mis espaldas… y no es nada agradable, créeme – suspiró Miyabi.
- Me lo imagino, Miyabi… pero ¡no te preocupes por ellos! Lo que debe preocuparte es lo que piensa la gente que tú realmente quieres – sonrió Maimi.
- Yo he presentado la línea de moda de invierno que he estado diseñando todo un mes y parece ser que a la jefa no le ha gustado demasiado – dijo Chinami-. Dice que está bien, pero para ancianos. Dice que es muy poco moderno, que sólo lo llevaría la abuela de Lady Gaga. Incluso le puso un slogan: “Los que van a palmar tienen el derecho de fardar”.
- Bueno, al menos ha aceptado tu colección ¿no? No ha sido tan malo – comentó Maimi, sin perder la sonrisa-. ¿Qué te ha pasado a ti, Saki?
- Una mujer de unos cuarenta años se ha quedado atascada dentro de uno de los probadores de la tienda. La pobre mujer no podía salir porque la cortina no se movía. Ha sido muy desagradable – explicó, con la mirada perdida.
- Bueno, pero logró salir, que es lo importante ¿verdad? – sonrió Maimi-. ¿Y tú, Risako?
- Hoy ha llegado una chica nueva a mi consulta. Era una de mis exnovias. Resulta que tiene una depresión tremenda – murmuró-. No puedo evitar sentirme culpable…
- Wow, eso sí que es tremendo… - suspiró Maimi, comenzando a perder la sonrisa-. ¿Y tú, Maasa?
- ¡YO HE ACABADO DE LEER MI MANGA FAVORITO! ¡Y ACABA MUY MAL! – exclamó ella, echándose a llorar. Maimi se acercó a ella y la abrazó, acariciándole el cabello.
- Maasa, mi idiota Maasa… tú problema es el más idiota de todos – sonrió-. ¿Y qué te ha pasado a ti, Momoko?
- A mí simplemente ver que todas las demás estaban deprimidas me ha deprimido – contestó-. Aunque he dibujado un perro, y eso hace que me sienta mejor.
- ¿Veis? Todas deberíais seguir el ejemplo de Momoko – dijo Maimi.
- ¿Deberíamos dibujar perros? – preguntó Risako.
- No, no tiene por qué ser exactamente eso – rió Maimi-. Deberíais buscar algo que os haga sentir mejor, porque por mucho que el día haya empezado muy mal, todavía queda mucho día por delante y la cosa siempre puede ir a mejor.
- Maimi tiene razón, chicas – dijo Chinami-. Tenemos que buscar algo que nos alegre, como…
- ¿Qué tal eso para alegraros? – preguntó Maimi, señalando la entrada de la cafetería, por la cual entraba en ese momento una mujer. Todas volvieron la vista y se quedaron boquiabiertas.
- ¿Es Maki? ¿Goto Maki? – preguntó Miyabi, sin poder creérselo.
- ¿Y sin guarda-espaldas? – preguntó Maasa, mientras una pequeña sonrisa se dibujaba en su rostro.
- ¿Tomando un café en el Tomo-da-chi? – continuó Yurina.
- ¿Goto Maki sin guarda-espaldas tomando un café en el Tomo-da-chi? – recapituló Saki.
- ¡GOTO MAKI! – exclamaron todas a la vez, levantándose del sofá y dirigiéndose a ella. Ésta, un tanto sorprendida, pero sonriente, las saludó.
- Hola – dijo ella inocentemente.
- ¡Eres… una… diosa! – exclamó Risako, tratando de respirar con normalidad.
- Gra-gracias – contestó ella, sin entender nada-. Esto… disculpe – dijo, dirigiéndose a Maimi-, ¿podría ponerme un grand café noir para llevar?
- ¡Toma el mismo café que nosotras! – comentó Yurina, sin apartar su vista de la famosa cantante.
- Sor-sorprendentes coincidencias, sí – rió Maki, comenzando a sentirse un poco incómoda ante los catorce ojos que estaban clavados en ella-. Esto… ¿puedo ayudaros en algo?
- ¿Puedes darnos tu autógrafo? – dijo Momoko, entregándole su cuadernito y un bolígrafo.
- ¡Claro que sí! No hay problema – sonrió ella, cogiendo el cuaderno-. ¿A quién se lo dedico?
- A Berryz Koubou – contestó Momoko.
- Vale… A Berryz Koubou con cariño, para que algún día tomemos un grand café noir juntas – decía mientras escribía en el cuaderno-. Y… ¡ya está! – declaró después de haber firmado-. Aquí tenéis. Ha sido un placer veros – dicho esto, se dirigió a la barra donde Maimi estaba preparando su café.
- Al final Maimi va a tener razón – sonrió Miyabi-. El día siempre puede ir a mejor.
- Pues vámonos y ¡empecemos un nuevo día! – exclamó Risako, alzando su puño en el aire-. ¡Busquemos nuevas aventuras!
- ¡Eso es! – exclamó Saki-. Hagamos que este día vaya a mejor.

Las siete se dirigieron a la puerta con intención de empezar un nuevo día, pero Momoko se detuvo.
-Iros sin mí, chicas; tengo que pagar los cafés – dijo Momoko, dándose cuenta de que estaban a punto de irse sin pagar-. Y además, luego tengo que seguir escribiendo, así que nos vemos a la noche ¿de acuerdo?
- De acuerdo, Momo – sonrió Saki-. Nos vemos a la hora de cenar.

Y las seis restantes abandonaron el Tomo-da-chi, buscando una nueva aventura.

Tomo-da-chi - Episodio 3

Clasificación: R-0

Nota de Autora: Pequeña tontería que empecé a escribir esperando al autobús. Es una locura de capitulo, así que si hay algo que no entienden, pregunten =) Como en el anterior, corto en una parte para que no se extienda demasiado. Ustedes cliqueen en "Read more" para Readear un poco more! 
¡Disfruten del episodio!
Estrellas invitadas: Seishun Bus Guide y Kikkawa Yuu (en nada debutará, así que quería meterla en el capitulo sí o sí)

Episodio Tres: Seishun Bus Guide

Eran las nueve y media de la mañana de un sábado cuando las chicas entraron en el Tomo-da-chi conversando alegremente mientras cargaban con unas maletas y mochilas.

- ¡Buenos días, Ai! – saludó Saki.
- ¡Buenos días, chicas! – saludó ella-. ¿Lo de siempre?
- Exacto – le contestó Chinami, dirigiéndose al sofá de siempre, dejando la maleta y la mochila en el suelo y sentándose en su sitio habitual.
- ¡Qué ganas tengo de ir de acampada! – exclamó Miyabi, frotando sus manos.
- Tenemos que darnos prisa, que el autobús turístico sale a las diez y media – recordó Maasa.
- ¡Buenos días, chicas! – saludó Maimi, acercándose sonriente a ellas-. Vaya, qué de maletas y mochilas, ¿os vais a algún sitio?
- Nos vamos de acampada al monte, a ver la lluvia de estrellas – contestó Saki.
- Vaya, eso suena genial, chicas – comentó Maimi, sorprendida, y luego volvió la vista a Yurina-. Wow, Kumai-chan, llevas una mochila enorme.
- Sí; es que llevo mi cámara y todos los objetivos, para sacar fotos a las estrellas.
- Ya veo – sonrió Maimi, y miró a Maasa-. Wow, Maa-chan, no sabía que tocaras la guitarra.
- Pues sí; me llevo la guitarra para ver si compongo algo. Estoy buscando nuevos registros para mi música.
- Me dejas a cuadros, Maa-chan – dijo Maimi. Momoko chasqueó los dedos para llamar la atención de la camarera, sonriente.
- ¡Yo llevo esto! – exclamó Momoko, sacando de su bolsillo unas gafas de “culo de vaso”, y poniéndoselas. Todas se rieron.
- ¿Y por qué traes esto? – preguntó Miyabi, con el ceño fruncido.
- ¡Porque le da un toque cómico! – contestó Momoko, quitándose las gafas y volviéndolas a guardar.
- Maimi ¿tú no quieres venir? – preguntó Risako, alzando sus cejas-. Podemos compartir tienda de campaña, e incluso saco de dormir. Con un poco de suerte, tal vez ni necesites ropa – le guiñó un ojo, y Miyabi le golpeó la nuca-. ¡Ay! Eso ha dolido.
- ¡No ligues con la camarera y te caerán más como esos! – la regañó.
- Eh… Eso fue una “amable” propuesta, Risako, pero este fin de semana me toca trabajar. Disfrutad de vuestra acampada.
- ¡Gracias! – dijeron todas a la vez. Maimi se fue a la barra y segundos después llegó Ai.
- ¡Grand café noir para todas! – exclamó Ai, dejando la bandeja sobre la mesilla.
- Gracias, Ai-chan – le sonrió Saki.
- No hay de qué – dijo Ai, guiñándole un ojo y volviendo a la barra.
- ¡Hey, chicas! – exclamó Eri, acercándose a ellas con un montón de bolsas en las manos-. ¡Os traigo unas cosas de mi visita a la fábrica de uniformes masculinos! Adivinad qué os traigo.
- No sé, ¿uniformes masculinos, tal vez? – rió Maasa.
- ¡Din, din, din! Premio para la señorita – sonrió Eri, entregando una bolsa a cada una.
- Waa, son unos uniformes impresionantes – comentó Momoko.
- ¡Quiero probármelo! – exclamó Yurina, dirigiéndose al baño para cambiarse de ropa.
- ¡Yo también! – dijo Miyabi, corriendo tras Yurina.
- Muchas gracias, Eri – sonrió Saki, y luego se volvió a las chicas-. Hey ¿por qué no vamos a la acampada con el uniforme masculino puesto?
- ¡Sí, sería divertido! – contestó Maasa. Eri, satisfecha con la reacción de sus compañeras, se fue a la despensa a hacer lo que Ai le había pedido que hiciera.
- Vale, esperadme aquí, que voy a pagar los cafés – dijo Chinami, levantándose del sofá y acercándose a la barra.
- ¿Te cobro los cafés? – preguntó Ai.
- Sí, por favor – dijo Chinami. Ai se acercó a la caja y calculó el precio de la consumición.
- Así que os vais de acampada ¿eh? – comentó Ai, dándole la cuenta a Chinami.
- Sí; vamos a ver la lluvia de estrellas desde un monte – respondió Chinami, sacando el dinero de su cartera.
- Eso es genial – sonrió Ai, cogiendo el dinero de la mano de Chinami-. Pero, por favor, cuida bien de Momoko; seguro que con esas gafas acaba cayéndose colina abajo.
- Tranquila, lo haré – rió Chinami-. ¡Nos vemos!
- ¡Espera, te olvidas el cambio! – exclamó Ai, mientras Chinami se alejaba.
- Quédate con el cambio – le contestó Chinami, sonriéndole alegremente. En otra ocasión no habría dejado semejante propina, pero hoy se sentía extrañamente feliz y no le importaba. Volvió hacia el sofá, donde se encontró a unas muy masculinamente vestidas Yurina y Miyabi. Saki, Maasa y Risako estaban en el baño, cambiándose de ropa. Momoko llevaba puestas sus gafas, y al notar que Chinami se sentaba a su lado, le preguntó.
- Ey, Chinami, ¿crees que estoy sexy con las gafas?
- ¿Sinceramente? – le preguntó Chinami. Momoko asintió.
- No – contestaron tanto Miyabi como Chinami.
- No entendéis el humor Momoniense – dijo Momoko, hinchando sus mejillas y cruzándose de brazos.
- ¡Ya están aquí los chicos! – exclamó Saki, saliendo del baño con el uniforme de chico puesto, seguida por Risako y Maasa-. Os presento a mis amigos: Maa-taro y Rii-taro. Yo soy… Yuri Chinen.
- No insistas, Saki-chan, no te pareces al crio ese de Hey! Say! JUMP – rió Chinami.
- Bueno, sólo quedáis vosotras dos – dijo Risako, señalando a Chinami y a Momoko.
- ¡Vale! ¡Allá vamos! –exclamó Momoko, apresurándose al baño. Como llevaba las gafas, se dio un golpe contra el marco de la puerta, y Chinami tuvo que ir a ayudarla.
- ¡Quítate esas gafas! – le ordenó Chinami.
- ¡Nunca! ¡No renunciaré al humor Momoniense! – dijo Momoko, volviendo a golpearse contra el marco de la puerta unas dos veces más, sorprendentemente por accidente.
- Sólo Momoko tropieza con la misma piedra tres veces – rió Maasa.
- En este caso, con el mismo marco de puerta – corrigió Yurina.
- ¡Vamos, quítate eso! – le dijo Ai, quitándole las gafas de un tirón. Momoko se quedó impactada, pues no sabía de dónde había salido Ai-. Te acabarás haciendo daño.
- ¿Más del que se ha hecho hasta ahora? – rió Risako.
- Ve a cambiarte – le ordenó Ai a Momoko con una sonrisa, y luego se volvió a Chinami y le dio las gafas-. Cuídalas bien y no dejes que Momoko las encuentre.
- Eso está hecho – sonrió Chinami-. Bueno, voy a cambiarme.

Chinami y Momoko entraron en el baño y Ai volvió a la barra. Una vez hubieron salido del baño, se encaminaron felizmente a la estación de autobuses, donde les esperaba un autobús turístico hacia el monte especialmente reservado para ellas. Dejaron las maletas en el maletero del autobús y subieron.



Tomo-da-chi - Episodio 2

Clasificación: R-0

Nota de autora: Episodio largo. Así que, coge palomitas y ve preparando el asiento. Lo corto en una parte para no invadir tanto el blog, pero clickar en "seguir leyendo" para ... seguir leyendo xD
Estrellas invitadas de éste episodio: S/mileage y Sayumi Michishige.

Episodio Dos: Como animales

Eran las nueve de la mañana cuando las chicas entraban por la puerta de la cafetería manteniendo una alegre conversación entre ellas.
- ¡Buenos días por la mañana, chicas! – saludó Ai con una amplia sonrisa-. Tomaréis lo de siempre ¿verdad?
- Claro, Takahashi-san: grand café noir para todas – dijo Saki, y luego volvió la vista hacia su mesa de siempre-. Oh, vaya, hay una chica ocupando nuestro sofá, vamos a…
- ¡Perdona! – exclamó Momoko, acercándose a la chica que estaba sentaba en el centro del sofá que normalmente ocupaban las Berryz.
- ¿Disculpe? – preguntó la chica en cuestión.
- Esto… nosotras tomamos el café aquí, es nuestro sitio y… - comenzó Momoko-. Nos gustaría… ya sabes… si tu quieres…
- ¡Ah! Ya sé lo que quieres decir, y ¡por supuesto que quiero! ¡Me encantaría! – exclamó ella, emocionada.
- ¡Vale! – dijo Momoko entusiasmada-. ¿Habéis oído? A esta chica le parece bien.
- ¡Por supuesto que me encantará tomar el café con vosotras! – exclamó la chica. Todas se miraron entre sí y luego miraron todas a Momoko.
- Pues… ¡claro! Tomemos el café juntas – dijo Miyabi, quitándose la chaqueta y tomando asiento en su hueco usual del sofá. Todas las demás tomaron asiento en sus sitios usuales, salvo Yurina, porque su sitio estaba siendo ocupado por la desconocida, así que ésta optó por sentarse en el reposabrazos del sofá.
- Pues, como os iba diciendo, Saki, Miyabi y yo vamos a ir al zoológico – informó Risako.
- Me parece muy bien, Risako; el primer paso es asumir que sois unos completos animales – rió Maasa.
- ¿Vais a ir a un zoológico? – preguntó la chica.
- Así es – dijo Miyabi, con una pequeña sonrisa incómoda; la verdad es que no sabía que estaba haciendo esa chica allí.
- No me gustan los zoológicos; me traen malos recuerdos – dijo la chica-. Una vez, cuando me despedía de unos elefantes, me resbalé y me caí.
- Vaya, una trágica historia – comentó Yurina.
- Cafés para todas, chicas – anunció Ai-chan dejando la bandeja con las tazas de café sobre la mesita-. Ahora mismo te traigo tu café con leche, Sayumi.
- Gracias, Takahashi-san – sonrió la que, a partir de ahora, tenía nombre de Sayumi.
- Así que, te llamas Sayumi ¿no? – dijo Momoko-. Es un nombre bonito.
- Gracias, pero yo soy más linda ¡ehe! – dijo, poniendo sus manos en sus mejillas y haciendo una pose kawaii.
- Creo que voy a vomitar – susurró Risako, de manera de que sólo ella pudiera escuchar lo que había dicho.
- Saki, deberías habernos avisado de lo del zoológico; habíamos comprado tres entradas para el estreno de Pandas asesinos – dijo Maasa, un tanto decepcionada.
- Dios mío, pero si tiene pinta de ser la peor película de la historia – dijo Miyabi-. No hay más que oír el título y ya piensas “esto va a ser muy malo”.
- ¡Cuidado con lo que dices, Miyabi! Para tu información, Pandas asesinos es una película con mucho contenido, muchos matices y… - Chinami suspiró-. Vale, lo admito que seguramente será una película malísima, pero ¡vamos! Saki, llevamos yendo a estrenos de películas malísimas desde que empezamos a compartir piso, ¡estás rompiendo una tradición!
- Chicas, dejar de hacer que me sienta mal… - dijo Saki-. Ir sin mí, seguro que os lo pasaréis genial. Después, cuando volvamos del zoológico quedamos todas en nuestro apartamento para cenar y nos contáis que tal ha estado ¿vale?
- De acuerdo, pero me parece un desperdicio de dinero el haber pagado una entrada para que después no vaya nadie… - se quejó Maasa.
- ¿Alguna de vosotras dos querría ir a ver la película? – preguntó Chinami, dirigiéndose a Yurina y Momoko.
- Lo siento, tengo un trauma con los pandas; una vez salí con uno – dijo Sayumi, a pesar de que nadie le había preguntado. El resto de chicas se quedaron flipando con la respuesta.
- Vaya, otra trágica experiencia… - comentó Yurina-. En cuanto a la película, lo siento, pero no, Momoko y yo ya tenemos planes.
- ¿Qué? – preguntó Momoko, sin entender nada, y miró a Yurina, que le guiñó un ojo-. ¡Ah! Síi, tenemos que hacer… eso… sí, la cosa que tenemos que hacer desde… ¡puff! Hace mucho… tiempo.
- Vale, así que simplemente no queréis ir – rió Maasa.
- Exactamente – dijo Yurina.
- Hey ¿por qué no se lo pedís a Maimi? La conocemos desde hace mucho tiempo, y todavía no la hemos visto fuera de su trabajo de camarera – propuso Saki.
- No es mala idea pero… apenas conocemos a Maimi – dijo Chinami.
- Pues ahora tenéis ocasión de conocerla – sonrió Miyabi-. No hay nada que perder.
- Supongo que no perdemos nada por intentar – dijo Maasa, y llamó a Maimi alzando la mano. Ésta se acercó en cuanto termino de coger el pedido de la mesa cinco.
- ¿Me llamabas, Maasa? – preguntó Maimi.
- Sí, verás… ¿a qué hora sales de trabajar? – preguntó Maasa.
- … Maasa, si estás intentando salir contigo, yo lo siento, pero es que tú…
- Para el carro, Maimi; Maasa sólo quiere pedirte que vengas con nosotras al estreno de Pandas asesinos – dijo Chinami.
- ¿Pandas asesinos? ¿Bromeáis? Las entradas están agotadas… - dijo Maimi.
- No; tenemos una entrada de sobra. Íbamos a ir con Saki, pero ella se va al zoológico con Risako y con Miyabi – informó Maasa.
- Bien hecho, chicas; el primer paso es aceptar lo que uno es – rió Maimi.
- ¡Hey! Me has robado el chiste – dijo Yurina.
- Lo siento, Kumai-chan; te invito a lo que estés tomando. ¿Qué digo? Os invito a todas a lo que estéis tomando – sonrió Maimi-. Hoy termino a las cuatro y media. ¿A qué hora es la película?
- Es a las seis, pero podríamos quedar aquí a las cuatro y media para ir al cine – propuso Chinami.
- Me parece bien. Aquí estaré – dijo Maimi-. Si me disculpáis, el señor de la mesa cinco quiere un café español, y no estoy muy segura de que eso exista…
- ¡Hasta luego, Maimi! – exclamó Maasa mientras movía su mano a forma de despedida-. Esta chica es muy agradable.
- ¡Y pensar que le gustan las películas de pandas asesinos…! – dijo Momoko.
- ¿Y esta chica no sale con nadie? – preguntó Risako.
- Rii-chan, ni se te ocurra salir con la camarera – dijo Miyabi.
- ¿Por qué no? Es bastante atractiva – dijo Risako.
- Porque si sales con ella y luego cortáis, la cosa estaría incómoda entre vosotras y nosotras tendríamos que buscar otra cafetería a la que ir, y créeme que no nos gustaría ir a otra cafetería – explicó Miyabi.
- Estoy de acuerdo con Miyabi – dijo Yurina, alzando la mano.
- ¡Chicas! ¡No podéis poner barreras al amor! – exclamó Sayumi, indignada. Todas se volvieron a mirarla.
- Sayumi, tú no conoces a Risako; ella no está enamorada de Maimi – dijo Chinami.
- En realidad, dudo que haya estado enamorada de alguien – rió Yurina, y Miyabi le lanzó una mirada asesina-. Salvo de Miyabi, claro, de Miyabi se enamoró… perdidamente. Se le veía en la mirada.
- Gracias – murmuró Miyabi.
- En fin, va siendo hora de irnos – dijo Saki, mirando su reloj.
- Esperar ¿a dónde vais? – preguntó Sayumi.
- Nosotras nos vamos al zoológico, que tenemos el día libre – dijo Risako.
- Y nosotras a trabajar – dijo Maasa, señalando a Chinami-; espero que nos dejen salir antes.
- Yo me voy a casita, que tengo que escribir el último capítulo antes de mañana – dijo Momoko.
- Yo tengo el día libre; el jefe nos ha dicho que nos odia a todos y que quiere perdernos de vista por un día – suspiró Yurina.
- Qué agresivo es tu jefe para ser el dueño de una fábrica de osos de peluche – rió Maasa.
- No lo sabes tú bien, Maasa, no lo sabes bien – sonrió Yurina.
- Pero ¿y qué pasa conmigo? – preguntó Sayumi.
- Nos volveremos a ver; venimos a la misma cafetería – sonrió Momoko.
- Pero…
- Mira, aquí tienes mi tarjeta de visita – dijo Momoko, sacando de su cartera una tarjeta de visita-. Si quieres, llámame algún día.
- ¡Gracias, Momoko! – se lanzó a los brazos de Momoko y sonrió ampliamente-. ¡A partir de ahora seremos grandes amigas!
- Eh… vale. Ahora me tengo… que ir – dijo, apartándose de ella rápidamente-. Nos vemos ¿vale?
- ¡Vale! – sonrió Sayumi.
Todas ellas se levantaron y se encaminaron hacia la puerta.
- Deberíamos habernos sentado en otro sitio… - murmuró Risako, mientras se ponía su chaqueta.
- Definitivamente, sí – rió Maasa.

Las chicas tomaron caminos distintos: Saki, Risako y Miyabi fueron en dirección al zoológico, Maasa y Chinami fueron a sus respectivas oficinas, y Yurina y Momoko fueron a tomar un helado antes de que esta última volviera a casa para escribir. Tenía que terminar su novela sobre la superficialidad de las patatas fritas y mandarla a la editorial cuanto antes.


Tomo-da-chi [New!] Episodio I

Clasificación: R-0
By: LibenSR

Nota de autora: Este fic va a ser prácticamente como una serie de televisión, así que en lugar de llamarlo "capitulo", he decidido llamarlo "episodio" ^_^ ¡Disfruten del fic, kudasai!


Tomo-da-chi

Episodio Uno: El mapache superficial

Tomo-da-chi: un café irlandés en mitad de Tokyo. “Es una locura” se decía todavía la dueña del local Ai Takahashi, y lo mismo pensaban sus camareras, Eri Kamei y la joven Maimi Yajima, pero no importaba lo más mínimo: el establecimiento era un total éxito. Al día, mucha gente iba a tomar algo a la cafetería de estilo irlandés que estaba situada cerca del cruce de Shibuya, y se dejaba llevar por una agradable conversación con sus acompañantes, sentados en los cómodos asientos que el establecimiento ofrecía. Y, en concreto, sentadas en los sillones y sofás de la esquina, se encontraban un joven grupo de seis amigas, que hablaban en voz alta sobre lo que les había pasado a lo largo del día.

- Ayer me encontré con Chisato – comentó Momoko, una chica pequeña pero muy, pero que muy chillona.
- ¿Ah, sí? ¿Cómo le va? – preguntó Miyabi, mientras tomaba un sorbo de su bebida: grand café noir. Nunca supo pronunciarlo bien, pero no le importaba.
- No tuve mucho tiempo para preguntarle; me vio, se llevó las manos a la cabeza y salió corriendo mientras gritaba – contestó ella de manera muy inocente, sin darle mucha importancia a lo que acababa de decir.
- ¿Y no te pareció raro? – preguntó Maasa, un tanto alucinada por lo que acababa de escuchar.
- No ¿por qué? Tal vez ahora le guste saludar así – dijo ella mientras se encogía de hombros. Cogió su taza y, levantando elegantemente el dedo meñique, bebió un poco de su té verde. Después, lo dejó sobre la mesa-. Mirar, es como si yo comenzara a saludaros así – dicho esto, se llevó las manos a sus mejillas y las apretó, haciendo que sus mofletes parecieran más gordos-. Momochi desu~.
Sus acompañantes se echaron a reír.
- Por favor, Momo, nunca nos saludes así – dijo Risako mientras ponía sus manos en su estómago, tratando de contenerse la risa.
- ¿Por qué no? Me parece una manera original de saludar. Seguro que dentro de unos años, todos se saludarán así – dijo Momoko, cruzándose de brazos.
- No quiero vivir para ver eso – dijo Saki, secándose unas lágrimas que se le habían caído al reírse.
- Pero en serio, me pregunto por qué Chisato reaccionaría así al verte – comentó Miyabi mientras fruncía el ceño.
- ¿Le has hecho algo a Chisato últimamente, Momoko? – preguntó Risako.
- No que yo recuerde… - murmuró Momoko, llevándose el dedo índice al labio inferior. Todas se detuvieron a pensarlo durante unos segundos, pero sus pensamientos fueron interrumpidos cuando una séptima persona se unió a ellas.
- ¡Odio ser alta! – exclamó Yurina, enfadada, mientras se sentaba al lado de Risako.
- Y ésta es una nueva entrega de las quejas de Kumai – dijo Maasa, imitando la voz de un afamado presentador japonés.
- ¿Qué ha pasado, Kumai-chan? – preguntó Saki, omitiendo el comentario que Maasa había hecho.
- ¿Os acordáis de la chica con la que estaba saliendo? – preguntó.
- Oh, ha dicho “estaba”, esto pinta mal – dijo Miyabi, dando un sorbo a su bebida.
- ¿Qué ha pasado con Aika? – preguntó Risako.
- Veréis, hoy habíamos quedado. Teníamos un plan súper romántico; íbamos a ir a hacer footing, luego a andar en bici, a jugar al tenis… - comenzó Yurina.
- ¿Súper romántico? – repitió Chinami, que no había abierto la boca hasta ahora porque estaba muy concentrada en beber su Sprite sin derramar ni una sola gota sobre su nuevo vestido.
- Chii, recuerda que es Yurina; para ella, un plan híper-mega-súper romántico sería subir al Everest – rió Maasa.
- La cosa es que, justo antes de que saliéramos a hacer footing… ¡me ha dejado por ser demasiado alta! ¡Dice que se avergüenza de estar conmigo! Aún no me lo puedo creer – contó Yurina, poniendo una de sus manos en su mejilla.
- ¡Qué egoísta me parece! ¡Nosotras también nos avergonzamos de ti, pero no por eso te dejamos! – exclamó Chinami, mientras reía. Yurina le dedicó una mirada de odio, y justo cuando iba a hablar, fue interrumpida.
- ¿Qué vas a tomar, Yurina? ¿Una taza grande de café? – preguntó Maimi, que se había acercado a ellas mientras conversaban.
- ¿Una taza GRANDE? ¿Estás insinuando tú también que soy demasiado ALTA? ¡Claaro, como Kumai-san es tan alta, querrá una taza GRANDE de café, acorde a su altura! – gritó Yurina, mientras movía sus brazos en el aire, haciendo gestos exagerados. Maimi la observó aterrada.
- Maimi, tranquila, sólo está un poco alterada… tomará lo de siempre, gracias – dijo Saki, sonriendo amablemente a la camarera.
- Lo que hay que soportar – murmuró ella mientras se dirigía a la barra.
- Agradeceríamos muchísimo que a la siguiente vez que te deje una novia no asustaras a nuestra camarera – rió Maasa. Yurina cubrió su rostro con sus manos y suspiró.
- Lo siento, es que esto me ha afectado mucho – se disculpó ella.
- No pasa nada, Kumai-chan – dijo Risako, poniendo la mano sobre el hombro de su amiga-. Igualmente, esa chica era muy superficial para ti, ¡te dejó por ser muy alta! ¿A quién se le ocurre dejar a alguien por sus rasgos físicos?
- Perdona, Rii, pero tú has hecho lo mismo muchas veces – comentó Miyabi.
- ¿Pero qué estás diciendo? – preguntó Risako, sorprendida por lo que estaba oyendo.
- Dejaste a Airi porque tenía orejas muy grandes, luego saliste con Kanna pero la dejaste porque no te gustaban sus dientes… ¡incluso me dejaste a mí porque tenía la barbilla demasiado larga! – dijo Miyabi.
- Es que, Miya, tienes que admitir que tienes una barbilla descomunal – rió Saki mientras ponía la mano bajo la mandíbula de su amiga. Ésta le sacó la lengua y le guiñó un ojo.
- Miya tiene razón, Rii, a veces llegas a ser más superficial que una patata frita – comentó Momoko. En cuestión de segundos, todas las miradas de sus amigas se centraron en ella.
- ¿Más superficial que una patata frita? – repitió Chinami.
- Sí; nunca encontraréis nada más superficial que una patata frita – dijo Momoko mientras cogía dos patatas fritas del plato que había sobre la mesa-. “¡Hola! Soy una patata frita” “Y yo una patata frita” “Pues no eres nada especial, al fin y al cabo, todas somos patatas fritas” “Qué superficial eres, patata frita, todas tenemos algo en especial” “Da igual lo que digas, te van a acabar comiendo”- dicho esto, Momoko se abalanzó sobre la patata frita y la devoró en cuestión de segundos-. Y es por eso que las patatas fritas son superficiales.
- Por favor, Momo, consigue el copyright de esa historia antes de que alguien te la robe – rió Maasa.
- Estoy escribiendo un libro al respecto, Maasa, no te preocupes – dijo Momoko.
- Pero volviendo al tema de Risako… - dijo Miyabi.
- ¿Lo de Risako? Pero ¿qué pasa conmigo? – preguntó Yurina-. No sé si os acordáis, pero ¡sigo aquí y sigo estando triste!
- Te vemos, Yurina; eres demasiado alta como para no ser vista – rió Chinami. Yurina le fue a decir algo, pero entonces llegó Maimi.
- Aquí tienes tu grand café noir, Yurina – dijo Maimi dejando la taza de café sobre la mesa.
- ¡Ya estamos otra vez! ¿Qué demonios te ha dado a ti hoy, Maimi? ¡Claro, Yurina Kumai es alta, tendrá que tomar un GRAND café NOIR! ¡Como si no tuviera suficiente con haber sido abandonada por ser muy pero que muy ALTA! ¡GRACIAS, MAIMI, GRACIAS! – gritó Yurina mientras daba pequeños golpes con su dedo índice al hombro de la camarera. Maimi se asustó y huyó hacia la barra rápidamente.
- Yurina, recuerda lo que te hemos dicho sobre atacar a nuestra camarera – dijo Maasa mientras ponía una mano sobre el hombro de Yurina.
- Lo siento, es que no puedo controlarlo, estoy muy agresiva – dijo Yurina.
- No, si nos hemos dado cuenta, y Maimi también – rió Saki.
- ¡Hey, mira, Momo, ahí está Chisato! – exclamó Miyabi señalando en dirección a la entrada. Momoko se levantó y alzó su mano en el aire.
- ¡Chisato! – exclamó mientras sacudía su mano. Cuando esta la miró, puso sus manos sobre sus mejillas y las apretó, como había hecho anteriormente-. Momochi desu~ - Chisato se llevó las manos a la cabeza y echó a correr mientras gritaba-. ¿Veis? Es su manera de saludar.
Momoko volvió a sentarse y sus compañeras no pudieron contenerse la risa.
- Yo también habría salido corriendo – rió Yurina.
- ¿Y quién no? – preguntó Maasa.

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Horas más tarde, Miyabi y Risako seguían hablando sobre el tema en su apartamento, que se situaba a escasos metros del Tomo-da-chi.
- Te sigo diciendo que no soy superficial, y es mi última palabra – sentenció Risako, intentando terminar como fuera con aquella conversación.
- Vale, entonces dime una sola relación que hayas terminado por una razón que no sea para nada superficial – dijo Miyabi.
- Pues… está… - Risako se quedó pensativa durante unos segundos-. ¡Está Nakajima Saki! Sí, esa chica con la que salí tres semanas.
- La dejaste porque odiabas su voz, y eso, amiga mía, es ser superficial – dijo Miyabi mientras se sentaba en el sofá.
- Bueno, es verdad, pero ¡entiéndeme! Bastante tengo con aguantar a Momoko día tras día, con su voz de helio, como para aguantar a dos Momokos – replicó Risako, sentándose al lado de Miyabi.
- Ya, pero Nakki era un buen partido, y lo sabías – dijo Miyabi-. Admite que eres superficial y acabaremos antes.
- Admite tú que eres superficial – dijo Risako, cruzándose de brazos.
- ¿Por qué iba a ser yo superficial? – preguntó Miyabi.
- ¡Todos somos superficiales, Miya! ¡Todos!
- No; sólo tú y las patatas fritas de Momoko – rió Miyabi.
- ¿Me estás diciendo que tú no eres superficial? – preguntó Risako.
- Pues claro que no; si fuera superficial, no me llevaría tan bien con el vecino de enfrente, Tsunku.
- Claro, claro, pero ¡seguro que no te atreverías a salir con él!
- ¡Pues claro que no!
- ¿Ves? Tú también eres superficial.
- No estoy siendo superficial, Rii, es que ese hombre es mucho más mayor y está casado.
- ¡Excusas, excusas! – exclamó Risako, levantándose del sofá para ir a por una Coca Cola a la cocina. Miyabi suspiró y la siguió.
- Vale, si tan segura estás de que no eres superficial ¿saldrías con Yurina Kumai si ésta te lo pidiera?
- ¿Con Kumai-chan? Pero si es demasiado alta… - dijo ella, y después se cubrió la boca al darse cuenta de lo que acababa de decir.
- ¿Lo ves? Exactamente lo mismo que dijo la exnovia de Kumai-chan.
- Vale… lo admito, soy muy pero que muy superficial – admitió por fin Risako mientras sacaba una lata de la nevera.
- ¡Puff! Bien, por fin lo has admitido – sonrió Miyabi-. Mira, ser superficial no tiene nada de malo, es sólo una parte de tu personalidad… pero sí te puede apartar de personas que podrían ser lo más importante de tu vida.
- De acuerdo. Evitaré ser superficial a partir de ahora – sonrió Risako-. Tienes ante ti a una nueva Risako Sugaya.
- Pues ¡encantada de conocerte! – rió Miyabi.
- Pero sigo pensando que tienes una barbilla descomunalmente larga – dijo Risako, y riendo, huyó hacia su habitación.
- ¡Eso no ha tenido gracia! – exclamó Miyabi, y seguidamente llevó su mano a la barbilla-. Tampoco es tan larga…
- ¡Sí que lo es!
- ¡Maldita!

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Mientras tanto, a unos pocos metros de allí, Saki ponía una fuente enorme de Spaguettis sobre la mesa del apartamento que compartía con Chinami y Maasa.
- Me parece una verdadera lástima lo de Yurina – comentó Saki mientras se sentaba frente a la mesa.
- Esa chica no estaba hecha para Kumai-chan, así que no se ha perdido gran cosa – dijo Maasa-. Ya encontrará a una chica que sepa tratarla bien.
- Hablando de tratar bien ¿a qué hora llegará Momoko? – preguntó Chinami.
- Estará a punto de llegar, pero ¿qué tiene eso que ver con “tratar bien”? – preguntó Saki mientras se servía unos pocos spaguettis en su plato.
- Teniendo en cuenta que hay una persona que cuando la ve lo único que hace es salir corriendo mientras grita, tendríamos que “tratarla bien” para que no nos dé razones para huir – explicó Chinami.
- Vamos, seguro que Chisato tiene sus razones para huir de Momoko – dijo Saki.
- ¡MOMOCHI DESU~! – exclamó Momoko mientras entraba por la puerta, haciendo su ahora nuevo saludo.
- Creo que empiezo a entender a Chisato – rió Maasa.
- Oh, vaya, Saki, has cocinado spaguettis, ¡genial! – exclamó Momoko corriendo hacia la mesa para tomar asiento. Se sirvió rápidamente una buena ración de spaguettis y comenzó a devorarlos.
- Bueno, ya está aquí Momoko; ¿sabéis si Yurina va a venir? – preguntó Maasa.
- ¿Bromeas? ¡Lleva cuatro horas llorando en el baño! ¿Acaso no la oyes? – dijo Saki, y seguidamente, se quedó en silencio durante unos segundos.
- ¡¿POR QUÉ SERÉ TAN ALTA?! – gritó Yurina desde el baño.
- ¡Yurina, si sigues sonando tan dramática te van a dar un Oscar! – exclamó Momoko mientras masticaba su pasta.
- Pensaba que ese ruido lo hacía el gato – contestó Maasa.
- ¿Gato? Pero si no tenemos ningún gato – dijo Chinami.
- Sí, siempre hemos tenido un gato; está en tu cuarto, como siempre, lo he visto un millón de veces – afirmó Maasa.
- Vale, Maa, me estás empezando a asustar. ¿Has vuelto a tomar esas pastillas? – preguntó Saki.
- ¿Qué pastillas? No; os estoy diciendo que en el cuarto de Chinami hay un gato – dijo Maasa, levantándose de su silla y dirigiéndose al cuarto de Chinami.
- ¡Eso tengo que verlo! – exclamó Chinami, siguiendo a Maasa hacia su habitación. Saki volvió la vista a Momoko, y viendo que ésta estaba muy centrada en sorber la pasta, decidió ir a ver qué había en el cuarto de Chinami.
- Debe estar aquí, en alguna parte – dijo Maasa, rebuscando entre los cojines de la cama.
- Aquí no hay ningún gato ¿no lo ves? – dijo Chinami, abriendo bien sus brazos para indicarle que allí no había nada.
- ¿Dónde lo viste por última vez, Maasa? – preguntó Saki.
- Fue… - murmuró Maasa- en el cajón de la ropa interior de Chinami.
- ¡¿Cómo?! – gritó Chinami-. ¿Qué hacías mirando mi ropa interior?
- El otro día me fijé en que llevabas ropa interior de conejitos, y quería ver si tenías más – rió Maasa, abriendo dicho cajón y sacando un ejemplar-. ¡Y mira si tiene!
- Oh, dios mío – murmuró Saki antes de echarse a reír descontroladamente-. ¡Pero Chinami! ¿Cómo…?
- ¡Y pensar que Chinami se dedica al sector de la moda…! – exclamó Maasa, cayendo sobre sus rodillas y cogiéndose el estómago.
- Realmente no me lo esperaba de ti – rió Saki mientras cogía a Maasa de la mano para ayudarla a levantarse.
- Ya, vale, sí, muy bien, pero aquí no hay ningún gato, asunto cerrado – dijo Chinami, encaminándose a la cocina.
- ¡Espera, Chinami! – exclamó Saki-. Ahí, en tu cajón, hay una especie de bulto negro.
- Sí, es cierto – dijo Maasa, secándose una lágrima que se le había caído al reír.
- Me estáis tomando el pelo ¿verdad? – dijo Chinami, entrando de nuevo en su habitación y volviendo la vista a su cajón-. Oh, dios, ya veo que no.
- ¿Es eso el gato del que hablabas? – preguntó Saki.
- Sí, creo que es eso – contestó Maasa.
- Pues alguna tendrá que acercarse ¿no? – propuso Chinami.
- ¡Que lo haga Maasa, que es la que sacó el tema del gato! – exclamó Saki, empujando con suavidad a Maasa hacia el cajón.
- De acuerdo, de acuerdo, lo haré yo – dijo Maasa, abriendo más el cajón y tocando el bulto negro-. Oh, por kami-sama, está respirando.
- ¡Sácalo de mi cajón! – exclamó Chinami, subiéndose a la cama y tapándose los oídos.
- ¿Desde hace cuando no usas ese cajón? – preguntó Saki.
- Es el cajón de mi ropa interior secreta; la ropa interior de verdad está en el otro cajón.
- Vale, chicas, voy a sacarlo – dijo Maasa, mientras metía sus manos en el cajón-. Oh, dios, pesa mucho – comentó, sacando al animal del cajón-. Esto no puede ser un gato.
- Maa… creo que no es un gato… - murmuró Saki.
- Ah ¿no? Entonces ¿qué es? – preguntó Chinami. Maasa lo sacó completamente del cajón y seguidamente lo soltó.
- ¡MAPACHE! – gritó Maasa, y salió corriendo de la habitación mientras gritaba. Las otras dos, al ver al animal, la imitaron. Chinami cerró la puerta detrás de ella y las tres se encaminaron hacia la salida.
- Hey, ¿qué paso? – preguntó Momoko, que tenía la cara manchada de tomate. Las otras tres, incapaces de responderle, se llevaron las manos a la cabeza y salieron corriendo del apartamento mientras gritaban-. Lo que yo decía, se está volviendo en un nuevo saludo. Aunque el mío me gusta más.

La puerta del baño se abrió, dejando paso a una muy deprimida Yurina Kumai, que, secándose las últimas lágrimas, se sentó frente a Momoko.
- Hey, Kumai-chan ¿cómo te va?
- Odio mi vida – dijo Yurina.
- Entiendo. Yo estoy muy bien, gracias – dijo, y continuó devorando sus spaghettis.
- Nunca encontraré a la mujer de mi vida… - lloriqueó Yurina, llevándose las manos a la frente.
- Sí, y Saki nunca aprenderá a hacer los spaguettis como a mí me gustan, pero no me quejo – dijo Momoko, encogiéndose de hombros.
- ¡Momoko! ¿Quieres volver de Mundo Momoko de una vez? ¿No ves que estoy triste? ¡Me gustaría que alguien me hiciera caso por una vez! – exclamó Yurina.
- Vale, vale, soy todo oídos. Vamos, quéjate todo lo que quieras – dijo Momoko, dejando el plato a un lado.
- No, Momo, las cosas no funcionan así – dijo Yurina, cruzándose de brazos.
- Vamos a ver, Yurina… estás deprimida porque una chica, que seguramente no merece la pena, te ha dejado porque ser tú misma, y en lugar de enfadarte por haberte enamorado de una chica tan idiota, te culpas a ti misma de que te haya dejado – resumió Momoko.
- Sí…
- Vale, entonces las cosas están claras: eres idiota. Fin de la discusión – dicho esto, Momoko puso la fuente spaguettis frente a ella y siguió comiendo-. ¡Dios, adoro los spaguettis!

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- Tomaré un café con leche, Eri – dijo Risako, mientras se ponía al lado de la barra.
- ¿Risako? – preguntó alguien, situándose justo al lado de ella.
- ¡Aika! – exclamó Risako al verla-. ¡Cuánto me alegro de… que sigas viva! Ja, ja, ja.
- Supongo que eso significa que ya sabes que corté con Yurina – dijo Aika.
- Pues sí, algo ha comentado al respecto, sí – dijo Risako nerviosamente.
- ¿Te ocurre algo? Te noto un tanto… tensa – comentó Aika.
- ¿A mí? No, nada ¿por qué me iba a pasar algo? – preguntó Risako.
- No lo sé, tal vez no quieras que… Yurina me vea contigo – susurró, acercándose peligrosamente a los labios de Risako.
- Estás muy cerca, muy pero que muy cerca ¿lo sabes? – dijo ella, tratando de alejarse, pero Aika la agarró por la cintura.
- Tú siempre me has gustado, Risako, salir con Yurina sólo fue una excusa para acercarme a ti – susurró.
- Y eso es muy bonito, sí, me alegro por ti, pero… - Risako se detuvo. De reojo, pudo ver a sus amigas sentadas en el rincón de siempre, observando cada acción que hacía. La mirada de decepción de Yurina era bastante notable-. ¿Quieres decir que sólo has utilizado a Yurina?
- Exactamente; veo que entiendes por dónde van las cosas – murmuró mientras alzaba sus cejas y mordía su labio.
- Sí, veo por dónde van, pero ¿sabes? Creo que tú no eres mi tipo – dijo Risako, ofreciéndole una amplia sonrisa.
- Pero ¿por qué? ¿Tú me has visto bien? – preguntó indignada, mientras se alejaba unos centímetros de ella.
- Sí, y ahora que te veo de cerca, lo veo todo claro… Lo siento, pero yo no podría salir con alguien ¡que tiene cara de perro! – exclamó, haciendo que toda la cafetería se volviera a mirarlas. Ai, la jefa del establecimiento, lanzó una carcajada ante el comentario. Aprovechando el momento de debilidad de Aika, apartó sus brazos de su cintura y le dedicó una sonrisa-. Lo siento, yo soy así de superficial, y me encanta serlo – volvió la vista a Miyabi y le dedicó un guiño-. Nos vemos, Mitsui.

Dicho esto, se dirigió a la mesa donde estaban sus amigas con una amplia sonrisa, y se sentó al lado de Yurina.
- Retiro lo dicho acerca de la superficialidad, Risako; hay veces que es necesaria – rió Miyabi.
- Así aprenderás a no intentar cambiar a Risako Sugaya.
- Gracias, Rii-chan – dijo Yurina, abrazando a su amiga.
- No hay de qué – dijo, satisfecha por lo que acababa de hacer-. ¿Y Momoko?
- Debe estar a punto de llegar… pero ahí llega Chisato – sonrió Maasa, señalando la puerta de la entrada, por la cual ahora mismo entraba la susodicha.
- ¿Chisato? ¿Qué hace ella aquí? – preguntó Risako.
- Hemos elaborado un plan para que Chisato pueda estar en una misma habitación con Momoko sin salir corriendo – contestó Saki.
- ¿Pero vosotras no teníais que encargaros del mapache que tenéis en casa? – preguntó Yurina.
- Ya, pero como no se nos ocurría nada para echar a esa maldito bichejo, empezamos a pensar cómo ayudar a Momo – explicó Chinami.
- Bueno, ¿qué tenéis pensado hacer al respecto? – preguntó Miyabi.
- Ahora mismo lo veréis, porque allí llega Momoko – dijo Saki mientras le hacía una seña a la dueña del local.
- ¡MOMOCHI DESU~! – exclamó, nada más entrar en el establecimiento, cerrando la puerta detrás de ella. Al verla, Chisato se puso a chillar y corrió hacia la puerta. Maimi se abalanzó hacia la puerta y se colocó frente ella, evitando que Chisato huyera. Sorprendida, se encaminó al baño, pero esa puerta también estaba cubierta por una empleada del Tomo-da-chi.
- Déjalo, Chisato, no va a servir de nada – dijo Maasa, levantándose de su asiento, al igual que Chinami y Saki.
- ¡¿Por qué me hacéis esto?! – gritó Chisato.
- Tranquilízate ¿vale? No montes un escándalo – dijo Ai mientras le llevaba el café a Risako-. Aquí tienes. Invita la casa.
- Gracias, Takahashi-san – sonrió Risako.
- Por favor, llámame Ai-chan – dijo Ai, guiñándole un ojo. Dicho esto, volvió a encargarse de la barra.
- Mira, Chisato, vas a enfrentarte a tus problemas cara a cara, quieras o no, así que no hagas esto más complicado – aconsejó Saki mientras ponía su mano en el hombro de Chisato.
- De acuerdo… - murmuró mientras se quitaba la chaqueta-. Takahashi-san, ponme un café con leche. Muy grande. Esto va a ir para largo.

Dicho esto, temblorosa, se sentó en una mesa cercana a la entrada, que todavía Maimi estaba vigilando, e hizo un gesto a Momoko para que tomara asiento frente a ella. Ésta, un tanto dubitativa y sorprendida por los anteriores acontecimientos, accedió.

Y pasaron hablando el resto de la tarde.

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- ¡Vale, está decidido! – exclamó Maasa-. ¡Vamos a hacer salir a ese maldito mapache!
- ¡De acuerdo! – dijeron Miyabi y Chinami al mismo tiempo.
- ¡Sé que lo conseguiremos! ¡Podemos hacerlo! – exclamó Maasa mientras se aproximaba a la puerta de la habitación de Chinami-. A la de una, a la de dos y… ¡vamos!
- ¡KYAAAAAAAH! – gritaron las tres a la vez mientras entraban al cuarto de Chinami.
Mientras éstas luchaban por capturar al mapache, el resto hablaba tranquilamente en la cocina.
- Y dinos ¿qué paso con Chisato? – preguntó Saki mientras comía una de las galletas que Yurina había preparado para Risako.
- Pues me dijo que huía de mí de esa forma porque había tenido un sueño rarísimo en el que yo aparecía y la asesinaba de una forma brutal – explicó ella inocentemente-. A mí me gustaba más pensar que era su nueva forma de saludar.
- ¡¡EL MAPACHE SE ESTÁ COMIENDO LA ROPA INTERIOR!! – gritó Chinami desde la habitación. Las cuatro del salón se rieron.
- Una pregunta tonta ¿qué hace un mapache en mitad de Tokyo? – preguntó Yurina.
- Seguro que algún extranjero la trajo como una mascota y la dejó olvidada – contestó Risako, cogiendo una de las galletas-. Occidentales y sus mascotas.
- Bueno, Japón es el país con el índice de mascotas raras más alta del mundo – dijo Momoko alzando sus cejas.
- ¿Y eso quien lo dice? – preguntó Saki, un tanto extrañada por lo que Momoko acababa de decir.
- ¡Lo dicen las galletas de Kumai-chan! – exclamó Momoko, abalanzándose sobre las galletas para coger unas cuantas. Las otras tres rieron.
- Hey, se supone que son para mí ¿recuerdas? – dijo Risako.
- Yo no sé nada en cuanto a nada – rió Momoko mientras se metía unas cuantas galletas en la boca.
- ¡¡OH, DIOS, ME HA MORDIDO!! – gritó Miyabi.
- Espero que no haya sido en su larga barbilla – comentó Risako.
- ¡¡ME HA MORDIDO LA BARBILLA!! – chilló Miyabi. Las cuatro chicas se echaron a reír.
- ¿Sabes, Kumai-chan? Encontré esto buscando entre mis cosas – dijo Saki, entregándole una foto.
- ¡Oh! Es del día en el que nos conocimos – dijo Yurina.
- ¡Déjame ver! – dijo Risako, quitándole el papel de las manos-. Wow, Saki, ya por aquel entonces eras muy pequeña y ya por aquel entonces tú eras enorme.
- Es cierto – rió Saki-. Yo estaba cuidando de mi primo pequeño, y a éste se le quedó enganchado el globo en el árbol, y yo no podía alcanzarlo. Entonces ¿quién apareció? Kumai-chan y su alta estatura.
- Vaya, es una historia muy… rara, pero supongo que bonita también – dijo Momoko.
- Yurina, si alguna vez vuelves a pensar que eres demasiado alta y te odias a ti misma por ello, quiero que sepas que a mucha gente le gustaría tener tu estatura – sonrió Saki-, y que estando a tu lado, me siento segura.
- Awww, esto es tan lindo – dijo Momoko-. ¡Hay que tomar una foto de este momento!
- Sí, la verdad es que han sido unas palabras muy emotivas y…
- No, ¡me refiero a eso! – exclamó Momoko señalando la puerta del dormitorio de Chinami, por la cual salían Maasa, Chinami y Miyabi con una enorme caja entre manos.
- ¡La hemos capturado! – exclamó Chinami.
- Ha sido duro, pero ha valido la pena – sonrió Maasa.
- ¿Qué vais a hacer con ella, chicas? – preguntó Yurina.
- Seguramente la llevemos al refugio de animales que está cerca del templo – dijo Miyabi-. Ugh, como me duele la barbilla al hablar…
- Ven aquí, barbilla larga, deja que te limpie la herida – dijo Risako mientras cogía el botiquín del armario de la cocina.
- ¡Mi barbilla no es tan larga! – exclamó Miyabi-. ¿Qué manía le tienes a mi barbilla?
- Espera ¿habéis dicho refugio de animales? – preguntó Momoko.
- Sí ¿por qué? – preguntó Maasa.
- … ¿No podría quedármelo? – propuso Momoko.
- ¿¡Qué!? – preguntaron todas (menos Momoko, obvio) al mismo tiempo.
- Sé que es una mascota muy agresiva pero… yo tengo un apartamento para mí sola, muchas cosas por escribir para la editorial y… compañía no me vendría mal. Y, tengo que admitir que no me hace ninguna gracia la idea de mandar a nuestro mapache a un cruel refugio de animales – dijo Momoko.
- De acuerdo; toda tuya – dijo Chinami, dejando la caja sobre la mesa-. Te recomiendo meterla en una jaula. Consulta en Internet qué es lo que come, aparte de ropa interior de conejitos.
- ¡Genial! – exclamó Momoko, y se lanzó a los brazos de Chinami, quien se extrañó un poco pero luego correspondió.
- Al fin y al cabo, los japoneses somos los que tenemos el índice más alto de tener mascotas raras – dijo Saki. Risako, Yurina y Momoko se echaron a reír y el resto las miró como si fueran bichos raros.
- ¿Cómo lo vas a llamar? – preguntó Miyabi, mientras Risako le limpiaba la herida de la barbilla.
- La llamaré… ¡Buono-man! – exclamó Momoko. En esta ocasión, todas rieron ante la idea.
- Vale… esto ha sido raro – dijo Risako, mientras guiñaba un ojo.
- Hey ¿por qué has guiñado un ojo? – preguntó Momoko, frunciendo el ceño.
- Una, dos… - empezó Risako-. ¡Ahora!
Dicho esto, todas menos Momoko se echaron las manos a la cabeza y echaron a correr en dirección a la salida mientras gritaban.
- ¡Vamos! No tiene gracia. ¡Mi saludo es mejor! MOMOCHI DESUUUU~! – exclamó Momoko, riéndose mientras seguía a sus amigas.

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5 AÑOS DESPUÉS…

Las chicas estaban en la cafetería de siempre, tomando un café mientras charlaban. Una chica que nunca habían visto anteriormente se acercó a Maimi, y, poniendo sus manos en sus mejillas y apretándolas, dijo:
- SAYASHI RIHO DESU~! – exclamó.
- MAIMI-CHAN DESU~! – saludó Maimi, imitando lo que acababa de hacer su compañera-. ¿Qué vas a tomar?
- ¡¿Ha-ha-ha-habéis visto eso?! ¡Es mi saludo! ¡Lo inventé yo! ¿Os acordáis? Ne, ne ¿os acordáis? – preguntó Momoko.
- ¿Saludo? ¿Qué has tomado, Momoko ? – preguntó Saki, mirando hacia otro lado.
- ¿Quién se iba a imaginar que un saludo tan estúpido se iba a poner de moda? – se preguntó Chinami, frunciendo el ceño.
- Raro… - murmuró Risako.